Barreras Subjetivas, por Guillermo Guillemi

Sabe mucho sobre barreras el artista argentino afincado en Zaragoza Guillermo Daniel Moriconi Guillemi, afectado desde niño por una paraplejia que no le ha impedido llevar una vida intensamente viajera y una carrera expositiva brillante por Argentina, Estados Unidos de América y España. Es muy impresionante su instalación multimedia del Espacio Tránsito, a base de pinturas combinadas con imágenes escaneadas y programas de tratamiento de imágenes transferidas a impresión digital. Con estos medios ha evocado un bloque de viviendas, en cuyos muros hay tres pantallas de plasma que simulan ventanales donde nos da a ver escenas de interiores domésticos, me lo he encontrado tan alto y serio en su silla de ruedas, que me han venido a la mente escenas protagonizadas por James Stewart en la película “La ventana indiscreta” dirigida por Alfred Hitchcock. Otra pantalla proyecta a la izquieda un rostro parlante sobre un maniquí incrustado en una escalera, como en muchos montajes del videoartista Tony Oursler, pero que aquí imagino que tendrá un significado muy distinto, alusivo quizá a la incomunicación de los individuos en el siglo XXI, más acostumbrados a hablarnos a través de una web cam que cara a cara: por lo visto es un alter ego del propio artista, que ha escrito el monólogo de este "personaje atrapado" en la escalera, cuyas reflexiones en voz alta suscribe el propio Guillemi, cuando reconoce que su principal barrera no es la escalera, sino su incapacidad de comunicar sus sentimientos más profundos.  Por último, en la pared lateral nos presenta la imagen de un mulato desnudo que pega sus manos, su cara y sus genitales contra un cristal, otra barrera física y metafórica. En el folleto explicativo que ha editado el Centro de Historia, un texto de Joan Lluis Montané, de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, interpreta este montaje en clave surrealista y un tanto existencialista. Yo más bien percibo una enérgica llamada a nuestra conciencia social; aunque es posible que mi percepción esté “contaminada” por la visita a la impresionante exposición Zaragoza Rebelde, de la que tendremos que tratar en el siguiente número de esta revista, pues aún ha de inaugurarse su otra sede, en el Cuarto Espacio. En todo caso, es una feliz coincidencia que este excelente montaje de Guillemi, que se nos presenta nada más terminar las actividades dedicadas a Buenos Aires dentro del ciclo “Zaragoza Latina”, haya coincidido con una gran exposición sobre el activismo social en nuestra ciudad. A ella llegó en 1994 este inquieto artista para montar una exposición individual en la Galería Fondo de Arte Contemporáneo (ya desaparecida) y aquí se quedó, formando parte de nuestro paisanaje. Enhorabuena, ilustre conciudadano: ojalá vayas encontrando entre nosotros menos barreras arquitectónicas ni subjetivas.