Nada en la Historia es casual. A finales de los años setenta del pasado siglo XX, el tímido despertar de la democracia en España, permitió una necesidad de incorporación a Europa que despertaba entusiasmos y admiraciones. Fechas históricas en las que se vivieron episodios de la transformación social estético-cultural del momento. Zaragoza, como la mayoría de las ciudades de nuestro país, asistía a un auténtico despertar cultural. El franquismo agonizaba y, en la incertidumbre, afloraban los mejores sueños y la imperiosa necesidad de convertir la cultura en una plataforma de lanzamiento y de conquista de la libertad. La vertiente pictórica aragonesa, desconocida o marginada en un horizonte en que la crítica estaba pendiente sobre todo de lo que ocurría en Barcelona- donde reinaba el grupo Dau al Set-o en Madrid- donde El Paso atraía toda la atención-. Sin embargo, los nuevos aires políticos- sociales, culturales- que germinaban en Europa, provocaron la aparición de grupos importantes que abrieron camino. Desde Pórtico, quizás el colectivo artístico más importante, formado en esta ciudad, y que ha entrado con letras de oro en la historia del arte. Formado por inicialmente por nueve artistas y reducido posteriormente a tres: Santiago Lagunas, Fermín Aguayo y Eloy Laguardia. Pasando por la Escuela de Zaragoza –Ricardo Santamaría, Juan José Vera, Daniel Sahún, Julia Dorado y Hanton González-.Muchos fueron los grupos que abundaron en los años 70 en nuestra ciudad. Entre ellos el Azuda 40 de vida breve, apenas tres años, entre 1972 y 1975, formado inicialmente por los artistas: José Ignacio Baqué, Natalio Bayo, José Luis Cano, Pascual Blanco, Vicente Dolader, Antonio Fortún, Pedro Giralt y José Luis Lasala, siendo reducido en octubre de 1975 a cuatro miembros: Natalio Bayo, Pascual Blanco, Antonio Fortún y José Luis Lasala. Este grupo generó ilusiones, dio que hablar y fue reseñado por todos los medios aragoneses y algunos nacionales, la clave fue por un lado reforzar e impulsar el arte aragonés, hacia dentro y hacia fuera, también fueron partícipes de un intento de “forzar” un vínculo entre sus operaciones estéticas y la ciudadanía, asegurando la proximidad entre la pintura y otras manifestaciones artísticas. No en vano en Zaragoza, y con ella todo Aragón, renacía la conciencia aragonesista, asomaban los partidos políticos y los sindicatos de clase, sonaba la canción protesta, convivían viejas reivindicaciones históricas con nuevos e insospechados retos sociales, coincidiendo todo ello con el nacimiento de Andalán, cuyo primer número se publicó en septiembre del 72, y la presentación pública de Azuda 40 en diciembre del mismo año, no solo era una apuesta informativa y política, sino cultural. Y su presencia se notó en las artes plásticas, en el cine y en la literatura. Cómo hemos afirmado al principio, nada es casual en la Historia.
35 años después, el Vicerrectorado de Cultura y Proyecto Social de la Universidad de Zaragoza, organiza la presente muestra monográfica en las salas Goya y Saura del edificio Paraninfo, dedicada al grupo plástico Azuda 40, comisariada por la investigadora Lola Durán. Siempre se ha dicho que Azuda 40 fue un empeño y un sueño de Federico Torralba Soriano. En la contraportada de uno de los catálogos que se editaron, afirmaba el historiador del arte: “un denominador común: juventud y las búsquedas habituales en el arte actual. Que su ruta-quizá no cómoda-sea fructífera como ya es prometedora”. La primera exposición como Azuda40 tuvo lugar en la Lonja, en abril de 1973, exposición pletórica, de gran impacto y de felicidad, téngase en cuenta que por aquel entonces este espacio expositivo era considerado como la Catedral del Arte reservada hasta entonces a los grande creadores, al tiempo que a los acontecimientos de la sociedad como elecciones de reinas de las fiestas o bailes de debutantes. La exposición estuvo formada por 77 obras, algunas de ellas presentes en la actual exposición del Paraninfo (Cuando la noche es un viejo armario de recuerdos, de José Luis Lasala, Ángel exterminador de Natalio Bayo y Gran Colgajo de José Luis Cano). Con ocasión de la VI Bienal de Zaragoza, en 1974 llegó un antiguo anhelo expresado por Torralba y Azpeitia de creación de algún trabajo en común, el espectacular cuadro Desde la Torre Nueva, que puede verse en la presente exposición, fue la única obra pintada conjuntamente por todos los miembros del grupo y representa este espíritu colectivo en que cada componente tenía su propia voz. El sistema de trabajo fue curioso, pues dividieron la tela en ocho cuadrantes y los artistas pintaron de forma independiente en eso espacios, sin bocetos previos. Una tarde, se reúnen todos para ver el cuadro terminado y en ese momento, como quien no quiere la cosa, dan los últimos toques y hacen las intervenciones mínimas que realzan la pintura. Esta unión, nada común, de un grupo artístico de estética afín, tiene sin embargo fecha de caducidad. En octubre de 1974 Azuda40 volvió a exponer, con solo cuatro integrantes, lo hizo en la Diputación Provincial. La crítica se hace eco de la exposición lamentado la merma del grupo, para Azpeitia “ya que este pierde significación desde el punto de vista generacional”, al tiempo que destaca “que la calidad artística se mantiene”. Según la opinión del desaparecido Aransay “el colectivo simplemente ha regresado a su origen, considerando a Baqué Cano y Giralt como incorporaciones fugaces”. Azuda40 realiza finalmente una gran exposición en la Lonja, a modo de despedida que dejó un mal sabor y el aroma a decepción. La actual muestra completa el discurso expositivo con carteles, documentos, y un ejemplar de la carpeta editada con motivo de la primera exposición de Azuda 40 en la Galería Atenas en 1972, formada por dibujos y poemas.
Azuda 40 es un reconocimiento a aquella unión integrada por artistas que se aventuraron en un tiempo concreto a la innovación artística, a la osadía cultural, y a la creación personal y colectiva.


