En diversas ocasiones, y lo volveremos a repetir, hemos comentado las muy buenas exposiciones que se inauguran en bares y alguna tienda, sin olvidar el espacio K-Pintas, tan diferente a la norma, de modo que resulta imprescindible mostrar el natural seguimiento de estas actividades artísticas en Zaragoza cara el futuro, siempre pensando en hipotéticos trabajos de los historiadores sobre un artista específico o sobre los propios bares. Lo dicho es, sin más, básico. Las exposiciones nunca son solo impecables galerías de arte y espacios oficiales.
La propietaria del poco conocido bar Pequeña Europa, calle Herorismo, 37, es la fotógrafa Ginevra Godin. El 24 de mayo, hasta el 28 de junio, se inauguró la exposición del pintor Alfonso Val, basada en paisajes de pequeño formato que pinta con minuciosidad para mostrar un ángulo real con exquisito tono poético, como norma empujado, multiplicado, a través de un hermoso y cambiante sentido del color.
La sorpresa saltó en el Bar Bonanza, con el soñador realista Manuel García Maya al frente, ante la exposición de la grabadora Cristina Peñarrubia Lozano inaugurada el cinco de junio, sobre la que desconocíamos todo. Lógico. Estamos ante una excepcional artista nacida en Zaragoza el año 1989, con Grado Superior de Grabado en la Escuela de Arte de Zaragoza. Pero antes del comentario sobre su obra conviene transcribir, en este caso, qué es Peñarrubia Lozano a través de su tarjeta, pues se evidencia la variedad de recursos artísticos partiendo de su profesión. Pone: "Grabado calcográfico, xilografía, litografía, fotografía analógica y digital, cartelería, papel artesanal con fibras naturales, albums y cuadernos artesanales, diseño y realización de folletos, tarjetas, carteles… e ilustración de libros y cuentos".
La grabadora dejó a García Maya un cuaderno memoria como proyecto, sin duda de imprescindible consulta para captar la minuciosa complejidad hasta llegar a la obra definitiva, ese proceso mediante bocetos sobre dispares temas con fotografías y dibujos, lo cual evidencia que parte sobre ideas concretas desarrolladas hasta su acabado final. Siempre llevado a la plancha de aluminio, la piedra litográfica y el grabado calcográfico. Memoria proyecto que titula <<Sensaciones mundanas>>.
La exposición se titula <<Sensaciones y representaciones>>, mientras que de <<Sensaciones mundanas>> exhibe dos obras en blanco y negro, una basada en la típica y solitaria locomotora añeja con un plano nuboso en la zona superior en pleno paisaje, mezcla de pasado y presente, y otra el sugerente esqueleto de un coche como protagonista. Ambas obras muy sueltas e imaginativas, con indiscutible toque artístico. De los siete restantes grabados uno es en color y los demás en blanco y negro, por supuesto dentro del citado título "Sensaciones y representaciones". Protagonismo de los negros dominantes sobre fondos blancos para crear eficaces y sugestivos espacios, como norma al servicio de algún duro paisaje con impactante soledad. A destacar que la única obra en color, con negros en la base, grises y azulados, es una abstracción por la supresión de elementos formales, áreas luminosas y espacios intrigantes, quizá como nueva línea artística mediante dispares planos informales que inundan el espacio con matices medio violentos. Lo que también vemos indiscutible es su capacidad de síntesis temática, en ocasiones vía sugerencia, para que todo adquiera máxima intensidad. También tiene dos obras con un reloj cada uno como sugerencia del tiempo y otra con un sugerente solitario árbol sin hojas recortándose sobre un cielo con nubes. Sin olvidar el grabado con las traviesas del ferrocarril hacia destinos sin final, también destacamos la obra con un insondable rostro de mirada fija y penetrante, zona superior lado derecho, envuelta en hermosos fondos abstractos de planos informales que sugieren cierta alusión a un ámbito irracional.
Estamos ante una joven artista con personalidad muy definida que siempre mantendrá, lo cual es palpable por madurez ante la sincera entrega partiendo de una exposición más que meditada sin pérdida de espontaneidad en el dilatado proceso creativo. Grabadora que conviene seguir.
El caso de Antonio Chipriana es muy diferente a la joven grabadora Cristina Peñarrubia Lozano. Chipriana es muy conocido como pintor, con excepcionales dibujos, y como especialista en gloriosas acciones por muy diversos lugares de Zaragoza, capaz de sintetizar una idea con cuatro gestos y un disfraz según el tema mostrado. Acciones que tienen su público con absoluto interés.
Su exposición de pintura, 17 de mayo al 17 de junio, se inauguró en el bar La Otra en pleno barrio de la Magdalena, que según nuestro criterio tiene la máxima personalidad de Zaragoza, sin olvidar el de San Pablo que comienza a despertar.
En el esclarecedor texto del ceramista Miguel Ángel Gil se indica que Chipriana es considerado actualmente el máximo representante en nuestro país del Postsurrealismo empírico, corriente que nace a finales de los años noventa en Varna (Bulgaria), con la llamada “Instrucción Búlgara”…Chipriana obtiene sus imágenes de la experiencia performática, núcleo indisoluble de sus pinturas y dibujos.
Exposición con once muy buenos cuadros, siempre pintura acrílica y esmalte sintético sobre papel de serigrafía, salvo la obra El vómito cmediante resina de poliester y velo de fibra de vidrio, pero siempre con cambiantes y poderosas texturas como clave para el resultado final. Sus títulos orientan, hasta cierto nivel, la temática. Son: Acantilado, título de la exposición, El vómito, Onírico, Premonición, Paternidad, Deseo, Diablo en la playa, Dominación, Vorágine, The Door (La puerta) y Emocional. Al margen de tres cuadros con rojizos más o menos dominantes, caso de El vómito, suele existir, en general, un predominio de azulados y negros.
El vómito es un poderoso cuadro basado en el típico rostro con dilatados ojos y la boca más que abierta para vomitar de manera incesante lo que sea. De impacto. En el conjunto de las restantes obras, a destacar los perfiles de enigmáticos rostros, las figuras flotantes, los paisajes inventados, las arquitecturas abstractas, como indica Miguel Ángel Gil, o algún amenazante ojo “diablesco” capaz de perturbar el espacio circundante. Todo en el ámbito de una dominadora y difusa atmósfera conectada a través de planos, con el aliciente de esa impresión intrigante que perfora cada espacio pintado y se lanza sobre cualquier inocente mirada.
Exposición rotunda que mantiene el nivel constante de un Chipriana auténtico como pocos artistas en Zaragoza.