Arte y Espiritualidad. Imaginar lo extraordinario

Algunas de las grandes entidades financieras de nuestro país atesoran importantes colecciones de arte a las que pocas veces tiene acceso el público, más allá de las piezas ubicadas en algunas de sus oficinas. Con la generalización de la banca on-line, la reducción progresiva de la atención presencial y el continuo cierre de sucursales, estas obras han ido desfilando hacia los almacenes, constituyendo lo que podríamos llamar el patrimonio artístico oculto de la banca. Un importante legado que ha quedado reducido a un activo financiero más, una vez que ha perdido el componente público de su exhibición y su dimensión social mediante la cual los bancos compartían con la sociedad una parte de sus cuantiosos beneficios.

Por eso hay que felicitar a los responsables de la Colección BBVA por esta iniciativa mediante la cual hemos podido disfrutar, gratuita y presencialmente, de una cuidada selección de sus obras en el Palacio de San Nicolás de Bilbao.

Felicitación que hay que trasladar al comisario de la muestra, Alfonso de la Torre, por el exquisito trabajo de selección, investigación y diseño de la exposición bajo el título Arte y espiritualidad. Imaginar lo extraordinario.

Un ambicioso proyecto expositivo con el hilo conductor de la espiritualidad, que trasciende lo meramente religioso, De la Torre indaga en la mirada interior de los artistas sobre el arte y la vida. Una mirada íntima y sensible que reflexiona sobre el origen y el sentido del arte, de la vida y de la muerte. Un intenso recorrido por una selección de 38 obras pertenecientes a 36 artistas que abarca una generosa horquilla temporal que va desde el cuadro de Jan Van Scorel La Virgen con el Niño y Santa Ana, de la primera mitad del siglo XVI, hasta la escultura Horizonte de la Luz de Mar Solís, firmada este mismo año 2022.

La muestra se divide en cuatro bloques, en cada uno de los cuales conviven épocas, géneros y disciplinas distintas: pintura, dibujo, escultura, fotografía, video e instalaciones, atendiendo exclusivamente a la unidad simbólica que el comisario establece entre las obras seleccionadas.

En el primer bloque, “El origen – El centro”, se encuadran las obras de Alfonso Albacete, Pablo Palazuelo, Teresa Salcedo, Hugo Fontela, Adolf Schlosser, Pablo Armesto, Jorge Oteiza, Salvador Victoria y Jan Van Scorel.

En el segundo bloque, “Jardines y desiertos. El jardín de las delicias versus el desierto y los espacios”, se integran las obras de David Teniers II, Ouka Lele, Carmen Laffón, Esteban Vicente, Fernando Zóbel, Yves Tanguy, Gerardo Rueda, Antoni Tàpies, Lucio Muñoz, Nacho Criado, Joan Ponç y César Manrique.

En el tercero, “Entre el dolor y el éxtasis. Milagro y sanación”, parte de una obra anónima del s. XVIII, junto a otras de Antonio López, Juan de Soreda, Luis Vélez, Bill Viola y Mar Solís.

Por último, el cuarto bloque cierra la exposición bajo el epígrafe de “Vanitas”, en el que encontramos las obras de Juan Carlos Savater, Ernst Karl Eugen Körner, un anónimo español del s. XVII, Joaquín Sorolla, Miquel Barceló, Martín Chirino, Marina Abramovic, Manuel Franquelo y Alexandra Ranner.

Un eclecticismo que, no obstante, transmite una vinculación entre obras atendiendo más a aquello que late en su interior que a lo que percibimos superficialmente en cada una de ellas. Tal como el comisario indica en el catálogo: “Al cabo, somos exilados perpetuos, entre el país de los visible y lo secreto (un milagro, decía Borges era el arte)”.

La naturaleza difusa del concepto de espiritualidad y su carácter polisémico da pie a una inagotable interpretación de su relación con el arte de la que esta exposición es un excelente ejemplo.

Créditos de la imagen:

MAR SOLÍS
Horizonte de la luz (2022)
Madera de caoba