Entre los actos oficiales que arroparon la recuperación y apertura al público del Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña, el día 8 de Octubre del 2007 se inauguró una magna exposición de arte contemporáneo aragonés en un marco solemne: la galería de arte que a la par se inauguraba en el claustro de dicho monasterio.
Comisariada por Angel Azpeitia, coordinador del texto-catálogo, cuenta con apartados catalográficos a cargo de Manuel Sanchez (aspectos teóricos), Fernando Alvira ( la pintura figurativa), Carmen Rábanos ( la abstracción pictórica), Jesús Pedro Lorente (escultura) y Pedro Pablo Azpeitia (fotografía).
Entre el amplio espectro de obras expuestas yo destacaría algunas por su relevancia, envergadura y o calidad plástica, así, entre la pintura figurativa, una característica obra de Pascual Blanco, de esos años, “Subjetividad de enredo”, 1975, en el que la figura se alía con la masa vegetal enmarañada, pura mezcla de humanismo y ecología.
Los paisajes arquitectónicos de Virgilio Albiac ( “Paisaje aragonés”, 1982) y José Baqué Ximénez (“Pueblo”, 1976), nos remiten a un paisajismo español de posguerra bien aprehendido por estos maestros aragoneses, en el caso de Baqué bien arropado por un cromatismo fauvista muy impactante.
Fermín Aguayo, miembro muy activo del “Grupo Pórtico”, parte muy a menudo de una figuración que abstractiza magistralmente y en fechas muy tempranas, como en “Semana Santa” ( 1952). Completamente abstracto y muy temprana, (1949) es la obra de Santiago Lagunas “Formas aguzadas”, poblada de signos masónicos como los que utilizara Kandinsky y con ese característico “efecto vidriera” que parece reiterarse en ese “Sin título” (1991) de Juan José Vera, sabiamente compuesto.
Una de las crucifixiones de Saura, su “Crucifixión X” (1960) de su potente Neoexpresionismo abstracto, en el que se desenvuelve muy bien José Manuel Broto en la época representada en “Subida a la montaña” (1984). Abstracto geométrico se nos presenta Enrique Larroy, con su “Rojo polar”, del 2003, en la línea de lo mejor del Construtivismo ruso de un Malévich con su “suprematismo” cromático.
Entre abstracto y conceptual se muestra Paco Simón en su “Entre la piel y la distancia”, 1999, cuadro de gran sutileza cromática y acertadas entonaciones y contrastes.
Magnífico es el ejemplar “Composición abstracta” (1970) de Manuel Viola, con sutiles veladuras y un claroscurismo matizado de color, cuadro muy bien elegido.
En escultura, menos aludida, destacaría la “Espiral” de Santiago Gimeno, en la línea de las reiteradas por el canario Martin Chirino, pero con una relectura más minimal.
Por último, disfruto con las fotografías arquitectónicas de Mario de Aguavives, bien representado por “Otra ciudad” (2003), con sus paramentos murales manipulados para proporcionarles infinita continuidad y volúmenes kantianos. También con las de temática feminista de Carmen Molinero, como ésta del 2003, que puede servir de reflexión final, porque es cierto que…"Si pasas tanto tiempo entre los objetos acabas convirtiéndote en uno de ellos”…


