Arredondo y Galdós, dos exponentes del realismo en arte y literatura, con muchas cosas en común

A la manera de Plutarco, Fermín Ezpeleta nos presenta en paralelo las vidas de Benito Pérez Galdós y Ricardo Arredondo Calmache, dos figuras unidas por lazos de amistad, pero también por muchos rasgos comunes, entre los que interesa aquí destacar su compromiso patriótico regeneracionista o su empedernida soltería; aunque Galdós llevó una vida amorosa muy activa sin que nadie se escandalizase, mientras que el tímido Arredondo tuvo al parecer una amante que fue motivo de pudibundo reconcomio. No les voy a contar más al respecto, para no hacer spoiler, pues este asunto es el nudo argumental más sorprendente del libro, cuyo punto culminante es precisamente la revelación de que la novela Tristana está inspirada en el triángulo amoroso que protagonizó el bonachón “pintor de Toledo”. Así se le conoce con toda justicia al artista aragonés, pues en esa ciudad vivió desde los doce años y a ella dedicó lo mejor de su vida: no solo como paisajista, autor de excelentes cuadros naturalistas –abundantemente reproducidos en este libro– dedicados a los pintorescos entornos naturales y el encanto histórico de su casco urbano, sino también como defensor de su patrimonio, al punto de que restauró con sus propias manos algún monumento que amenazaba ruina. No ha sido olvidado en la capital castellano-manchega, donde sus obras han protagonizado algunas exposiciones y siempre se ha alabado su desempeño como uno de los grandes valedores de la ciudad ante grandes figuras de la cultura y las artes –incluido Picasso– a quienes contagió su pasión por los encantos toledanos. Pero en relación con las dialécticas entre centro y periferia, que tanto marcaron las trayectorias de los dos protagonistas del libro, merece la pena destacar que don Ricardo tenía muy a gala haber nacido en Cella (Teruel), donde aún se conserva el escudo nobiliario en la fachada de su casa natal. Allí había comenzado, como modesto párroco rural, la fulgurante carrera eclesiástica y política de su tío Francisco Arredondo Villanueva, cuya casa fue saqueada por los carlistas porque les combatió como capellán castrense y como diputado provincial, lo cual le valió el nombramiento en 1854 por Isabel II como deán del Cabildo catedralicio de Toledo: a esa ciudad se trasladó entonces el padre de Ricardo con su esposa e hijos. Ricardo es hoy el más recordado, pero por lo visto hubo entre sus hermanos algunos con carreras muy brillantes en diversas profesiones. Ojalá el Ayuntamiento de Cella y el Centro de Estudios del Jiloca, que tan primorosamente han editado este libro, dediquen algún otro a esta insigne familia turolense pues, como bien ha demostrado Fermín Ezpeleta, cada persona puede tener notable influjo/reflejo en otras de su entorno vital. Ahora que tenemos tantos datos sobre la amistad entre Galdós y Arredondo, el conocimiento de otras interrelaciones en sus respectivos círculos sociales, sería una aportación crucial en la historia de aquella época tan brillante de la cultura española.

Reseña del libro de Fermín Ezpeleta Aguilar: Galdós y Arredondon, vidas paralelas. Teruel, 2025.

Número 75

Junio 2026
Jesús Pedro LORENTE
Presidente de AACA
Fecha de recepción: 01/06/2026
Fecha de aceptación: 07/06/2026
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