La esclavitud fue y sigue siendo una lacra que persigue al ser humano desde hace demasiado tiempo. Someter a un semejante, ser dueño de su vida y su destino por una serie de intereses, no solo resulta una actividad cruel e injustificable, sino que contribuye a la involución global. Judith Prat lleva años retratando crímenes para la humanidad que contribuyen igualmente a esta desaceleración del crecimiento social. En esta ocasión se lanzó a capturar imágenes que hablaran del comercio triangular de personas esclavizadas, una práctica que la ha llevado desde los puertos de Cádiz o Barcelona hasta los castillos de Ghana y Sierra Leona. Una selección de todo ese trabajo puede verse en la Casa de los Morlanes del 11 de septiembre al 23 de noviembre.
Comisariada por Semíramis González, “Aquella niebla, este silencio” El legado esclavista que elegimos ocultar forma parte del programa de PHotoESPAÑA 2025. Tras su paso por la Galería Fernández-Braso (Madrid) llega a Zaragoza en un comienzo de curso donde de nuevo se recupera con intensidad la actividad cultural tras el periodo estival. En la muestra la fotógrafa sigue fiel a su compromiso con los derechos humanos, tal y como había hecho con anterioridad en propuestas como Boko Haram: una guerra contra ellas, Matria o BRUJAS. Más de cien exposiciones en los últimos años en ciudades como La Habana, Montreal, Moscú o París, alojadas en centros tan prestigiosos como el Museo Reina Sofía o el Círculo de Bellas Artes.
En esta ocasión Judith Prat ofrece una reflexión tanto del esclavismo como de su legado en el presente, con fotografías que constatan visualmente este acontecimiento, invitan a reflexionar sobre él y, al mismo tiempo, regalan una belleza que no siempre resulta cómoda. Ruinas de un colonialismo que permiten visibilizar vergonzosos episodios de la historia de España. Uno de los más reseñables aparece narrado tras la instantánea de Juan José, dispuesto delante de una casa colonial española en el Ingenio William Soler de Agramonte. Con él se recuerda cómo en el siglo XVIII las plantaciones de azúcar en Cuba tuvieron a más de 200.000 personas esclavizadas trabajando para 1.570 ingenieros. También lo hace a través de imágenes tan poderosas como la bañera de mármol en el jardín de la Casa Pedroso (La Habana). Testimonios silenciosos de una niebla que mutiló la vida de demasiados seres humanos.
El compromiso que adquiere la autora no está reñido con una museografía estéticamente impecable, donde las obras dialogan entre sí en un recorrido que, en su búsqueda por romper con los modos tradicionales de narrativa, resulta no lineal si bien alude a los distintos espacios geográficos que son protagonistas de la narración, como indica la propia comisaria. Es digno de valorar tanto el fondo como la forma, una simbiosis perfecta que logra hacer justicia con el tema mientras ofrece al visitante una experiencia sensorial única.