Han pasado dieciocho años de la última retrospectiva realizada a Antonio López en el Museo Reina Sofía, donde se hacía un balance de cuarenta años de carrera, y desde entonces han pasado muchas cosas. Su prestigio ha ido creciendo, siendo hasta el 2008, el autor español vivo más cotizado, con la venta del cuadro Madrid desde Torres Blancas, siendo desbancado en el presente por la obra titulada Faena de muletas de Miquel Barceló. En el 2006, recibió el Premio Velázquez, y hoy en día está considerado cómo “un patrimonio que España exhibe orgullosa ante el merecido reconocimiento internacional a una forma de entender el arte capaz de cautivar a numerosos y muy diferentes tipos de público”. El reencuentro del artista con el público de Madrid y de España, ha encontrado un gran eco tanto en la crítica como en los medios de comunicación. La exposición que se exhibe en el Museo Tyssen- Bornemisza, está constituida como una especie de autorretrato, pues el propio artista ha sido quien se ha encargado, con ayuda de su hija, de seleccionar las piezas y definir la instalación. Instalación, que se ha dividido en dos partes, una primera donde se repasa la evolución de la obra del artista a lo largo de las últimas décadas a través de los tres grandes medios artísticos más empleados: pintura, dibujo y la escultura. Mientras que la segunda parte de la muestra se sitúa en una mirada retrospectiva en orden cronológico. De la muestra, destacaremos la obra Carmencita jugando (1959-1960) obra que ocupa un lugar crucial en la trayectoria del artista, pues no se trata de un cuadro realista, sino más bien de una obra llena de misterio, en el lienzo aparece una niña en cuclillas, jugando con utensilios de cocina en miniatura, la niña es la protagonista absoluta de la obra en la que se conjugan, desde un paisaje al fondo de la huerta y una parte del pueblo, otra parte mágica, donde la niña conjugase con los objetos con los que juega, su propia vida y la de su familia, incluso, porqué no decirlo, algo de cómic, pues se ve en una parte de la obra, a la madre saliendo y llamando a la niña para que entre en casa. También podemos destacar sus famosas panorámicas madrileñas, que surgieron en la obra del artista hacia los años 60 del pasado siglo XX En las vistas del artista, pueden verse precedentes en la obra de Canaletto, a quien “rechaza por ser demasiado mecánico”, pues a diferencia de las vistas del veneciano, nuestro artista no se aferra a los monumentos singulares, pues sabe cómo retratar el carácter de la ciudad, siempre neutro, y nada espectacular. Cualquier artista que ha pintado o pinta del natural, sabe que las vistas de las ciudades, son obras de larga y compleja duración, pues la luz natural cambia y con ella el paisaje, el artista, debe captarla en el momento preciso, es por ello que obras como Madrid desde Torres Blancas, le haya costado al autor ocho años de trabajo, otro ejemplo es su vista más ambiciosa y fascinante, nos estamos refiriendo a Madrid desde la torre de bomberos de Vallecas, obra que le llevó diez años de realización, y que fue colocada en la Asamblea de Madrid en mayo de 2006. Y es que la pintura de Antonio López tiende a reproducir la visión del mundo tal y como es. Su obra se identifica en determinados aspectos a Rafael Zabaleta, o con sus contemporáneos, los pintores de la Segunda Escuela de Vallecas, como Carlos Pascual de Larra, Cirilo Martínez Novillos, envolviéndolo todo a la sombra del realismo metafísico italiano, que tanto influyó en nuestro artista.
De los dibujos expuestos, nos centraremos en los árboles, cuyas ramas forman líneas, que a su vez forman una geografía que se multiplica y se subdivide para formar un paisaje, lleno de laberínticos caminos que se bifurcan unos con otros, cuya comparación es la del propio proceso de la creación. La escultura ha llegado a ser un medio tanto o más importante que la pintura, por ello no es de extrañar, que en la muestra haya también escultura. Desde sus días de alumno de Bellas Artes, a la edad de catorce años, el artista ha ido trabajando en cada una de las modalidades, a partir de los años sesenta, Antonio López, ha ido ensayando con la escultura exenta, quizás su proyecto más ambicioso, y que en esta retrospectiva no podía faltar, ha sido sin duda alguna Hombre y mujer (1968-1994), dos figuras construidas en madera de abedul y otros materiales, después de trabajar una temporada en ella, decidió abandonarla para volver a retomarla en 1973, con el fin de mostrarla en una colectiva en Londres, la obra sería adquirida por una coleccionista norteamericana, pero el artista se quedó insatisfecho con el resultado de la figura del hombre, por lo que pidió a la propietaria de las obras, que estas volvieran a Madrid para poder introducir algunos cambios. Otra escultura destacada será Antonio y Mari (1967-1968) dos bustos separados del artista y su mujer, tallados en madera, con sus ojos de cristal, y una inmovilidad que hace recordar a otra pareja de la antigüedad, en este caso del mundo romano, Gratidia Chirite y su marido Marcus Cratidius Libanus, ambos tocados con toga y túnica respectivamente. El matrimonio aparece con las manos derechas unidas, un gesto que forma parte de la ceremonia matrimonial romana y que constituye un puente entre la luz y la sombra, confirmando el vínculo conyugal más allá de la muerte. En la obra escultórica de Antonio López, no existen manos, sólo los escalofriantes ojos de cristal, que no miran al espectador, sino más bien al más allá, cómo para ser colocado en una tumba romana.
La capacidad de reproducir la realidad, ha sido el reclamo y signo de identidad en la obra de Antonio López, esa búsqueda de la realidad, no siempre es amable, a veces la verdad es dolorosa, áspera, pudiendo producir rechazo, cuando no alcanzamos ese misterio de la forma y manera que nos gustaría, encasillado como un “supremo pintor realista del arte español contemporáneo”, por realizar un realismo basado en la contemplación de la forma y de la materia, que no se parece a ningún otro hasta ahora; El tiempo es la llave a toda respuesta. La obra de Antonio López está basada en el presente que contiene todo su pasado, pasado que ha sido gestado, engullido y asimilado a través de las obras que ha alumbrado en un esplendoroso proyecto de trabajo, motivo más que suficiente que provoca la admiración tanto del gran público cómo de la crítica más especializada, cosa nada fácil en estos tiempos.
Antonio López
Museo Tyssen-Bornemisza
28/06- 25/09/2011
Museo de Bellas Artes de Bilbao
10/10/11- 22/01/2012
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