Aniversario de un mural de Sergio Abraín en el Disco Bar Guateque, Zaragoza

 

Ya ha cumplido su primer aniversario la decoración del zaragozano Disco Bar Guateque, situado en la calle Santa Cruz, 11, que se inauguraba el 5 de diciembre del 2012. Antes de abordar el trabajo de Sergio Abraín, con la colaboración de Mane Bell-Lix y Gofer, es imprescindible comentar una historia de amor pasión con final más que feliz entre Cecilio Cuenca Romero y María Teresa Anchouet. María Teresa, nacida en Gabón en 1975, hija de guineana y español, había llegado a España en 1993, primero a Madrid luego en Barcelona y por fin fijó su residencia en Zaragoza, donde conoció a Cecilio Cuenca Romero, por entonces propietario del Corto Maltés, donde ella trabajaba como camarera. Ambos contraen matrimonio y deciden montar un negocio diferente: el Disco Bar Guateque. Local muy amplio para tomar copas y con excelente música española, años 80 y 90, seleccionada por María Teresa. Al mismo tiempo conocen a Sergio Abraín a través de José Rodrigo, razón para que le encarguen la decoración del citado espacio.

El conjunto de la decoración es una formidable mezcla de cuadros geométricos sobre grandes planos de colores neutros muy sobrios para evitar todo exceso y con la finalidad de que sirvan como acogedor colchón. Es, en realidad, como si estuviéramos en una exposición de Sergio Abraín pero permanente, pues los cuadros están pintados sobre la pared aunque dan la sensación de estar colgados. Todo comienza antes de entrar al local mediante una abstracción geométrica en el lado derecho que anuncia el resto de lo pintado. La cambiante decoración, a partir de aquí, se extiende hasta los baños tras bajar una amplia escalera, de modo que desde el primer peldaño miras en la pared de frente y allí está el único cuadro colgado en formato rectangular. Cuadros sólo con círculos, también con círculos añadiendo bandas paralelas verticales a la base y un óvalo o un círculo con un rectángulo vertical, así como cuadrados y rectángulos y en el centro de cada uno el correspondiente círculo. A sumar, entre otros ejemplos, las formas mediante la mitad de un óvalo roto por líneas verticales a la base. Gobierna una generalizada sensación de quietud alterada por el ámbito formal y la sobriedad de colores como el blanco y el negro cual contraste nunca exclamativo gratuito. Quietud dominante, sin estridencias, que posibilita la mirada con sosiego a través de una insospechada complejidad visual. No fue sencillo, ni de lejos, diseñar un trabajo personal que evitase cualquier exageración.

Proyecto de Sergio Abraín, sin duda, que avala su amplia trayectoria artística, de manera que la insustituible condición como pintor se traslada a otros espacios para ser otro sin dejar esa línea creativa capaz de dislocar toda realidad. Si un año, que llegará, se organiza la muy merecida exposición retrospectiva del artista Sergio Abraín (Zaragoza, 1952), un capítulo del catálogo habrá de estar dedicado a las decoraciones para pubs de moda como Phobos, Barrio Verde, Torre Luna o El Compás (Huesca), sin olvidar el restaurante Adriana de Zaragoza. Decoraciones que significan el muy amplio e impecable engranaje entre su condición como pintor y las intervenciones en tiendas de moda, interiorismo, escaparates y montajes para desfiles de modelos en la línea del realizado para el modisto de Zaragoza Antonio Marcén. Siempre sin olvidar el magnífico mural en material cerámico para la plaza de toros de La Misericordia. Detrás, cual ineludible referencia, miles de dibujos y collages que sustentan sus trabajos.