Ángel Pascual Rodrigo , en busca de las ilusiones infantiles perdidas

 

Pensaba escribir sobre esta exposición y me he quedado casi bloqueado tras leer la reseña que le ha dedicado Alejandro Ratia, publicada en el álbum Artes y Letras de Heraldo de Aragón el 18 de diciembre bajo el título “Llamada de los montes distantes”. ¿Qué podría añadir, a la altura de tan hermosas palabras? Yo también admiro a Ángel Pascual Rodrigo y llevo muchos años emocionándome con sus cuadros, desde que una vez siendo un crío entré a una exposición de la Hermandad Pictórica. Siempre fiel a sí mismo, ha regresado a su tierra y a la misma galería donde en las navidades de 2010 triunfó con una poética muestra denominada “Destellos en la noche-Sombras en el día”, de cuyo recuerdo se retroalimenta el inicio de esta otra. Pero hay importantes sorpresas, pues sólo una parte de lo ahora expuesto sigue la estética romántica de canto a la naturaleza misteriosa e inquietante: son dibujos inspirados en una caminata en 2007 a través del Cañón de Añisclo, pacientemente pintados con lápices de colores, retomando una técnica artesanal que los hermanos Pascual Rodrigo ya reivindicaron magistralmente hace cuatro décadas.  Asombrados por esta habilidad manual, que nada tiene que envidiar a la pintura divisionista decimonónica, podríamos interpretar en clave humorística el título de la exposición: “Technicolor. En busca del Monte Perdido”. Pero el autor ha diseñado expresamente para esta convocatoria un cartel que remeda el famoso anuncio del comienzo de aquellas películas, donde sobre una bola del mundo rotaba el eslogan: Color by TECHNICOLOR, World Favorite in Motion Pictures. Aquella tecnología de color saturado alcanzó su momento de gloria, según la Wikipedia, en grandes films de entre 1932 y 1955, entrando luego en decadencia por la competencia de Eastmancolor u otras técnicas. Y Ángel ha hecho proyectar en la galería A del Arte imágenes de algunas de esas películas épicas de los años cincuenta, que él vería de niño en algún cine de barrio, admirando los jinetes solitarios ante épicos paisajes coloreados con trazos brumosos como los de sus dibujos de ahora. Alejandro Ratia tuvo suerte, y entró a la galería cuando le tocaba el turno a la película Shane, de George Stevens, sonando en el aire la portentosa banda sonora de Victor Young, Mi visita coincidió con fotogramas de otra peli de aventuras más antigua, El ladrón de Bagdad, que me dejó totalmente frío porque yo nunca la había visto (quizá me habría tocado alguna fibra sensible su remake más reciente, Aladdin de Disney Pictures, que he disfrutado mucho con mis hijos). Eso sí, esa proyección me ayudó a entender el inopinado dibujo de un caballero oriental que sale volando por los aires, y a seguir la línea de conexiones indirectas que han conducido la mente del artista hasta crear los dos dibujos más novedosos de esta exposición, ambos inspirados por la guerra de Irak. Uno y otro están también realizados con la misma técnica divisionista a base de trazar rayitas con lápices de color, para emular en un caso la borrosa imagen nocturna de los bombardeos de Bagdad transmitidos por la CNN y en otro caso las torturas en la cárcel de Abu Ghraib reveladas al mundo por la CBS. Podrá parecer excesivo que Ángel Pascual Rodrigo haya dedicado tanto tiempo a colorear manualmente esas imágenes, como quien se demora demasiado en contar un chiste, hasta que pierde la gracia; pero quizá ahí está la moraleja con la que culmina esta exposición: de niño le ilusionaban las epopeyas del Technicolor, y ahora ha descubierto otra cara menos amable de la realidad exótica a través de esas videograbaciones de poca nitidez. Nos lo advierte alguien que ha vivido en la India y ahora tiene su domicilio en Mallorca, una isla que siempre ha despertado las fantasías de muchos foráneos. 

Galería A del Arte, Zaragoza

Número 29

Diciembre 2014
Jesús Pedro LORENTE
Secretario de AACA y Director de AACADigital
Fecha de recepción: 19/12/14
Fecha de aceptación: 19/12/14
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