Frente a la insistente búsqueda del significado en el arte, y un afán por su racionalización, Ángel Masip (Alicante, 1977) trabaja más en la línea de la experimentación que de la comunicación. Una experimentación conceptual que marca su objetivo en la propia experiencia vital del individuo. Rompiendo con la repetida etiqueta, cada vez menos acertada, de “pintor de paisajes” Ángel Masip nos presenta en la galería Antonia Puyó la exposición Un nuevo orden, donde gracias al Premio a la Innovación 2010 de la Fundación Pilar y Joan Miró, nos sorprende con un trabajo que gira en torno a las posibilidades de la serigrafía.
Su técnica ha ido evolucionando a la vez que lo ha hecho su discurso conceptual. Prueba de ello, es el contraste entre esta exposición, donde cada pieza está colocada minuciosamente logrando así su propia identidad, en un espacio limpio y formal, frente a trabajos mucho más escenográficos y dramáticamente teatrales como su proyecto Der Waldgang (2010), donde reconstruye la realidad mediante elementos cargados de contenido y susceptibles de ser analizados.
Todo su trabajo gira en torno al paisaje, en este caso fragmentado, sirviendo únicamente como mero escenario en el que se desarrollan una serie de relaciones conceptuales entre el individuo y el medio que le rodea, una incomunicación que nos explica la ausencia, los paisajes vacíos, deshumanizados y anónimos. Así pues, más que un pintor de paisajes seria más acertado entenderlo, si es que el limitado sustantivo de pintor no es ya un error en sí, como pintor de anti-paisajes, donde éstos forman parte de su propia experiencia, y mediante los cuales lleva a cabo la reconstrucción de una realidad abierta, a través de la cual poder cuestionar nuestros propios referentes.
Ángel Masip, aprovecha los recursos de la serigrafía para mostrarnos una realidad fragmentada, que en ocasiones aparece acompañada de un texto en diferentes capas, muchas veces imperceptible, que puede llegar a modificar la recepción de la obra, es decir, la experiencia surgida de su contemplación. Y es en ésta línea en la que trabaja Masip, la propia experimentación bajo un amplio discurso conceptual que no hace más que presentarnos una realidad donde el individuo se enfrenta con grandes problemáticas a la hora de encajarse en su tiempo, un tiempo en continuo cambio y dominado por una preocupante y dramática importancia de la apariencia.
Masip nos deja una ventana abierta a nuestra propia reflexión, frente a un mundo que necesita con celeridad una profunda revisión.