Amparo Martí, 1958-2011

En el día de hoy cuando todo el mundo del arte parece volcado únicamente hacia las vanguardias más reciente, resulta extrañamente difuminada la atención hacia cuantos, con su trabajo y entrega, pusieron los cimientos de la consideración que actualmente goza ese mismo mundo del arte. Entre estos me ha parecido de justicia recordar la figura de Amparo Martí, actualmente casi retirada de toda actividad, que fue Cofundadora de la Asociación Profesional de Críticos de Arte y que, juntamente con Leoncio García Anguita, fue comisionada por AECA para redactar sus primeros Estatutos. Además como directora de la Galería Neblí entre 1958 y 1965 contribuyó grandemente al auge de las vanguardias españolas de los años 60

Tras la guerra civil, que había barrido todo fermento cultural y artístico anterior, ya en 1939, nada más instaurarse una dramática paz se empezaron a convocar los primeros certámenes de arte. Pero se tuvo que esperar todavía unos cuantos años para que el mundo del arte madrileño viera brotar en su seño los estímulos de esa renovación que cuajaría firmemente en las vanguardias de los años 60.

Varios fueron los factores que lo hicieron posible. Igual a lo que ocurriera en los Estados Unidos cuyo arte se renovó gracias a los refugiados políticos, principalmente judíos, que huían de la Alemania nazista, también Madrid vio llegar, por el mismo motivo, a interesantes personajes entre los cuales recordaremos a Eduardo Chicharro, huyendo de los intensísimos bombardeos de Roma, y cuyas clases de Estética en la Universidad Complutense tanto influirían en la formación de jóvenes artistas como, entre otros, Lucio Muñoz.

En 1945 finalizando ya la II Guerra Mundial, vemos llegar a Madrid a Karl Buchholz que fundaría su famosa Librería Galería, así como a Mathias Goëritz o Juana Mordó. No menos importante fue, a partir de 1955, la presencia muy frecuente de Fernando Zóbel, quien, además, en 1961 fijaría su residencia definitivamente en España. 

Un tercer factor que tuvo también una parte importante en consolidar el arte naciente fue la presencia de importantes mecenas y los círculos que gravitaban alrededor de ellos, círculos que más tarde tanto influirían hasta en el gran movimiento nacional que impulsaría la Transición como el abogado Armada o a Juan Lledó desde la presidencia del Banco de Urquijo.

Bien es cierto que en ese momento Madrid contaba ya con algunas galerías:  Fernando Fé en la Puerta del Sol, la sala Abril regentada por Carmina Abril en la calle Arenal, Estilo, Toisón asimismo en la calle Arenal y San Jorge en la calle López de Hoyos. Animado por el momento favorable Aurelio Biosca, ya en los años 40, había abierto al arte su tienda de decoración destinándole un importante espacio donde exponían sobre todo los miembros de la Escuela de Madrid y que, bajo los auspicios de Eugenio d`Ors, acogía también a la Academia Breve de la Crítica de Arte y su Salón de los Once.

Los años cincuenta vieron nuevos conatos de modernidad, el más interesante e importante de los cuales fue indudablemente el Grupo El Paso que tan grande proyección internacional asumiría a través de la labor de González Robles presentándoles primero en Bélgica y luego en la XXIX Bienal de Venezia como un grupo de perseguidos del régimen franquista.

Tras El Paso se vio la proliferación de los grupos artísticos: el Grupo Crónica, Castilla 63, Estampa Popular y hasta los escultores formaron el único grupo escultórico de los Seis Escultores uno de los más interesantes a la vez que el más olvidado de tales grupos.

Estimulados por todo el interés que bullía alrededor del arte los propietarios de la Librería Neblí en 1958 deciden destinarle ciertas salas cuya remodelación sería encargada a un jovencísimo arquitecto, Jaime López Asiaín, que a la sazón estaba todavía cursando sus estudios de arquitectura y que luego sería su primer director.

Sin embargo, conscientes los propietarios de la galería que López Asiaín algún día habría debido dejar de dirigirla (cosa que efectivamente ocurrió en 1962 al ganar éste una cátedra en Valencia) se pensó poner a su lado a quien algún día habría debido sustituirle y, para ello, se pensó en Amparo Martí.

Licenciada en la Faculta de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, fue precisamente desde ese nombramiento en Neblí que iniciaría su amplísima trayectoria artística. Sin embargo no es mi propósito, y además me parece imposible abarcar en tan breve espacio de tiempo todas sus muchas actividades en el campo del arte así como vienen recogidas en su vasto curriculum, por lo tanto pienso limitarme a los que en mi opinión han sido los hitos principales de su actividad: su gestión como directora de la Galería Neblí, su amistad e interés por Pancho Cossío y su obra y sus desvelos por promocionar el naïf.

Amparo Martí confiesa que hasta aquel momento no había tenido contacto alguno con el mundo artístico. Bien es cierto que ya había desarrollado importantes funciones culturales y sociales en el País Vasco pero directamente, como reconoce en sus mismas palabras, hasta entonces no había visto todavía un artista en carne y hueso.

Esto no nos debe sorprender en cuanto es bien sabido que también Juana Mordó que, tras haber trabajado con Biosca  desde 1958 en 1964 inauguraría su conocidísima galería que tanta importancia tuvo en la proyección nacional e internacional del arte español, en sus inicios estaba exactamente en las mismas circunstancias.

Recuerda con qué desconfianza fue acogida por los primeros artistas a los que debía organizar una exposición, Néstor Bastarrechea, Nadia Verba, María Droc (mujer de Popovichi), etc. y con qué estudiada intencionalidad, justamente para ponerla en apuros, la invitaron a seleccionar los cuadros que figurarían en la exposición. Todavía no se cómo lo hice, pero tuve que acertar, me dice, pues me les gané enseguida; seguramente mostrando una seguridad que distaba mucho de tener.

En aquel tiempo le resultó de gran importancia la amistad con Fernando Zóbel que, a la sazón estaba reuniendo su importante colección de arte español, y que solía frecuentar Neblí, tanto como artista como en calidad de coleccionista. A él le debe tanto la idea de apostar decida y fuertemente por el arte más joven y vanguardista como esa pasión por el naïf, por el que todavía sigue trabajando y luchando.

Ya directora de la Galería tiene un recuerdo muy especial para el primer cuadro de Pancho Cossío, vendido a Samuel Bronston que por aquel entonces estaba rodando en Madrid la película de 55 días en Pekín.

Al poco tiempo gracias a la línea marcada por Amparo Martí la galería Neblí estaba a la cabeza del arte madrileño. Al  mismo tiempo se había ampliado el número de sus artistas entre los que recordaremos primeramente a Pancho Cossío, al informalismo de Isabel Pons, a Enrique Brinkmann (que expuso en 1960), al Equipo Crónica, a Manolo Valdés que en Neblí celebraría su primera exposición madrileña, a Trinidad Fernández (en 1962), a Ramón Soto, a José Planes, a Lucio Muñoz que fue ganador del primer premio Neblí y luego pasaría a trabajar preferentemente con la galería de Juana Mordó- a Juan José Gómez Molina, a Venancio Blanco, a José Hernández, a Elvira Alfageme, Ángel Orcajo, etc.

Muy interesante fue la exposición que organizó en Santillana del Mar con las participaciones de Cuixart, Castillo, Ferrant, Gabino, Genovés, Jardiel, Lapayese, Lorenzo, Mompó, Oteiza, Perdikidis, Santaló, Vento y Zóbel.

Muy importante fue su interés por Pancho Cossío con el que tuvo una óptima relación y del que, según afirma la misma Amparo Martí, aprendió mucho, tanto que considera que a él le debe el haber conseguido ser una profesional. Estaba empeñada en hacerle una monografía por lo que cuando él llegaba a Neblí siempre le decía: – Pues vamos a hacer el libro aunque al final se no consiguió hacer nada.

Su relación con Cossío fue tan profunda que en los últimos cuatro años de su vida la nombró su única y exclusiva representante y además cuando el entonces, entonces Director General de Bellas Artes Gratiniano Nietoorganizó en el Retiro una exposición antológica de Pancho Cossío que sería inaugurada por Franco tuvo que ser la misma Amparo Martí en acompañarle. Más tarde hasta le asistiría en su lecho de muerte. Una vez fallecido Cossío fue albacea testamentaria de sus obras (así como lo fue también en su momento  de Benjamín Palencia). 

Gracias a su temperamento positivo así como al gran éxito cosechado por la galería gracias a su gestión, a los clientes que había conseguido interesar y los buenos resultados económicos, como directora de Neblí, a Amparo Martí no le resultó difícil superar prontamente todos los problemas que pudieron surgirle con los propietarios de la galería así como a hacer aprobar su línea que apuntaba directamente hacia la vanguardia.

Desde entonces fue cuando consiguió finalmente dominar la galería Neblí en todas sus actividades. Prontamente se le presentó otra batalla que también pudo ganar. Ello surgió hacia 1964 cuando, habiendo visto la necesidad que la galería contara con la colaboración estable de un crítico que se encargara de la selección y presentación de las exposiciones y de los artistas, pudo contar directamente para ello con Víctor Nieto Alcaide.

El éxito de Neblí le permitió a Amparo Martí ampliar el ámbito de los intereses de la galería transformándole paulatinamente en un centro de cultura. Se empezaron a dar conferencias y celebrar Mesas Redondas contando con la colaboración de los jóvenes críticos del momento tales como Juan Antonio Gaya Nuño, José de Castro Arines, Simón Marchán, José María Moreno Galván, Sánchez Marín, José Ayllón, Pepe Hierro, Antonio Bonet, etc.

Prontamente les propuso a los propietarios de la galería la reanudación de los premios Neblí, convocados una única vez cuando aún  la galería estaba dirigida por Jaime López Asiaín (premio entonces ganado por Lucio Muñoz). Para la composición del primer jurado contó con Gaya Nuño, Pancho Cossío, José Planes, Gratiniano Nieto, formando parte del jurado ella misma. El segundo año contó con Alberto Gallarín, Juan Manuel Ruiz de la Prada (el padre de Ágata Ruiz de la Prada), Santiago Castro Cardús, Fermín de la Sierra, participando también ella misma. Entre los primeros ganadores del renovado Premio neblí figuraron Ángel Orcajo, Gloria Alcahud, Elvira Alfageme, Vicenta Pons, etc.

Poco más tarde todas las mañanas de los domingos, alrededor de unas patatas fritas y unas copas de vino, organizó unos seminarios de arte sobre el tema de la integración de las artes que atrajeron una amplísima participación de jóvenes artistas, críticos, músicos, actores, arquitectos, estudiantes universitarios y toda persona interesada que discutían sobre todo con la máxima libertad, siendo también muy frecuente la presencia de Gregorio López Bravo, Lucía Bosé, José María Gallardón y varios de los críticos y artistas ya mencionados. Enseguida desde esa idea integradora de todas las artes: pintura, escultura, filosofía, música, vida, letras, etc. surgió la Revista-boletín Integración de las Artes, impresa a ciclostilo. Entre sus participantes además de muchos de los ya mencionados estuvo también Pablo Escandela, Ramón Soto acompañado por Elisa, Gómez Molina al que acompañaba Malena, Pedro Antonio de Urbina, etc.

Los veranos de 1966 y 1967 vieron la presencia de Neblí en Torremolinos al mismo tiempo que se organizaba un curso en la sala de exposiciones del ferry que unía Bilbao con Southampton. Viaje que a Amparo Martí le dio la ocasión de promocionar el arte español  a Inglaterra.

Tras ser nombrada por el Ministerio de Información y Turismo comisaria de una exposición en la Cámara de Comercio de Frankfurt estableció nuevas relaciones para sus artistas con Alemania y con Holanda.

La exposición quizás más importante que realizó en ese período fue la de Jasper Johns. Su apuesta tan decidida por la vanguardia sin embargo no le impidió interesarse también por el arte naïf, entonces completamente desconocido en Madrid y al que desde su posición en Neblí se ocuparía promocionar.

Ya se ha dicho que también su primer acercamiento al arte naïf había surgido a raíz de su amistad con Fernando Zóbel.

Fue unos años más tarde que, precisamente en Neblí, conoció casualmente al entonces presidente de la Diputación de Madrid muy interesado en enseñarle unos dibujos de cierto dependiente de la Diputación, un albañil de sobrenombre Boliche, que pintaba unas cosas muy raras. Para Amparo Martí fue todo un descubrimiento. Aquellos dibujos, de  llenos de fantasía, de ingenuidad y frescura llegaron a fascinarla. Poco tiempo después Boliche exponía sus dibujos en Neblí. Fue un éxito. Y pensar, decía al ver que se pagaban a 2.000.- pesetas cada uno, todos los bocadillos que mi mujer ha envuelto con mis dibujos.

Poco después a Amparo se le habló del alfarero Fernando Roche de Navalcarnero quien además de los tradicionales cacharros destinados a la venta realizaba unas pequeñas piezas de extrañas formas y gran originalidad frecuentemente inspiradas en la época y la vida de Séneca.

Fue así que en 19.. pudieron verse en Neblí también las piezas de Fernando Roche que posteriormente donde Amparo difundiría más allá de nuestras fronteras: en New York, en Caracas y Panamá.

Pero fue quizás tanta libertad, algunas presencias quizás controvertidas, lo que posiblemente terminó asustando a los propietarios de la galería que improvisamente en 1969 decidieron cerrarla.  

El cierre de Neblí fue un golpe mortal para ella. Sin embargo tras un primer período de inseguridades en 1969 es llamada por la Sociedad ERTI S.A. como asesora de compras, desde donde siguió interesándose por la obra de Pancho Cossío así como por José Hernández, Brinkmann, Francisco Peinado, Vicente Ameztoy y en general todos sus artistas.

Activísima como siempre en 1970 la vemos ay dirigir la Galería Durán de la calle Serrano al mismo tiempo que hasta 1971 la hacía también de la sala Althogar de Bilbao. Activísima como siempre la vemos asesorar y montar sus exposiciones en la sala Camarote Granados del Hotel Manila de Barcelona. Más tarde, en 1975, cuando la Galería Durán se traslada a un nuevo local reemprende los ciclos de conferencias de arte, de filosofía, literatura, pedagogía, música y danza, retomando su leit motif de la integración de las artes igual a lo que había hecho ya en Neblí.

Pero el nuevo espacio bastante más grande le sugiere la oportunidad de dedicarle permanentemente al arte naíf una de sus tres salas de exposición. Es en ese período que conoce a un importante artista naïf: Miguel García Vivancos, ya jefe militar del Ejército Republicano en la Guerra Civil, refugiado desde entonces a Francia, cuyas obras habían alcanzado gran notoriedad tanto en Francia como en ámbitos internacionales. Enseguida le organiza una exposición en la Galería Ramón Durán, que sin embargo tuvo escasa resonancia, pues el arte naïf entonces resultaba aún demasiado extraño y por lo tanto difícil e incomprendido.

Desde entonces la actividad de Amparo Martí a favor del arte naïf siguió en línea ascendente. Descubrió y expuso a María Pepa Estrada, a Rosario Areces, a Isidoro Carrascal, a Mercedes Barba, etc., con lo que el interés por el arte naïf en Madrid iba aumentando muy favorablemente.

En 1979, en colaboración con Vallejo Nájera, escribe dos libros sobre el naïf y en 1979 lleva a la Casa de España de París la exposición de Nueve pintores naïf españoles que tuvo gran éxito y contribuyó a abrirle las puertas de Suiza.

En aquellos años AECA le encargó redactar, juntamente con Leoncio Anguita, los Estatutos de la Asociación Profesional de Galerías y Críticos de Arte de la que asimismo fue cofundadora.

Tras dejar la dirección de la Galería de Ramón Durán en 1984 siguió incansable en la promoción de esta peculiar faceta de arte contando con la colaboración tanto de la Comunidad como de la Caja de Madrid.

Juntamente a Nuno Lima de Carvalho creó en 1979 el Salón Ibérico de Arte Naïf donde en 1981, 1982 y 1983 organizó sendas muestras de pintores portugueses bajo ese denominación en el casino de Estoril. Estimuladas por el nuevo auge de los naïfs españoles también la Casa de España de París, así como varias ciudades francesas, empezaron a presentar sus obras en Francia.

En 1990 intervino en la creación del Museo de Arte Naïf de Jaén.

Tras el creciente interés que, gracias a ella, se iba despertando en España hacia el naïf, en el año 2000 empieza a organizar el Certamen de Arte Naïf Español que tuvo lugar en el centro Cultural Galileo, certámenes que tras ser de ámbito nación en 2005 se trasformaron en Certámenes Internacionales.

En su primer año el Certamen Internacional de Arte Naïf contó con la presencia de 45 obras, siendo 35 en 2006, 41 en 2007. Sin embargo ya en 2008,  interrumpió su convocatoria. Pero lo que con ello no se ha interrumpido es la actividad de Amparo Martí que sigue preparando exposiciones naïf casi regularmente cada año aprovechando el gran conocimiento adquirido a lo largo de toda su trayectoria artística.

Sin embargo sin dejar de la mano a sus artistas naïfs, tampoco dejó de ocuparse completamente del arte que podríamos definir más formal, pero  sería creo que excesivo seguir mencionando todo su riquísimo curriculum pues como dije al principio únicamente quise centrar mi intervención en esas tres facetas de sus intereses artísticos: su actividad en Neblí, su amistad con Pancho Cossío y sus desvelos para promocionar el arte naïf. Propósitos con los que creo haber cumplido.