Javier Almalé y Jesús Bondía inauguraron su exposición conjunta, Dar a Ver, en el Paraninfo, Universidad de Zaragoza, el 21 de septiembre y hasta el 21 de diciembre. Textos de Chus Tudelilla que analizan las diferentes partes que componen la exhibición. Conjunto de fotografías en color, sin olvidar el vídeo, pensadas con una idea específica a desarrollar mediante bloques íntimamente relacionados, lo cual significa que mantenemos las pautas del catálogo.
El bosque es el punto de unión en todas las fotografías. Estamos, por tanto, ante zonas boscosas con claros mediante áreas de hierbas, cañas y, en ocasiones, piedras rodadas que permiten cambiantes espacios, de modo que se posibilita la incorporación de elementos ajenos para alterar su condición natural.
In situ, de 2010, tiene las características señaladas con la incorporación de fotografías enmarcadas que, al mismo tiempo, pueden ser fotografías de otros lugares, incluso alguna figura humana. En ocasiones ejercen de espejos para enriquecer la realidad. El número de fotografías, que puede llegar hasta 16, limita las posibilidades creativas ante una invasión que trastoca en exceso la realidad del bosque, como si algo fallara en la composición general. Incluso cuando hay menor número produce la sensación de que algo no encaja.
Muy diferente es la serie In situ 2, de 2011. Estamos ante dos e incluso seis espejos redondos, que al ser de menor tamaño se acoplan al ámbito boscoso, sin invasión, para cambiarlo y ofrecer un hermoso contraste formal y cromático.
Lo mejor de la exposición, además de In situ 2, es la serie Mirar al que mira, de 2011, basada en retratos de personajes cuyos nombres figuran en Agradecimientos. Estamos ante retratos individualizados, como tales figuran en la exposición, que se fotografiaron de espaldas para sugerir la contemplación del paisaje, sin olvidar que son observados por el visitante a la exposición, de ahí el título de la serie. Personajes quietos y ensimismados ante la belleza circundante. Lo que contemplan es muy variado. A destacar, y mucho, el gran acierto artístico de los fondos, que son registrados por la cámara para mostrar territorios diáfanos, enigmáticos y ambiguos, siempre con impecable sentido del color y de la luz. Todo más que muy bien integrado.
Queda la serie Falso reconocimiento, de 2011, con el bosque y sus correspondientes claros como gran protagonista. Estamos ante maderas recogidas de donde sea, por ejemplo de la construcción, como evidente ejemplo del objeto encontrado para transformarlo en arte. Maderas que son esculturas por simple acoplamiento. El problema es que tal como se han integrado las partes carecen de gracia escultórica, son feas, razón para su nulo encaje con el entorno. Ni digamos cuando el tamaño es tan gigantesco que opaca el fondo boscoso o cuando produce la sensación de acumular por acumular las partes, en ambos casos para configurar una escultura. No existe ni el vacío. Hay excepciones. Por ejemplo Falso reconocimiento 26.08.11 A o Falso reconocimiento 27.08.11 B., como ejemplos de buenas composiciones y el tamaño adecuado para incorporarlo al entorno.
Concluyamos. Vamos a imaginar que suprimimos los elementos incorporados al bosque, algo muy fácil de realizar. ¿Qué queda? Un paisaje anodino, más que elemental. Ni procede citar los extraordinarios paisajes de tantos fotógrafos españoles en los últimos cien años. Consideramos, con todo respeto, que la idea, como punto de partida a desarrollar, ha predominado sobre el concepto artístico, siempre con las excepciones citadas. Excepciones, verdaderas obras de arte, que significan algo muy sencillo: Javier Almalé y Jesús Bondía son artistas, ya lo demostraron como pintores, pero el tema de la exposición, visto en conjunto, lo han enfocado sin alma creativa.