El dieciséis de mayo, y hasta noviembre de 2015, abre sus puertas la Iglesia románico-mudéjar, ya restaurada, de Santiago en Alba de Tormes, para presentar una exposición de alfarería, haciéndola coincidir con los actos que la fundación Las Edades del Hombre desarrolla a lo largo de 2015, con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa y que tiene junto con Ávila, sede en Alba de Tormes, en ambos lugares se podrá ver la gran exposición de arte sacro.
El verdadero motivo de esta exposición es rendir un merecido homenaje a los cientos de alfareros albenses que a lo largo de los siglos han convertido a esta villa en un centro alfarero de fama internacional. Desde hace muchos años ha habido gran interés por esta alfarería, la idea era montar una muestra de Alba para Alba,en la que todos sus alfareros estuvieran presentes a través de sus obras.
Alba es de tradición alfarera por los cuatro costados desde hace siglos, en cualquier casa, iglesia o en el mismo castillo, al ser restaurados, aparecen en sus cimientos vasijas, cántaros, cacharrería…, seguramente los utensilios del ajuar doméstico de Santa Teresa y el resto de las monjas del Monasterio de la Anunciación eran muy parecidos a los cacharros que hoy podemos ver, y posiblemente fueron realizados por los ascendientes de los alfareros de hoy.
El Diccionario de Pascual Madoz, 1850, da cuenta de cuatro fábricas de alfarería de loza común vidriada. Mucha agua ha pasado por el Tormes desde entonces, y mucho ha evolucionado la vida también, sabemos que en 1953 había doce alfares, con cerca de cuarenta alfareros en el oficio, en nuestra primera visita a Alba, en 1981, eran seis los existentes. En junio de 2015, volvemos a Alba y establecemos contacto con uno de los maestros alfareros, Felipe Pérez, al que ya conocimos en 1981, nos informa que en la actualidad hay tres alfares abiertos, y nos habla de la crisis y malos tiempos que corren para estos artesanos y su producción. Ahora el trabajo es mucho más ornamental, se ha aumentado la decoración, va dirigido al turismo, coleccionistas y encargos.
Ha pasado a la historia la cacharrería de barro para uso domestico, así como el de cántaros o botijos para transportar o mantener el agua fresca, esto ha llevado al abandono y desaparición de la mayoría de los alfares de España, no es extraño si pensamos que en el momento de auge de la alfarería, la mayoría de los alfareros tenía que compaginar su trabajo en el alfar con otras labores para poder salir adelante. Es imposible en la actualidad mantener un alfar realizando solamente piezas tradicionales.
En esta exposición podemos ver paneles con las fotografías y los nombres de los alfareros y alfareras que a lo largo del tiempo han desarrollado su labor. En un claro recorrido didáctico y evolutivo nos muestra varios apartados, primero todos los utensilios necesarios para desarrollar el oficio, acompañados de todo tipo de información y términos alusivos, como los barreros, lugares de dónde se extraen las tierras, los coladeros, dónde se depositan las tierras y se prepara la arcilla para su posterior uso, los tornos, los hornos…
Las piezas están cronológicamente colocadas, según su evolución y su utilidad desde todo el siglo XX hasta XXI, la más actual. Toda la obra que se muestra ha sido realizada por alfareros albenses que, junto con familiares y amigos, han prestado sus piezaspara esta ocasión, para así poder ser partícipes de este homenaje.
La alfarería albense se caracteriza por ser una de las más bellas y vistosas de Castilla-León, el empleo de juaguete, engobe natural, arcilla de color blanco, en las cenefas decoradas a base de ondas, círculos y flechas, y la armonía de la línea de sus cacharros hacen de sus piezas verdaderas obras de arte. Otro engobe es la greda que por su elevado porcentaje en hierro da ese tono marrón rojizo. Cuando se emplea la greda de fondo se decora con juaguete, si se usa el juaguete de base se decora con greda. Toda la obra albense, a excepción de botijos y cántaros para agua, es vidriada y decorada.
El entorno de la muestra ha sido elegido con esmero, el marco de la Iglesia de Santiago, recién restaurada e inaugurada para esta ocasión. Con el ábside como fondo, han sido colocadas las piezas más características y vistosas de la producción albense, los famosos botijos de filigrana vidriados en color miel, y también algunos en negro, verdadera obra de enrejados y calados, que exige pericia y extraordinaria técnica. Acompañan a estas piezas jarrones, fuentes y platos profusamente decorados.
En los laterales están las piezas tradicionales, fuentes, platos, botijos, ollas, jarras, tinajas, pucheros, tazones, barreños, cántaros y demás utensilios utilizados en el quehacer domestico, vidriados y decorados. También encontramos piezas de nueva creación, unas vidriadas, otras solo decoradas con engobe blanco, son los colores tradicionales empleados en estos alfares. Estas piezas, algunas de gran belleza, van destinadas a fines decorativos.
En el tomo número 3 de Cántaros españoles, de Pablo Torres, editado por Artemos, prologado por nuestro querido amigo desgraciadamente ya desaparecido, Arcadio Blasco, artista, pedagogo, maestroceramista, investigador y conocedor en profundidad en lo relativo a la alfarería, que entre otras muchas nos deja estas hermosas palabras: Probablemente la representación más elocuente de la creatividad se vea reflejada en las manos del alfarero, de la alfarera, cuando, de entre una masa informe de arcilla, como por inspiración, en un milagro siempre sorprendente, asistimos a la aparición del cántaro; el aire quedó atrapado en su interior, una forma rotunda, húmeda, como el ser humano al entrar en la vida viva, está ante nosotros, emocionados de haber asistido, siempre como por primera vez, al nacimiento de otro ser.
No se puede expresar mejor ese respeto y fascinación por la alfarería, estamos totalmente de acuerdo, y nos sumamos al homenaje a todos los alfareros albenses que, a través del tiempo, han desarrollado tan dignamente su labor ancestral.


