Fernando Aladrén, desde el 22 de abril, nació en Madrid el año 1971 y vive en Zaragoza desde los dos años. En un texto del artista, La belleza de lo desechado, marca el territorio con el material usado y el tema con una crítica social y política sobre las ciudades y la naturaleza.
En los cuadros tenemos abstracciones geométricas con trasfondo social, como Otan Nato de Sodio, y esculto-pinturas como Biópolis, con fuertes colores e incorporación de dos edificios, y El incendio de la palabra, con abstracción expresiva e incorporación de volúmenes que evocan a edificios. El exceso formal se da, por ejemplo, en esculto-pinturas tipo Residuos.
Las esculturas, bien para la pared o exentas, se distinguen por su fuerte color, salvo excepciones, y con predominio agresivo pese a la estructura geométrica como en Homo conteiner. El ejemplo de una obra excelente se da en Experimento Bauhaus mediante las formas geométricas controladas para evitar el énfasis expresionista, mientras que Refugios de luz esta pintada de negro con el plano dominante y la perforación del cartón como material.
La sensación, visto el conjunto de su obra, es que debería buscar el ámbito formal con sus infinitas posibilidades, de manera que por sí misma saldría el significado. El sistemático tema perfil crítica social y política, tal como lo plantea, se traduce en un exceso muy diáfano que nada aporta, pues lo vemos cada día en diferentes medios de comunicación.
La colectiva se titula Très bien (muy bien en francés) y se inaugura el 27 de mayo, con la participación de Mariela García Vives, María Jesús García Julián y José de las Muelas.
Mariela García Vives presenta una serie de cuadros con muy diferente temática, como si fueran de tres pintores, lo cual imposibilita un análisis general con cierta profundidad. Descripción de las obras. Tanda de dos abstracciones, impresión digital sobre tela, con énfasis en los colores suaves, etéreos. La bailarina del mar, por otra parte, es un díptico con mar, bailarina y flor. Otros cuadros. Rocío, con dos obras, Gotas de lluvia, a través de dos planos paralelos a la base con estructura geométrica y vida vegetal, y la serie Cielos, consistente en tres cuadros sobre cartulina mediante variedad de colores y el cielo con cambiantes formas abstractas por la proliferación de las nubes.
El enfoque de María Jesús García Julián obedece a dos planteamientos formales muy bien desarrollados. En un conjunto de cuadros pequeño formato, serie Ellas, se enfatiza en sugerencias vitales de figuras femeninas muy disimuladas por la supresión de elementos formales. Otros cuadros de buen nivel, muy bien entonados y atractivos, respiran como si fueran una serie, tal como se comprueba en Días caídos – octubre, Días caídos – Diciembre, Tríptico, en realidad un cuadro rectangular a la base dividido en tres cuadrados, y Regreso. Son abstracciones con gruesa capa matérica mediante planos irregulares, zonas móviles y alguna forma geométrica, sobre todo en Regreso.
El escultor José de las Muelas expone 12 obras. En la exposición tenemos una mezcla temática imposible de conjugar, quizá como si quisiera demostrar sus posibilidades escultóricas. Se pueden ver esculturas abstractas de madera con uso permanente de la curva e incorporación, si procede, de símbolos como las esferas o la Estrella de David. Lo indicado se combina con esculturas figurativas basadas en un pez espada, un delfín, un pato, el perfil de una figura humana vista de frente y una adolescente sentada y desnuda sin facciones, en realidad lo mejor de la exposición.


