Durante el periodo invernal la ciudad de Barbastro presenta una amplia agenda cultural. Entre las actividades que uno puede realizar en este lapso se sitúa la visita a la instalación “Al borde del precipicio” de Steve Gibson, artista británico afincado en Zaragoza que ha desarrollado una extensa trayectoria tanto en tierras aragonesas como en ambientes internacionales. La muestra se dispone en la Sala de Exposiciones Francisco de Goya, la cual pertenece al Centro de la UNED. Dicho espacio con la intervención de Gibson es visitable desde el 12 de enero hasta el 28 de febrero de 2026.
En un primer momento, y tras el acceso al lugar, el visitante siente “el impacto” de lo allí dispuesto. Casi violentado por una serie de expresiones procedentes de las diferentes figuras azules que quieren comunicarse con el cuerpo ajeno a su entorno. Algunas de estas en una posición preminente, sobre columnas que entroncan con nuestro arte mediterráneo clásico, con los viejos orígenes de Grecia y Roma, pero que, a su vez, se ven amenazadas por un mar de plástico que las engulle. Es un destino en el que la humanidad, poco a poco, se ve envuelta; donde la contaminación se torna una amenaza constante que lleva al borde del precipicio los principios morales del ser. Por ello, la elección del material no es algo meramente visual, ya que el cartón es al mismo tiempo una apuesta y una reivindicación. El mensaje es claro, se puede hacer arte con cualquier cosa que a priori pueda ser frágil y prescindible, como ocurre con las doce piezas policromadas. Así reciclando, reconvirtiendo y reinventando el artista ha podido dar una nueva vida a lo aparentemente inservible.
Además, parece ser que el representado en las esculturas es el mismo, aunque con expresiones y poses que lo distinguen de la pieza próxima. Es un llamamiento al reciclaje y a las acciones humanas para salvaguardar el medioambiente, intentando evitar llegar a un punto de “no retorno” que cada día está más cercano.
En cuanto a los aspectos formales expositivos, la sala cuenta con una buena iluminación que permite apreciar las piezas con claridad y sin apenas sombras. Asimismo, el espacio diáfano favorece la interpretación de lo allí expuesto, habiendo un camino sin distorsiones entre sujeto y objeto. No obstante, también hay que decir que esta muestra es totalmente inmersiva debido a la presencia de una pista de audio que termina de redondear la atmosfera planteada por el artista.
Sin duda, una experiencia que tenemos que vivir y una reflexión totalmente necesaria en los tiempos presentes, donde en algunas ocasiones, no sabemos de donde venimos ni hacia donde vamos.