Cuando llegan los días de verano cegadores por la “calura”, precisamente bajo un sol homérico, tengo la curiosa costumbre de releer cantos y libros sueltos, episodios de Homero y Virgilio. Poseo diferentes versiones y, probablemente, la más hermosa en italiano sea la traducción de Annibal Caro, s. XVI, de la Eneida. Muchos conocen mejor a Ulises, en el periplo de su Odisea, llamativas aventuras del astuto héroe. Cuando era niña, en el fondo dudaba que Odisseo anhelara regresar a Itaca, a pesar de lo que argumentaba la historia. Sin embargo, ya en el colegio, me llamaba la atención la epopeya de Eneas, figlio di Anchise, verdadero ejemplo del exiliado. Me impresionó la extraña imagen del héroe que escapaba de Troya llevando al padre Anchise sobre los hombros y a su hijo Ascanio.
Este preámbulo viene al caso porque se han alineado varios elementos que yo relaciono con entusiasmo. Los poemas épicos de Eneide, Iliada y Odisea repescados en el río de Caesar Augusta, el calor inflamado del valle sin viento y la inauguración a mitad de julio de una espléndida exposición en CaixaForum Zaragoza : Agón!
Vuelo hacia la exposición. Se trata de la segunda en colaboración con el British Museum (ya vimos Los Pilares de Europa), y se da la ocasión de contemplar unas 170 obras de la colección del Museo, entre las cuales fragmentos del Mausoleo de Halicarnaso, que han sido cedidas por primera vez para ser expuestas en otras sedes, e incluso restauradas para esta ocasión.
Esta exposición tiene como tema el espíritu competitivo en la sociedad de la antigua Grecia.
A través de las piezas del British Museum vemos la representación de vertientes, no sólo deportivas, sino también en ámbitos de la cultura, las artes, las letras,
El espíritu de competición es el leit motiv que da el cariz para estructurar la muestra en 7 ámbitos.
Deberíamos tener presente que en la antigua Grecia se daba gran importancia a la preparación física y, por tanto, las competiciones y los desafíos servían, no sólo para hacerlos fuertes en la guerra, sino también para afrontar los avatares y momentos adversos de la vida. A diferencia de la educación que se imparte hoy, no tenían marcados los límites de una formación intelectual o deportiva, pues entonces resultaba un binomio indisoluble, ya que se pretendía que los jóvenes recibieran una preparación completa para afrontar la vida como futuros ciudadanos.
En esta interesante exposición, comisariada por Mr. Peter Higgs, especialista en escultura y arquitectura de la antigua Grecia en el British Museum, veremos cómo existe un hilo conductor que liga la competición desde los eventos deportivos a la escuela, la literatura, las artes, el teatro y con glorioso final en la muerte. Un viaje que nos acerca a juegos infantiles que, a pesar de sus 22 siglos, nos resultan familiares, como las “tabas” astragaloi, predecesores de los dados; hasta llegar a los monumentos fúnebres que fueron erigidos en las vías de entrada a las ciudades, con la esperanza de llamar la atención del viandante y ser recordados eternamente. Competición, pues, en la vida y en la muerte.
La sociedad griega estaba impregnada de competitividad. Se competía no sólo entre los atletas, también los poetas, los músicos, pues el imperativo, lo sabemos desde Homero, era ser el primero, el vencedor, y superar a los demás. Aquiles fue educado para ser siempre el mejor.
Aristé, los mejores, en cuerpo y alma. Con una simbiosis entre la belleza física y las virtudes morales.
Al entrar en la exposición, nos recibe una escultura de la Niké alada, hallada en Halicarnaso. Es la personificación de la victoria, figura de mujer con alas, la encontramos al celebrar victorias en competiciones atléticas, artísticas o bélicas. Los vencedores de las competiciones se convierten en símbolos de virtud y gloria. En la victoria hay un indicio de la benignidad de los dioses, el vencedor es su instrumento. La victoria tiene un significado muy elevado , moral y religioso. Existe una relación entre la actividad motora, las honras fúnebres y religiosas. Todos los juegos eran dedicados a los dioses, la finalidad era acercarse a la divinidad, como una especie de purificación o catarsis. Quisiera resaltar en la sala, cerca de una representación de Zeus, una hermosa cabeza de bronce, probablemente un atleta por el gorro ceñido y las facciones con nariz algo torcida, pues no es frecuente que una pieza así se haya respetado y llegado íntegra hasta hoy.
En el segundo ámbito de la muestra, vemos que en los juegos infantiles ya se imponían las reglas para vencer o perder, y también el entrenamiento físico. Galeno afirmaba que la actividad física era fundamental, pues aportaba equilibro entre mente y cuerpo y, por tanto, se traducía en salud.
Y si apuntamos hacia las citas, véase la siguiente: “Con relación a cada individuo, la primera y más brillante de las victorias es la que se consigue sobre sí mismo”, de Platón. Permitan que les cuente una curiosidad –muchos ya lo saben- ; Platón en realidad se llamaba Aristocle, pero su maestro de gimnasia le llamó Platón, que en griego significa “de anchas espaldas”.
En el ámbito de las competiciones deportivas se mostraba ampliamente el espíritu agonista. Sabemos que las ciudades-estado de Grecia, organizaban muchos juegos, tanto a nivel local como los que hacían partícipes a otros lugares de importancia panhelénica. Veremos que incluso se interrumpían los conflictos para poder celebrar dichos juegos. Tenemos en mente las famosas Olimpiadas, pero hay muchas más competiciones panatenaicas , juegos délficos, o ístmicos. En algunos también estaban comprendidos premios en música, dramaturgia y poesía.
Recordamos disciplinas stàdion, pentatlón, pancratio, oplitodromia… Entre tantas, una ánfora trofeo panatenaica (c. 500 a.C.) con dos atletas a caballo.
Pues bien, el atleta que ganaba, además de la fama, merecía la celebración en su ciudad de procedencia, donde tenía derecho a una estatua conmemorativa, y a pensiones y derecho a disfrutar de alimentación gratuita. Deberíamos tener presente que para los griegos no era tanto una actividad deportiva lúdica, sino una verdadera formación de carácter. De hecho, en el pódium no existía un segundo o tercer lugar. Sólo el vencedor contaba, y no había espíritu de equipo. El premio consistía en una corona de olivo. Athlon, premio, una corona de olivo salvaje. Lo importante era vencer, pues la victoria daba la gloria y era el modo de acercarse a los dioses.
Agón, competición, desafío, lucha …
En ese ámbito de juegos y competiciones deportivas, si no recuerdo mal, el más antiguo testimonio que podemos consultar es en la Iliada de Homero, donde se hace una detallada descripción de las competiciones deportivas organizadas por Aquiles celebrando los funerales de Patroclo. Cabe citar en este aspecto, que las mujeres no podían participar en las competiciones, ni asistir como público. A este respecto, recordé un detalle de mis tiempos escolares y mi predilección hípica, y pregunté a Mr. Higgs si mi noción era verosímil, ya que la participación femenina se producía sólo si eran propietarias de caballos en las carreras, y lo confirmó. La exclusión de la mujer en las competiciones queda comprobada en la iconografía; los competidores eran hombres, desnudos y descalzos.
En cuanto a las competiciones teatrales y musicales, bien conocemos la fama de autores de tragedias, sátiras y comedias. Ganadores de premios fueron Esquilo, Sófocles, Eurípide y Aristófanes. Vemos una base cilíndrica de Halicarnaso con las nueve musas.
Cuando nos referimos a los enfrentamientos bélicos, resulta casi obvio que entre cientos de ciudades-estado, surgieran litigios y conflictos que llevaban a la guerra. No a caso los niños empezaban su adiestramiento militar a los siete años.
En el arte tenemos innumerables ejemplos de batalas tanto históricas como míticas, con la participación de dioses al lado de sus protegidos. Los ejércitos estaban formados por ciudadanos-soldado, llamados hoplitas, y menor presencia de caballeros, de clase alta que podían mantener los caballos. De gran finura me parece un bozal de caballo, kapistrioi, realizado en marfil y bronce.
En el ámbito sexto contemplamos representaciones de lo que estamos acostumbrados a ver en arte frente a las epopeyas con sus grandes héroes, y la intervención de los dioses del Olimpo. En la exposición vemos varios de los “trabajos” de Heracles (Hércules) y la famosa guerra de Troya.
Dulcis in fundo, nos aproximamos a las piezas procedentes del mausoleo de Halicarnaso, tumba del rey Mausolo. Una de las siete maravillas del mundo antiguo (si no recuerdo mal, era la 3ª en la famosa lista). Es la primera vez que el British Museum cede estas piezas para ser expuestas, y han sido restauradas para esta ocasión. No les parece suficiente emoción para visitar la muestra? Habría mucho que contar al respecto, pero me parece más estimulante y enigmático dejarles frente a esos fragmentos, piezas de una gigantesca tumba que podía verse desde la lejanía del mar. Una maravillosa cabeza de león, símbolo y custodio, un bello y delicado friso con escena de Amazonomaquia que tiembla desde hace 25 siglos luchando por capturar nuestra mirada, y la emoción de un tiempo pasado que se fue, pero que perdura eterno en nuestro destino de humanidad.