Vicente Pascual Rodrigo (Zaragoza, 1955-Utebo, 2008) formó con Angel Pascual la "Hermandad Pictórica" en 1972, que estuvo activa hasta 1989. Tras una larga estancia en Oriente, en 1975 cambió su estilo tendiendo hacia un platonismo trascendental. En 1992, tras más de una década trabajando en Campanet (Mallorca), trasladó su estudio a los Estados Unidos, instalándose primeramente en Bloomington (Indiana), y Washington D.C.: allí avanzó hacia una abstracción geometrías fundamentales y a una coloración más austera.
A mediados de 2003 regresó a España instalando su estudio primero en Tarazona y luego en Utebo, donde presentó en el Centro Cultural Mariano Mesonada la exposición “No hay vino si no hay agua” entre el 18 de junio y el 3 de agosto de 2008.
Poeta, artista, artista o poeta Vicente Pascual nos cautivó desde el primer instante en que tuvimos la suerte de conocerlo. Poco podría imaginar hace unos años de lo que una persona como Vicente podía aportar a este espacio desde el que medito. Silencioso pero a la vez trasgresor, Vicente Pascual supo tocar con esa delicadeza que le caracteriza cuantos estilos ha querido y fruto de ello es el grado de perfeccionamiento adquirido sobre su actuales y móviles formas geométricas inmersas en un mundo imaginario.
Estilo, perfección pero sobre todo continuidad y culminación es lo que se podía apreciar en su trabajo perfectamente pensado y genialmente distribuido de tal forma que nada quedaba al azar y todo estaba en su lugar, perfectamente estudiado.
Da igual que hablemos de pequeña obra en papel o de sus composiciones de lienzos capaces de confundir al visitante con una puerta a otro mundo. Todas ellas coincidían en un paralelismo de ideas y en un lenguaje común.
Fiel a sus inicios, amante de la naturaleza y conocedor de otras culturas, plasmó la esencia de todas ellas en su obra con una calidad y un acabado exquisito, confiriéndole a su creación un estilo propio que le ha dado su lugar en el arte.
A lo largo del camino, muchas veces duro, de nuestra vida, ésta nos regala la presencia de un ser irrepetible como Vicente. Una persona que su sola presencia irradiaba tanta paz, que todo aquel que estaba a su lado se sentía dichoso.
Cada palabra que pronunció, quedará sellada en mi memoria.
Cada gesto que hizo, quedará grabado en mi retina.
Cada colaboración que nos brindó, quedará para siempre en mi recuerdo.
Pero sobre todo CADA SILENCIO QUE COMPARTIMOS NOS UNIÓ PARA SIEMPRE CONTIGO.