Hasta la presente exposición nuestro conocimiento de sus cuadros se limitaba a los captados en el estudio, con luz íntima, a raíz de las suculentas y generosas fiestas organizadas por Miguel Ángel Yus con jamón serrano, vino tinto, tapas, declamación de poemas y dispares cánticos para celebrar la felicidad compartida. Perfecto y que se repita con periodicidad. Sus obras se pueden contemplar en la galería Cristina Marín del 12 de septiembre al 10 de octubre.
Estamos ante 25 cuadros, de tamaño medio y gran formato, fechados en los años 2012 y 2013, siempre dentro de un diáfano expresionismo abstracto. De momento dejamos constancia de algunos títulos, para nosotros más que sugestivos, como Abstracción sentimental, Este sabor en la memoria, Luminosa y remota o Huellas fusión del tiempo, que demuestran refinamiento y toque profundo del artista. También conviene insistir que estamos ante un perfecto colorista mediante el uso de un color dominante en cada cuadro que se anima y vuelve más complejo con la incorporación de otros colores, pero como norma dentro de un movimiento generalizado entre sutil por medio quieto y estallante. Tan generosa variedad cromática, se acompaña por un cambiante movimiento y dispar uso del espacio, desde el gran tamaño a lo que hemos definido en otras ocasiones como microespacios, con lo cual cada cuadro se transforma en un constante ir y venir de la mirada hasta captar el conjunto desde un ángulo abarcador. A sumar la extraordinaria plasmación de los irregulares planos, a veces quietos pero casi siempre dinámico-explosivos En cuanto a la variedad de significados cabe sugerir que en la mayoría de los cuadros vibra un matiz poderoso, dominante, mientras que en otros es lo mismo pero con un principio de sutilidad menos agresiva. Si quieres amenazantes manchas oscuras flotando por doquier ahí esta el cuadro Abstracción sentimental, que suspiras por el énfasis del misterio insondable con especiales fondos penetra en el cuadro Huellas fusión del tiempo, que te derrite el hostiazo violento en plena cara elige cualquiera con los grandes planos conectados y móviles dispuestos a engullirte. Como es lógico son consejos al visitante de la exposición. En sus últimos cuadros, salvo error, asistimos a una concentración de los irregulares planos, siempre de menor tamaño, y un matizado uso del movimiento, que auguran un nueva línea muy difícil de precisar.
Miguel Ángel Yus, en definitiva, posa temas de muy dispar índole que apelan a la eterna condición humana, siempre ineludible, desde luego con un exigente enfoque crítico inundado de belleza cromática y formal.