Abrir por este final

Tras ganar el premio de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte a la mejor labor de promoción del arte contemporáneo en 2020, ahora A3RTE –acelerador artístico promovido por ENATE y coordinado por Impact Hub Zaragoza– culmina la primera edición de su beca de comisariado –que ganó la artista e historiadora del arte Lorena Domingo– y de sus becas de producción –otorgadas a Alejandro Azón, Natalia Escudero, Jorge Isla y Leticia Martínez– con una exposición dentro de la sede de Enate en Salas Bajas (Huesca).

Lorena Domingo, estupenda artista y excepcional comunicadora, nos ofreció una locuaz introducción sobre el antropoceno, los ecofeminismos y la problematización de la estética ambiental, a los miembros de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte y público en general cuando visitamos la exposición con motivo de la entrega de premios AACA 2020. Ha titulado la exposición "Open this End", como la indicación que se pone en las cajas de embalaje para asegurar que al trasportarlas se apoyen y abran adecuadamente. Al parecer es una advertencia agorera sobre nuestra cultura de consumo, que está marcando el inicio de un final del mundo, al menos tal como lo conocíamos. Aunque bien podría ser también una alusión al espacio expositivo, instalado en la parte de ingreso a una sala en forma de T, justo delante de la galería transversal donde los visitantes de la bodega pueden contemplar la muestra permanente de su colección de obras de arte contemporáneo –muchas de las cuales se encargaron a artistas de renombre expresamente para ilustrar etiquetas de sus vinos–. Así pues, antes de llegar a los grandes maestros, se abre el espacio dedicado al arte con obras de jóvenes artistas aragoneses… Cada uno podrá interpretar el título como mejor le parezca al hacer su visita.

Yo la comencé con las obras del artista para mí más conocido, Alejandro Azón, muy concienciado desde hace años con la (in)cultura de quienes consumen y tiran cosas por cualquier lado, aunque a él esos objetos encontrados al caminar por parajes suburbanos le inspiran monumentales cuadros de raigambre Pop en su iconografía, aunque no sean para nada planos sus colores, pues su toque personal consiste precisamente en la superposición en relieve de capas que sabe sumar con procedimientos técnicos sofisticados, y que complementa con cartografías localizando con meticulosidad de arqueólogo el lugar donde fue encontrado el objeto representado.

Son muchas las concomitancias temáticas –igualmente alusivas a la cultura contemporánea de consumismo y desperdicio material– con la vecina instalación de Jorge Isla, quien últimamente ha convertido las pantallas rotas de teléfonos móviles en su material de trabajo más característico. Estos objetos omnipresentes en nuestra vida cotidiana son ufano icono de modernidad y también el instrumento más común de nuestra alienación de la realidad, hacia otras vidas o relaciones virtuales… Pero esta vez Jorge ha colocado esas pantallas rotas colgando de unas cepas, como los cuerpos descuartizados que representó Goya pendiendo de árboles en algunos grabados de los Desastres de la Guerra. Según nos explicó Lorena las viñas figuran aquí como alegoría del mundo natural, y también como un homenaje a los viñedos, que rodean a la moderna bodega Enate.  ¡No iba a ser exclusiva de California la fusión de nuevas tecnologías y cultura del vino!

Al lado está la instalación Seismic Scores de Natalia Escudero, que también presenta una pantalla –para visionar un audiovisual– y algunos objetos rotos, pero son platos, cuya presencia no se refiere a peleas conyugales sino a la estética japonesa de la perfección en la cerámica tradicional conjugada con la filosofía wabi-sabi de la belleza de imperfección. Se entiende mejor gracias a la pieza audiovisual titulada Archipiélago, alusiva a la destrucción provocada por los terremotos en Japón, que Natalia vivió durante su estancia en Tokio en 2019. Esta reflexiva actitud de aceptación de que todo accidente es parte de la vida nos deja un poco menos pesimistas.

Y en un tono más optimista culminé la visita con la creación escultórica de Leticia Martínez inspirada en un detalle de El jardín de las delicias de El Bosco. De hecho, con una mezcla de humor socarrón y revisionismo cultural, es una referencia al jardín del paraíso y las utopías ancestrales, de un mundo feliz anterior a la historia humana. Quizá esta parte de mitología originaria sería el comienzo ideal en orden cronológico de la narrativa expositiva, todo depende de con qué final se prefiere acabar. ¿Open this End?