Nada muestra más la ausencia que el hueco del vacío. O eso es, al menos, lo que debió pensar el equipo encargado de diseñar el nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas cuando, tras la enorme cristalera que rodea sus principales salas, decidió colocar las seis cariátides del Erecteón, uno de los principales templos del conjunto histórico, en forma de U, sobre un enorme altar blanco. Aunque, realmente, solo fueron cinco. La sexta, solo imaginada a través del aire que pasa entre las demás y una huella cuadrada, todavía hoy sigue en el Museo Británico. Otras veces, esa ausencia se refleja en un contraste. Un cambio tan apreciable como el del yeso intacto y níveo que brilla con la luz de la cristalera de la sala principal de ese museo y que desvela que, a comparación de las otras piedras de mármol desgastado, prácticamente la mitad del friso del Partenón, su atracción principal, es una mera réplica que trata de subsanar esa ausencia, nuevamente, fomentada por la institución londinense.
El friso del Partenón y las reclamaciones del Estado griego tejen el primer capítulo –el principal por tradición y pulso mediático- de ‘Arte Secuestrado’, el primer libro de divulgación no académico de sus dos autoras, la profesora de investigación en el CNRS francés Catharine Titi, y la profesora-catedrática de derecho internacional privado de la Universidad de Zaragoza, Katia Fach, ambas expertas en derecho del patrimonio cultural e internacional. De su pasión por estas cuestiones nace dicha obra, cuya tesis es clara desde un inicio: es necesario llevar a cabo una gran restitución de gran parte del patrimonio que subyace en los llamados “museos universales”, para sanar la identidad de los pueblos del que fue arrebatado.
Centros como el Louvre, el Museo de Pérgamo o el infame Británico –cuya hiperfijación en el volumen viene justificada por su reticencia al diálogo- deben devolver aquellas piezas que no fueron adquiridas de una forma ética o legal. En este debate entran como agentes pasivos otros objetos patrimoniales, como el Penacho de Moctezuma o los Bronces de Benín, y la reclamación viene fundamentalmente exigida hacia un entorno occidental, una relación que las autoras tachan de “neocolonialismo”, y que afecta a prácticamente la totalidad de los continentes del globo.
Esta cuestión, que pudiera parecer densa y jurídicamente poblada, es trazada en el libro con un lenguaje divulgativo y accesible, mientras que el derecho se emplea para desmentir o, como mínimo, cuestionar el argumentario de estas galerías para negar a restituir las piezas. Las autoras apelan al anacronismo de ciertas colecciones o a la escasa coherencia en sus acciones para justificarlo, y apuntan a una visión contemporánea alejada de ideologías políticas, si bien aceptan la no restitución como un modo de dominación “blanda” o de ensalzamiento nacional. Relatan el pasado de los objetos, quiénes y por qué lo extrajeron de su patria de origen, y por qué no han regresado todavía, citando documentos, cartas y otros escritos que los relacionen para dibujar su recorrido histórico.
La accesibilidad del libro no pelea con su argumentación, y menos con su extensa bibliografía, pese a que se preste a continuar más ampliamente en futuros volúmenes, pues no son únicamente 6 las piezas que, a su juicio, deberían estar siendo empacadas y trasladadas a sus naciones de origen. El “colonialismo interno” –interesante para una próxima tirada- también es una realidad que Titi y Fach comparten, y que supone la misma situación dentro de las fronteras de un solo Estado –muy sonadas son las reclamaciones, por ejemplo, que piden la vuelta a Elche de su dama íbera-.
Las autoras invitan a una reflexión. A un cuestionamiento de la rutina occidental de pasear por centros europeos en los que se almacenan objetos sagrados etíopes, mexicas o indonesios sin reparar en sus orígenes. Es una publicación que no busca culpar al consumidor por su comportamiento, sino dotarle de las herramientas de reflexión para que elabore un juicio propio y, a raíz de ahí, preguntarse si es necesaria la vuelta a “casa” de algunas piezas saqueadas o robadas, o, como mínimo, una relectura de estas colecciones.
La temática de la restitución artística es compleja, pero el modo de escritura lo torna comprensible para el público general, y le invita a descubrir tesoros de regiones desconocidas a la par que lo mezcla con esculturas o figuras más reconocibles. La selección de capítulos busca una radiografía general de espacios ligados a la dominación occidental, pero cada uno muestra un lado diferente de ese prisma: los restos humanos, el robo injustificado, el botín de guerra… Un completo primer acercamiento a esta materia que, gracias a la naturaleza cambiante y actual de la temática, permite hilar su contenido con el presente.


