Las Cortes de Aragón exponen ocho obras pictóricas de su colección, la selección ha sido realizada por ocho escritores aragoneses o vinculados con Aragón, el modo de efectuarla ha sido mediante una elección personal tras contemplar los fondos que esta Institución ha reunido durante cuarenta años. Muchas veces se les ha pedido a escritores que vuelquen su creatividad y su percepción a través de lo que les evoca una obra de arte, como si se tratase de una mancha de Rorschach, o éstos de modo propio deciden manifestarse a través de las emociones que les produce. Esta coordinación entre escritor y artista por la elección libre del pintor y la obra, puede realizarse a través de un flechazo que posteriormente se convierte en diálogo con la obra, o a través de la convivencia con la obra, como es el caso de la película de Domingo Moreno, Vislumbre, donde tres escritores, Adolfo Ayuso, Soledad Puértolas y Fernando Sanmartín, conviven cada uno con un cuadro del artista Ignacio Fortún y nos cuentan las sensaciones que este vivir diario con la obra les va produciendo.
En la exposición que nos ocupa, Patricia Esteban Erlés ha elegido la obra de Ignacio Fortún Avenida de América (2006), sobre placa de zinc, perteneciente a su serie Tránsito, en la que quedamente cuenta historias de las tristes e impersonales estaciones de autobuses, andenes, salas de espera.. .En el texto, Ida, la autora rememora viajes de fin de semana realizados en otros tiempos, imaginando en la somnolencia de la noche vidas de otros pasajeros. Cuadro nocturno en el que la luz es protagonista como en Vista de Zaragoza al anochecer (2009) de Pepe Cerdá, pintor que domina totalmente las luces, y que inspira a Ignacio Martínez de Pisón, que destaca la atípica vista de la ciudad, ya que no se centra en sus monumentos, sino en una carretera secundaria, con torres de alta tensión y próxima a las vías del tren.
Irene Vallejo, la autora que con tanta sensibilidad nos ha introducido en el mundo clásico, se decanta por Un jardín para Petronila (2016), de Lina Vila, acuarela realizada para la Sala de Doña Petronila en Huesca, en el que a modo de detalle del idílico Jardín del Paraíso, rememora la vida retirada que llevó la reina tras la abdicación en su hijo Alfonso II. Vallejo escribe Paraiso confinado, en el que cuenta los orígenes del jardín como espacio de reclusión para la mujer, tras tratar los espacios y temas vetados a las mujeres pintoras, se refiere a esta obra como la belleza que no se deja domesticar. Otra obra de connotaciones íntimas es el cuadro de María Buil, Cuando se ha vencido el miedo I (1999), un interior, una anciana sentada en un oscuro rincón de una habitación casi vacía, obra en la que encontramos un clásico juego de espejos. Esta obra sugiere a Manuel Vilas Mortal y negro, un relato pesimista sobre la mujer representada que puede ser cualquier mujer, que él podría haber conocido, y a la que la muerte le está acechando.
Julio José Ordovás selecciona El retrato imaginario de José de la Canal (1978), de Antonio Saura, en el que sobre el sobrio fondo clásico representa de forma abstracta expresionista, en blanco y negro, al imaginado retratado, como forma de desacralizar los grandes retratos de personajes históricos. En esta misma línea escribe Ordovás España Sagrada, infinita relación de vocablos eclesiásticos, referencias a un catolicismo rancio, férreo, casi olvidado, de cilicios, purgatorio, y calderas en el infierno. También dentro de la abstracción se encuentra la obra elegida por Soledad Puértolas, Tu y yo (1952) de Fermín Aguayo, de su etapa zaragozana. En esta obra de tintes cubistas con negros trazos expresionistas, predominan los tonos sombríos tierras, verdes y grises. No es la primera vez que Puértolas escribe, conferencia o habla sobre pintura, y no es tampoco la primera vez que elige un cuadro de este pintor, afirma que la pintura de Aguayo ejerce sobre ella un poder mágico dejándole sensación de melancolía y misterio.
Coche (2006) de Fernando Martín Godoy, inspira Película con coche a Daniel Gascón, que imagina un detallado relato en el que el sol de la tarde y una familia que va de visita son los protagonistas, a la par que el interior de una casa y del coche. El cuadro de Martín Godoy de casi un único color rojo anaranjado lleno de matices, presenta un escenario vacío en el que a la manera de la pintura metafísica hay total ausencia de vida. Igual que vacía esta la España rural que Sergio del Molino, describe en su libro La España vacía, autor que escoge la obra de José Beulas, Desertización de Cuarte (1984), contemplamos un paisaje dominado por pequeños montes de pobre vegetación que limitan la tierra arada de hendiduras casi negras, alternadas con tonos sienas y pajizos. Del Molino ve, al igual que el artista, la belleza de los surcos arañados en la aridez de esta tierra nuestra, y habla de amor al primer zarpazo, de paisajes de gusto adquirido, que exigen una disciplina, un método.
Arte y literatura se unen en fecunda interacción, cada escritor aporta a la obra elegida su propio arte, su mirada única entre las infinitas miradas posibles.