1812-2012. Una mirada contemporánea. Intervenciones artísticas, Cristina Lucas.

 

             Acción Cultural Española (AC/E) ha querido conmemorar el bicentenario de nuestra primera carta magna, la Constitución de Cádiz, promulgada el 19 de marzode 1812 en  dicha ciudad, con el proyecto 1812-2012. Una mirada contemporánea. Intervenciones artísticas.

            Jorge Díaz, comisario del proyecto, propuso a dieciocho artistas trascender el mero aporte conmemorativo y reflexionar acerca de los conceptos de derechos, libertades, ciudadanía y participación que proponía la Constitución de Cádiz. Partiendo cada uno de los artistas de un artículo concreto de “La Pepa”, diecisiete ciudades españolas han sido testigo, del 29 de noviembre de 2011 al 25 de marzo de 2012 de diferentes propuestas artísticas: ilustración, música, audiovisual e internet.

            Cristina Lucas (Jaén, 1973) ha escogido el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza para presentarnos su videoinstalación Hacia lo salvaje (10 de diciembre de 2011-25 de marzo de 2012), trabajo en el que han cristalizado las investigaciones que la artista lleva realizando desde hace casi una década en torno a los conceptos de nación, Ilustración, ciudadanía y condición animal de la mujer.

            Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid (1993-1998), Cristina Lucas completó su formación entre Ámsterdam, Nueva York, Madrid y California. Merecedora de numerosos premios y becas, el trabajo de esta consolidada artista ha podido verse dentro y fuera de nuestro país.

           Las acciones, la instalación, la fotografía, el vídeo o el dibujo le sirven a la artista como elementos de análisis de las estructuras de poder, siempre desde la perspectiva de la crítica de género. Con una estética literaria de sutil belleza, aborda con ironía, la manera más inteligente y eficaz que conoce el arte, temas socialmente comprometidos como la supremacía en la civilización occidental del discurso patriarcal o el deseo del hombre de dominar la naturaleza. Nótese que cuando decimos “hombre” no nos estamos refiriendo a “ser humano”, sino a una de las mitades de la humanidad, sin incluir a la otra, a la de las mujeres. Y es que la tan aclamada Ilustración pretendió salvar a la humanidad de la tradición, la ignorancia, la superstición y la tiranía arrojando las luces de la razón sobre aquellos que podían transformar el mundo gracias al Antropocentrismo, el Racionalismo, el Pragmatismo y el Universalismo. Estas luces habrían de iluminar a aquellos que podían “empaparse” del Emilio de Rousseau creyendo a pies juntillas que la mujer sólo era la otra parte inevitablemente necesaria del contrato social -léase matrimonio para los más románticos- en el que culminaba el proyecto del individuo como ciudadano ideal. Y, por desgracia, el primer tratado filosófico de educación eclipsó a muchos. Así que aún hoy en día, la otra mitad relegada a la categoría de “ángel del hogar” seguimos intentando disipar las tinieblas que unos cuantos, eso sí, bien influyentes, se afanaron en hacer espesar sobre nuestras cabezas.

          Si bien Hacia lo salvaje fue concebido expresamente para la conmemoración del bicentenario de la Constitución de Cádiz en el marco de 1812-2012. Una mirada contemporánea. Intervenciones artísticas, un largo camino de interesantes trabajos artísticos le ha conducido a esta brillante reflexión, como bien explicó la propia Cristina Lucas en la charla que dio el jueves 23 de febrero en el Auditorio del IAACC Pablo Serrano, broche de oro de la videoinstalación que presentaba en Zaragoza.

            En Pantone (2007) el concepto clásico de nación sirve para ir tiñendo de color el mapa del mundo. El reloj de la historia se pone en marcha en el 500 a.C. y transcurre, otorgándole a cada año el valor de un segundo, hasta el 2007 d.C. Si el mundo se nos presenta en un principio como una abstracción, guerras y matrimonios transformarán los límites territoriales a modo de variaciones cromáticas, para llegar a una  representación del  mundo cada vez más cercana a como lo conocemos hoy día.

           Light Years (2009) registra en variaciones lumínicas las incursiones de los individuos en el complejo terreno de la participación ciudadana. Una caja oscura y, en su interior, un reloj que inicia su marcha en el año 1789. La luz parpadea lentamente en aquel país en el que todavía votan sólo los hombres. El parpadeo acelera su ritmo cuando también pueden votar las mujeres, para quedar la iluminación fija en un país cuando en éste ha conseguido votar el total de la ciudadanía. Así pues, la ciudadanía se nos presenta como un concepto que se va exportando al mundo entero, apareciendo y desapareciendo, iluminando a todos o a unos cuantos.

          La Revolución Francesa pretendió exportar al mundo los principios de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. La Libertad es un principio fundamental del ser humano que debe lucharse, defenderse. Se trata de un concepto activo de enorme complejidad, porque aunque se nos presente como derecho inalienable de todos y todas, también se convierte en una verdad incómoda. La Liberté raisonée (2009) da vida a La Libertad guiando al pueblo (1830) de Delacroix. El movimiento ralentizado de la acción nos permite fijar la atención hasta en el más mínimo detalle. La Historia del Arte registró en dicha pintura lo que la artista ahora pretende culminar con el vídeo. Pero el final de esa historia no es lo que siempre imaginamos: la Libertad acaba siendo derribada y apaleada por aquellos que la seguían. Personificada la Libertad por una mujer joven, bella y semidesnuda, es acallada por hombres de los diferentes estamentos sociales. Históricamente, conceptos como “nación”, “República”, “justicia”, “fe”, “patria” y un largo etcétera siempre se han representado de la misma forma, como una joven de presencia imponente, con mucho que decir, a pesar de que en la realidad la mujer estuviera relegada al ámbito de lo privado. Paradojas de la vida. No olvidemos que esta feminización también tuvo que “sufrirla”  la Constitución española de 1812, conocida como “La Pepa”, detalle irrespetuoso por lo familiar del apodo.

           El discriminatorio “tú no” encontró legitimación en el primer tratado filosófico sobre la educación del hombre ideal: el Emilio (1762). Su autor, el filósofo ilustrado Rousseau, proponía un sistema educativo para que el “hombre natural” pudiera vivir en una sociedad corrupta. Bien lo recalcaba: el hombre. La mujer era dueña del terreno del amor, no de la naturaleza, ya que sus capacidades se reducían al terreno del hogar. La compañera de Emilio, irónicamente, recibía el nombre de Sofía (Sabiduría). Las enseñanzas de Rousseau han causado muchas víctimas intelectuales. Pero como desde la tragedia es imposible avanzar, Cristina Lucas hace uso del humor en Rousseau y Sophie (2007). Esta videoproyección registra una performance en la que un grupo de mujeres de diferentes edades ajusta cuentas con el ilustrado. Un busto de Rousseau preside la Plaza de las Salesas, en Madrid. In situ, la Orquesta Botosani ofrece acompañamiento musical a las palabras del Emilio, telón de fondo de una animada reprimenda, capones incluidos, a uno de los padres del Siglo de las Luces.

         Virginia Woolf reclamaba para la mujer que se quería dedicar a la creación literaria una habitación propia y una independencia económica. Frente a sus demandas, muchos han sido los intelectuales que han comparado a una mujer que escribe con un perro que intenta caminar sobre sus patas traseras: no lo hace bien, pero lo intenta. Véjer (Cádiz) se convierte en el escenario de Tú también puedes caminar (2006), filmación de la amable historia, al menos en apariencia, de unos perros que se emancipan y comienzan a caminar juntos, aunque sea sin un rumbo concreto. Este primer contacto con la idea de “animalizar” a la mujer madurará en Hacia lo salvaje.

         Investigando para este proyecto conmemorativo, Cristina Lucas tuvo acceso a varios documentos que registraban el castigo medieval de “emplumar”. Presente en Europa desde el siglo XII, esta medida punitiva se extendió a las colonias. En los años de nuestra primera carta magna, en Venezuela, la joven Teresa Heredia fue acusada y condenada por insurgente. El imaginativo castigo, impuesto principalmente a mujeres, consistía en cortar el pelo a la condenada, desnudarle de cintura para arriba, bañarle en alquitrán, pegarle plumas y pasearle por el pueblo para su pública humillación. Tras esto, se le llevaba al campo y quedaba desterrada de por vida. Incluso en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres que habían mantenido relaciones íntimas con los alemanes sufrieron la misma vejación. Convertida en un animal, la mujer quedaba fuera de toda consideración de ciudadana. Sin embargo, la artista convierte el castigo en una fábula, el escarnio en una decisión personal. Cristina Lucas acude voluntariamente a la institución -en este trabajo el Palacio del Infantado de Guadalajara-. En un ambiente de onírico ensimismamiento, la acción de “emplumar” se convierte sobre el cuerpo de la artista en auténtica poesía visual. Fuera de la norma, porque ella misma lo ha decidido así, puede al fin escapar de la supuesta civilización, de la convención, y empezar de nuevo en el entorno natural, aquel mundo que nunca debió abandonar el “buen salvaje”.

           Cristina Lucas es de esas artistas que se sienten firmemente comprometidas con la historia y con el momento presente. Consciente de que la mujer no ha alcanzado plenamente los derechos que la Ilustración reclamó para la humanidad en el mundo occidental, pretende arrancarle una palabra al patriarca de las tres religiones monoteístas. El Moisés de Miguel Ángel aguarda indefenso el mazo que empuña la artista. Tras la caída de las Torres Gemelas, Cristina Lucas entiende que el siglo XXI es el siglo de la iconoclastia. Pero en Habla (2008), Moisés no es fiel a la anécdota protagonizada por su autor, Miguel Ángel. No habla. Asiste impasible a su destrucción. Ocupa un inmenso espacio blanco, sin mácula. Aséptica sala, impenetrable frialdad la de Moisés. ¿Denuncia así Cristina Lucas la invisibilización de la mujer artista, las dificultades que encuentra para entrar en la institución del Museo, en la Academia, a tenor de las cifras por todos conocidas? ¿O lanza un llamamiento valiente a las mujeres de que la única forma de superar esos obstáculos es rompiendo los esquemas que nos ha impuesto la sociedad patriarcal? Si Nietzsche proponía “filosofar a martillazos”, ¿por qué no intentarlo ahora nosotras?.

           Empiezan a disiparse las tinieblas que sumergieron en el olvido a madres del feminismo como Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft. Es el momento de que los patriarcas escuchen a la otra mitad. Y es que, si el Feminismo es el único movimiento social que sigue activo desde su nacimiento en el siglo XVIII, por algo será. Quizá el presente siglo sea, ahora de verdad, el Siglo de las Luces, para todos los seres humanos.

 

*Agradecemos la cesión de la imagen que ilustra este artículo a su autor, Raúl Belinchón.