“On the Edge”: Reinventando la Torre de Babel

 

My artwork is about imaging my world around me. The styles vary, depending on the landscapes and influences I experience. I don’t necessarily realistically depict a place or the people within the space, but concentrate on capturing the essence and feelings of the landscape or the scene. I believe in immersing myself in different landscapes and countries and my paintings are reflections of my experiences within these said spaces.

                                                                                                              Nichola Doherty[1]

 

El arte prueba una vez más su inagotable capacidad de reinvención y disfruta de lo positivo de las tendencias globalizadoras para ofrecer un panorama de compenetración, de unión y de contrastes en un mismo espacio. Se impulsa, de este modo, un feedback muy enriquecedor entre obras, conceptos e ideas, percepciones de lo artístico y, asimismo, entre los artistas, con sus culturas, conectados con su historia y con sus historias a cuestas. El todo se vuelca en un caos organizado, un diálogo multiplicado, amplificado, armónico, que nos anima a pensar que la coexistencia no sólo es posible, sino deseable.

 

            En esta cuarta edición de la “Mostra D’Arte Internazionale”, la Galleria De’Marchi prueba con éxito que esta integración es fructífera y preciosa en el campo de la plástica.

            La comisaria, Paola Trevisan, ha logrado concitar las miradas de unos ochenta artistas de las más variadas partes del mundo, materializadas en forma de cuatro pequeños échantillons de 20 x 20 centímetros cada uno, por parte de cada artista, como fragmentos que se ensamblan para construir una nueva Torre de Babel sólida y segura.

El único condicionamiento propuesto en estos encargos era ajustarse al título de la muestra – en inglés, con una clara voluntad de internacionalización – y el tamaño de los trabajos presentados.

Las obras se han expuesto siguiendo una organización geométrica y modular, de manera que cada realización se crece en su contraste positivo dentro del conjunto, pues conserva su propio valor pero se optimiza más si cabe su potencial comunicador. Es más, la totalidad funciona como una gran obra realizada por diversas manos, un gran tapiz donde se entretejen concepciones diversas pero no antagónicas. Se genera así una opción de ensamblaje perfecto, traducción cotidiana de las conexiones en redes, donde se establecen enlaces que en ocasiones son aleatorios, pero tienden nuevos puentes de comunicación.

En este sentido, cada pieza funciona como una realidad acotada, pero con la capacidad de extenderse más allá de sus límites, de formar series, conjuntos, pasos de baile, universos abstractos o figurados, no importa.

Incluso, algunos artistas forman una unidad activa con su propia obra, prolongándola en sí mismos. Éste es el caso de Harold Cueva Vásquez, que acude a la inauguración con su ropa pintada como parte de su concepto del hecho artístico, un reflejo del eterno retorno del pensamiento, que se manifiesta en el soporte y regresa al emisor como un mecanismo de retroalimentación. El arte se funde con la vida y se confunde en ella.

Son ejemplos de que el criterio es tan abierto y versátil como debe serlo el propio producto artístico, así algunos autores como Pamela Smith Drewit – con sus esculturas organicistas -, o Mikael Liljeqvist –con su talla en madera y bronce -, aportan variaciones que se alejan del soporte bidimensional, pero mantienen el formato general.

            También se introducen numerosas posibilidades en lo que a técnicas se refiere. Desde las más clásicas y abundantes aquí, como la acuarela, el óleo o el acrílico sobre lienzo, con más o menos texturas, hasta la original incorporación de procesos digitales y analógicos, a manos de Andrea Kuritko, Sandra McArthur o Saskia Visser. Sin embargo, cualquiera que sea el medio empleado, la creatividad y la personalidad están latentes en cada pieza.

            Los modos de representación también son de lo más diferenciado. Desde los guiños naïf explícitos en los ejemplos de Daisy Dahl o Meredith Gaston, a las abstracciones matéricas en Michael Cababe, Richard Heitz, o Inge Thogersen, líricas como en Naqiba Bergefurt, Petra Hemelrijk o Joy Moore. Por supuesto abundan las técnicas mixtas, en madera trabajada por Elaine Alibrandi o por Ethel Denner o poliestireno por parte de Cor Fafiani, o el caso de las figuritas en arcilla sobre panel en el trabajo deAnna Vranckx. Además hay una gran presencia de propuestas paisajísticas en Gerry Knight, Josephine Josephsen o Rebecca Rath, y figurativas, sobre todo como un pretendido homenaje al gran artista boloñés Giorgio Morandi, evidente en los aportes de Jim Cobb. Una propuesta también muy llamativa, es la que nos trae Bernard Teilig, quien mediante técnica mixta y collage, elabora llamativos montajes de los rostros de algunos de los protagonistas políticos del momento, Obama-Gadafi, Merkel-Sarkozy, en un juego crítico que rezuma hilaridad.  

Al contemplar la instalación en su aspecto global, es como una explosión de formas y colores, que van concretizándose obra tras obra, pequeñas, intermitentes y organizadas.

            La diversidad de lenguajes reunidos es tan variada en lo plástico como en el repertorio de nacionalidades representadas, que abarcan los cinco continentes.

Para la selección: il criterio di scelta primario è la qualità artistica dell'autore a cui sempre corrisponde anche grande creatività e gioia nel fare arte (dice Paola Trevisán, en entrevista con la autora).

En este sentido, la propia inauguración se convirtió en la obra artística suprema, pues en ella se entremezclaban ideas, vivencias y personalidades de lo más dispar; los creadores y sus productos en plena interacción. Una Torre de Babel re-inventada, redescubierta, donde latía el deseo de entenderse entre todos sus miembros, en cualquier modalidad de cualquier lenguaje.



[1]Ver catálogo de artistas y obras de la exposición en: TREVISAN, Paola, On the Edge. Mostra d’Arte Internazionale, Bologna, 2011. (p. 50)