Una densa panorámica del ecosistema artístico aragonés entre 1976 y 1995

Aragón y las Artes llega a su tercera entrega, que va de 1976 a 1995, es decir, desde el año del referéndum de Reforma Política al momento de la fundación del Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos. Si los hitos que demarcan el lapso temporal abarcado en esta exposición se encuadran en la historia política y de la gestión cultural, no parece sorprendente que también hayan inspirado su narrativa argumental. Más allá de reunir un muestrario selecto y representativo de aquella época, el principal mérito de las comisarias Eva María Alquézar, Begoña Echegoyen y María Luisa Grau ha sido ofrecernos un relato muy coherente, combinando obras artísticas con materiales históricos en vitrinas y sintéticas glosas textuales, todo ello pautado en nueve secciones bien articuladas. Cada una de ellas comienza con un gran rótulo en mayúsculas y se distingue con un color de fondo. La primera es la titulada Acción y reivindicación cultural durante la Transición,  que presenta –sobre muros apropiadamente rojos– la labor militante del Colectivo Plástico de Zaragoza en 1975-78 con pinturas murales de reivindicación social e icónicos estandartes que los vecinos de barriadas obreras portaban en sus manifestaciones; solo alguno se ha conservado milagrosamente, así que sobre todo hay expuestas fotografías y memorabilia, complementada por libros de la época sobre arte en las calles y un cartel de cuando recaló el Museo Internacional de la Resistencia Salvador Allende en los bajos del Mercado en 1977. Como reservado callejón aparte, hay luego una sala dedicada a la cultura popular underground, El cómic, expresión artística y narrativa para una nueva generación, donde emergen los dibujos –entre sombrías paredes negras– de jóvenes autores que, en torno al colectivo Bustrófedon, se incorporaron en los setenta a revistas contestatarias, como por ejemplo El Pollo Urbano, pero en seguida llegaron los apoyos institucionales que beneficiaron a los dibujantes en los ochenta a partir de las Jornadas Culturales del Cómic del Ayuntamiento de Zaragoza en 1982, y desde 1986 el Certamen Juvenil Aragonés de Cómics de la DGA.

Otros patrocinios de las administraciones públicas dan seguimiento al recorrido principal –volviendo a las paredes rojas, quizá en honor a los partidos en el poder– con una sección titulada Pintando la democracia, sobre los encargos decorativos institucionales como los murales para cuatro cúpulas del Pignatelli, el techo de Antonio Saura para la Diputación de Huesca, o las intervenciones de Broto para el Pabellón de Aragón en la Expo 92. Un edificio icónico que da paso al apartado “Arquitecturas para el ocio”, que sin solución de continuidad –pues los muros siguen siendo rojos– abre la sección Nueva imagen para nuevos tiempos, porque la intensa vida nocturna de los ochenta se identificó con discotecas y bares donde bullía un mundo de creatividad, también reflejado en el vanguardista diseño de salas como MODO o A sangre en Zaragoza, Vértigo en Teruel, o bares con decoraciones de los jóvenes artistas. Era la época dorada de “la Movida”, que también eclosionó entre nosotros polinizando frentes de rebeldía creativa en la esfera pública.

“Enamorado de la moda juvenil” es un apartado que muestra el ansia por salir de la uniformidad en el vestir, plasmada por tantos artistas y fotógrafos en los ochenta. Una década en la que se dedicaron al diseño gráfico muchos creativos como Samuel Aznar y Manuel Estradera, José Luis Cano, Paco Rallo, Víctor Lahuerta o Francisco Meléndez, que renovaron los logos de nuestras instituciones e imprimieron una imagen innovadora a los catálogos de exposiciones o a las nuevas revistas –casi siempre de vida breve, con destacadas excepciones como Turia en Teruel–. Una alegre mezcla de artes emergentes agitaba el programa Arte en la calle de la DGA en Zaragoza, Huesca, Teruel, Tauste, Fraga y Alcañiz, o festivales como En la frontera, que dio cancha al street art en Zaragoza, o las coloridas instalaciones de arte público encargadas por el Ayuntamiento de Zaragoza para embellecer sus barrios, como la Puesta de sol de Fernando Navarro en la glorieta de los Enlaces o La Bañista de Carlos Ochoa en el Jardín de la Memoria de San José, de ahí el nombre de este apartado: “Un espacio urbano en technicolor”.

Es mi favorito en esta 3º planta, aunque también soy fan del contiguo, titulado “El papel de las galerías en el escenario artístico de la democracia” pues con la creación de ARCO el sector ganó visibilidad, destacando en Zaragoza la galería-tienda-bar Pata Gallo y su continuación Caligrama, que programaron exposiciones, conciertos, moda, teatro, u otros actos, además de las galerías de Miguel Marcos, Fernando Latorre y Pepe Rebollo, o la galería y escuela de fotografía Spectrum-Sotos. Otras galerías como Costa 3 y Zaragoza Gráfica, se especializaron en grabados, pero eso se cuenta ya en la sección La obra gráfica despunta como apuesta creativa –con muros verdes– donde se revela la importancia que tuvieron en Zaragoza Salamandra Gráfica, el taller de Maite Ubide, el de Pascual Blanco en la Escuela de Artes, o muy destacadamente el taller de serigrafía de Pepe Bofarull, pero también La Estampa en Huesca, el Taller Valeriano Bécquer en Borja, o el Taller de Grabado del Museo del Grabado en Fuendetodos. Y a otra técnica artística tradicional se dedica luego la sección La cerámica, material ancestral con expresión contemporánea donde –con paredes negras que aumentan el efecto teatral del montaje de las cerámicas sobre un estrado, ante el que por primera vez se nos invita a sentarnos en un banco–  son presentadas sobre podios variadas piezas representativas del esplendor que en los ochenta se vivió en Zaragoza con el colectivo “Cerámica y ceramistas”, que alcanzó gran seguimiento público en la plaza San Felipe, en la galería Ambigú, y en la Feria Nacional de Cerámica Creativa, como queda testimoniado en carteles, fotos y abundante documentación recogida en las vitrinas.

En la 4ª planta se retoma el hilo con otra técnica, la fotografía, en la sección Distintas miradas a través de una lente protagonizada por los trabajos de la Sociedad Fotográfica de Zaragoza y la Galería Spectrum de Julio Álvarez Sotos, quien también colaboró con el Ayuntamiento y las Diputaciones en la organización de exposiciones y festivales de fotografía como Tarazona Foto, Imagenueva y Huesca Imagen, donde triunfaron las fotos aquí expuestas –sobre paredes negras–.  Luego –en muros también negros– vine la sección dedicada al cine, Del super 8 a la videocreación, que comienza rindiendo homenaje a los grandes cineastas aragoneses Luis Buñuel, José María Forqué, José Luis Borau, y Carlos Saura, activos en otras tierras, pero también se recuerda a los que en Aragón cultivaron el cine independiente como Alejo Lorén y los hermanos Sánchez Millán, los documentales etnográficos de Eugenio Monesma o Julio Alvar, así como los inicios de la televisión con Antonio Páramo. Aunque la gran sorpresa para mí ha sido el vídeo de joteros titulado Centauro, que hizo Javier Codesal en 1988 y también he aprendido la existencia de una productora cinematográfica iniciativa de la Asociación Cineceta, a la que tomó luego el testigo la Asociación Alucine.

Luego viene una amplísima sección, Las artes plásticas, bandera para las instituciones de la democracia, apoteósico reino absoluto –entre paredes azules– de la pintura y escultura. Hubiera resultado algo enmarañado un relato estructurado por grupos, generaciones o individualidades, así que los sucesivos capítulos siguen desgranando aspectos de la escena cultural que marcaron aquella época. El primero, que se titula “Museos para el arte contemporáneo”, nos recuerda que surgieron entonces museos especializados en pintura y escultura del siglo XX, como el Museo de Arte Contemporáneo del Alto Aragón dirigido por Félix Ferrer en Huesca con donaciones y depósitos de los artistas –yo destacaría un interesante cuadro de Teresa Ramón– mientras duró el apoyo de la Diputación entre 1975 y 1987; en cambio el Museo Aragonés de Arte Contemporáneo promovido por Federico Torralba en Veruela entre 1976 y 1988 se formó con ambiciosas compras –impresionante el gran cuadro de Natalio Bayo–; luego viene el Museo del Dibujo inaugurado en 1986 por la asociación Amigos de Serrablo, liderada por Julio Gavín, quien consiguió abundantes donaciones de sus amigos artistas –entre ellos Javier Sauras, representado aquí por un dibujo que yo desconocía– con un entusiasmo que se mantiene vivo en el castillo de Larrés; en cambio, no llegó a nacer el Museo Aragonés de Arte Contemporáneo creado por decreto del Gobierno de Aragón en 1993 para el que su directora, Concha Lomba, hizo importantes adquisiciones –por ejemplo, un espléndido cuadro de Salvador Victoria, titulado Remes–; por fin el Museo Pablo Serrano, abierto en 1994, que al año siguiente dará lugar al IAACC.

Para no desairar a los turolenses se ha incluido en este apartado al Museo de Teruel, una institución no especializada en arte contemporáneo, pero que desde 1985 disfrutó de nueva sede, con abundantes las exposiciones y adquisiciones de arte contemporáneo, sobre todo gracias a las Becas Endesa a partir de 1989 –uno de los primeros becarios fue Dis Berlín, del que se muestra aquí una divertida escultura: Sillón de Matisse–; con ello pasamos al apartado “Premios y certámenes para nuevos creadores”: el San Jorge e Isabel de Portugal de la IFC –a mí me ha encantado por su realismo mágico el cuadro El mar, de Iris Lázaro–, el Concurso Nacional de Pintura Teruel, el Premio de Pintura Francisco Pradilla de Villanueva de Gállego, el Certamen de Artes Plásticas Villa de Tauste, el Taller de Escultura de Calatorao – para no pecar de farragoso no puedo destacar ejemplos en cada caso, pero aquí he de citar la escultura Sendero de Santiago Gimeno–, el Certamen Juvenil de Artes Plásticas de la DGA –en el que ganó primer premio una curiosa cajita sin título de Mario de Ayguavives–, el Certamen de Pintura Fundación Nueva Empresa, las exposiciones en el Museo Pablo Serrano –hay una gran escultura de Ricardo Calero, emparejada con dos cuadros de Santiago Arranz y Alicia Vela –, en el Museo de Zaragoza y en la Escuela de Artes Aplicadas, la Lonja, el Palacio de Sástago, el Museo Pablo Gargallo, el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, la Aljafería –un gran cuadro de Mariano Viejo de la colección de las Cortes de Aragón–, el Instituto de Bachillerato Mixto 4 –donde se expuso una abstracta Cascada pintada por Izaskun Arrieta, el Ayuntamiento de Huesca –sendos cuadros de Antonio Saura y Víctor Mira–, la Diputación de Huesca –han puesto la famosa foto que Richard Long hizo de su intervención en la Maladeta, con la que se abrió en 1994 el proyecto “Arte y Naturaleza”–, y en las salas de la CAZAR –hay una pintura de Sergio Abraín expuesta en la Sala Torrenueva más otras de Pilar Urbano y Lorén Ros que fueron mostradas en la nueva sede central de Ibercaja–, o de la CAI –un cuadro de Julia Dorado expuesto en la Sala Barbasán y, como colofón, en recuerdo de una exposición individual que la Sala Luzán dedicó a un proyecto de Teresa Salcedo para la iglesia de San Miguel en Alquézar, han traído un boceto y el enigmático paquete donde la autora encerró sus dibujos–.

Esta densísima exposición merece reiteradas visitas, donde cada quien irá encontrando sus ejemplos favoritos y echará en falta cosas que no han podido caber porque el espacio de dos plantas del IAACC se ha quedado pequeño. Tanto es así que esta vez la sección retrospectiva con la que empezó la anterior muestra, recordándonos algunas piezas selectas de la precedente, han tenido que reducirla a una pared entre los ascensores y la entrada a la sala 0.3. Así que solo han rescatado cuatro cuadros de la colección del museo, firmados por Eloy Giménez Laguardia, Fermín Aguayo, Antonio Saura y José Manuel Broto, en 1947, 1950, 1950 y 1970 respectivamente. ¡Va a ser duro el trabajo de seleccionar piezas representativas de las tres exposiciones, cuando el proyecto Aragón y las Artes culmine con una panorámica museográfica conjugando piezas selectas de entre 1939 y 1995! Pero no menos duro será completar el trabajo actual pues, lo mismo que las dos exposiciones anteriores, también la tercera habrá de legar a la posteridad un libro sobre el periodo concernido. Por otra parte, es de esperar que también esta gran exposición de larga duración se complemente en la sala 94 con otras muestras más breves, dedicadas monográficamente a artistas o a temas de 1976 a 1995 que merezcan atención especial. Sería el caso de “la Movida”, fascinante argumento para tratarlo más en profundidad y en relación con la escena madrileña, pero también con la influencia de la Transvanguardia cuyo mentor, Achille Bonito Oliva, tenía poderosos seguidores en Zaragoza. Otra muestra monográfica merecería el posmodernismo en nuestra arquitectura, en la cual también reverberó con éxito ese “ismo” abanderado por Charles Jencks, aunque la arquitectura en esta exposición ha estado presente de forma muy testimonial, representada por Pérez Latorre con la maqueta del pabellón de Aragón para la Expo 92 y con la sede del Museo Pablo Serrano, a lo que se ha añadido únicamente la documentación del concurso para el Museo Aragonés de Arte Contemporáneo que ganó Mario Botta frente a las propuestas de Rafael Moneo, Gae Aulenti, Carlos Ferrater & Luis Félix Arranz, Elena Fernández Salas y José M. Montaner, o el proyecto de Luis Franco y Mariano Pemán. Por último, no puedo dejar de anotar que, a pesar de que en 1986 se fundó la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte –según prueba la documentación fundacional depositada por AACA en los archivos del IAACC– en esta ocasión apenas hay referencias a críticos de arte: solo se dice en la sección de fotografía que ésa era la especialidad de las reseñas de exposiciones que firmaba Mercedes Marina en Heraldo de Aragón, y en el apartado sobre galerías de arte hay una vitrina con un álbum de prensa de Fernando Latorre donde podemos leer sendos artículos de Alicia Murría y de Alejandro Ratia sobre Pepe Cerdá. ¡Ojalá en el libro que se publique haya un capítulo sobre los críticos de arte!

reseña de la exposición Aragón y las Artes, 1976-1995, en IAACC Pablo Serrano, Zaragoza

Número 73

Diciembre 2025
Jesús Pedro LORENTE
Presidente de AACA
Fecha de recepción: 29/12/2025
Fecha de aceptación: 30/12/2025
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