El canal que transformó la ciudad. XX Festival Asalto

Este mes de septiembre de 2025 el Festival Asalto, un referente en la transformación del espacio público a través del arte urbano, celebró su vigésimo aniversario. Dos décadas de intervenciones en diferentes barrios de Zaragoza han modelado no solo la fisonomía de la ciudad, sino también la manera en que se concibe el espacio público como escenario abierto a la creación contemporánea. Esta edición contó con una programación amplia y diversa que abarcó murales, exposiciones, proyectos comunitarios, ferias, recorridos urbanos, charlas y diálogos con artistas internacionales. Entre las propuestas destacó la exposición El canal que transformó la ciudad, que tuvo lugar en los Depósitos Pignatelli, actualmente sala de exposiciones del Ayuntamiento de Zaragoza.

La muestra articula un doble movimiento. Por un lado, remite a la historia del Canal Imperial de Aragón, una de las grandes obras hidráulicas del siglo XVIII impulsada por Ramón Pignatelli (1734–1793). Su construcción no solo garantizó el abastecimiento de agua para riego, sino que también proporcionó energía y abrió nuevas vías de comunicación, determinando el desarrollo económico de la ciudad. La memoria de esa infraestructura enlaza con los Antiguos Depósitos de Agua de Pignatelli, proyectados en el siglo XIX por Ricardo Magdalena (1849–1910), que en 2019 fueron rehabilitados como espacio expositivo.

Por otro lado, la exposición asume la metáfora del canal como cauce de flujos creativos, reuniendo a artistas y agentes culturales que, a lo largo de estos años, han dado y continúan dando forma al ecosistema artístico de Aragón. Creadores que han trabajado juntos en distintas ocasiones, han establecido vínculos y comparten un compromiso con el arte.

Este recorrido comenzaba con el artista Daniel Vera (Barbastro, 1995), quien se adentraba en los orígenes del canal: el agua en su dimensión natural, vinculada al paisaje y a los cauces que la conducen de forma orgánica. Le seguían los trabajos de la artista afincada en Madrid Valentina Vacó (Caracas, 1994), con un conjunto de piezas que trasladaban al imaginario generado por las culturas en torno a los entornos acuáticos, donde los ecosistemas alimentan pensamientos, relatos y leyendas. Sobre ese mismo terreno simbólico, Ira Torres (Zaragoza, 1991) abordaba la constitución de los mitos, y en particular el de Narciso, que en su relación con el agua encuentra un reflejo crítico de la sociedad actual, marcada por el individualismo. Frente a ello, la exposición propone la alternativa de los canales compartidos y de lo colectivo.

Desde un registro más plástico, Diego Vicente (Alagón, 1990) se adentra en lo abstracto: su pintura explora el color y remite a las posibilidades que el Canal Imperial abrió en su tiempo, bajo el impulso de Pignatelli, como vía de ramificación y expansión. Murfin (Linares, 1993), por su parte, enfatiza esa dimensión práctica del canal como infraestructura que llevó el agua navegable y de riego hasta los hogares, posibilitando avances industriales y transformaciones urbanas. Finalmente, Maiky Maik (Zaragoza, 1990) conecta con la experiencia cotidiana del agua potable en nuestras casas, evocando la fuente como símbolo de progreso social y de mejora en la calidad de vida.

Así, El canal que transformó la ciudad traza un cauce de memorias, metáforas e intenciones, donde las obras funcionan como afluentes de un mismo río: el que vincula la historia hidráulica de Zaragoza con la vitalidad del arte contemporáneo y su capacidad de seguir transformando. Un flujo que, como el agua, discurrirá por el canal del futuro.

El autor, Carlos Forcadell, durante el acto de entrega del cuadro de Sofía Gandarias al Centro Buñuel Calanda.

Número 72

Septiembre 2025
Alejandra RODRÍGUEZ CUNCHILLOS
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