Mi vocación por la escultura pudo nacer de cuando mi primo Pedro y yo éramos monaguillos y quitábamos la cera de las velas de misa para hacer figuras [1]
Pablo Serrano, 1985.
Pablo Serrano. “Las huellas del caminante” es el título elegido para la exposición que puede contemplarse en el Museo Provincial de Teruel del4 de marzo al 13 de abril, consta de 32 esculturas, 9 dibujos y 5 cuadernos, además de una proyección audiovisual. El pretexto, de esta muestra itinerante, es la conmemoración del centenario del nacimiento del artista.
El arte puede ser útil a la sociedad si sus enseñanzas pueden crear nuevas conciencias entre los jóvenes [2]
Siendo yo alumno, en la naciente Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca, allá por la década de los 80, tuve la oportunidad de escuchar la conferencia, de un gran hombre, con grandes preocupaciones, el escultor turolense Pablo Serrano, uno de los artistas españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX. En ella mostraba su preocupación y pesimismo “sobre la eficacia que ejerce el arte en nuestra sociedad”, estas preocupaciones estaban en la mente del maestro. Pablo Serrano, era un “escultor de los de antes”: un trabajador constante, de mucho oficio, que no dejaba un día sin trabajar, al igual que hacía otro gran Pablo: Picasso. Serrano, fue un escultor expresionista que también destaco en el campo de la escultura no figurativa, heredero de la escultura cubista, y amante del vacío. Le preocupaba el espacio, que él dramatizaba con el tema de su <<ausencia>>. Además, era un artista comprometido, mezcladeespiritualidad y de compromiso social, que constituyeron el eje de su obra y de su vida. El hombre fue uno de los denominadores comunes en su trabajo. Pablo, decía: “por un lado me interesa razonar, plantearme problemas plásticos; por otro lado la vida, el hombre, su misterio. Conocer que somos y por qué existimos. Si me desvío y no continúo con mis planteamientos abstractos, si los toco o los dejo, hay una razón, EL HOMBRE: me inquieta no conocerle y solamente adivinarlo, me rebelo también conmigo mismo. El pesimismo alienta mi deseo de conocimiento y me empuja a darme contra la pared, contra el muro”
En este punto me tienta dar unos “trazos” biográficos: Pablo Serrano Aguilar, nació en Crivillén (Teruel) en 1908, pronto se traslado a Zaragoza, a casa de su abuelo paterno (era carpintero) y en 1917 ingresa como aprendiz en el taller del escultor José Bueno. En 1920 se desplaza a Barcelona donde realiza sus estudios de arte en las Escuelas Profesionales Salesianas de Sarriá (talla y modelado). Entre 1929 y 1930 se instala de manera definitiva en Argentina (Rosario de Santa Fe), y en Uruguay en Montevideo, donde formó parte de la Agrupación Paul Cezanne (1942), integrada por jóvenes, que pretendían romper con las rutinas tradicionales. De 1946 datan sus primeras experiencias con el arte abstracto logrando importantes premios. En 1956 viaja por Europa, se interesa por el postcubismo y la obra de Julio González y Alberto Giacometi, comienza sus experiencias de “Quema del objeto”, y otros trabajos de gran valor abstracto, así como, sus obras con hierros viejos y objetos de desecho “Bóvedas para el hombre”. Al año siguiente se establece de forma definitiva en Madrid, y participa en la fundación del grupo “el Paso”[3] que pretendía romper con la abstracción geométrica dominante. Durante los años 1957 y 1958 surgen sus preocupaciones por los ritmos: Ritmos en el espacio, Ritmos dinámicos. Triunfa en Europa, y en 1959, por primera vez expone Quema de un objeto (desocupación de un espacio o presencia de una ausencia), en Milán (Gallería Disegno). En la década de los sesenta, triunfa en E.E.U.U., y realiza sus obras Bóveda para el Hombre (un conjunto de 23 obras con las que representa a España en la Bienal de Venecia de 1962) de concepción monumental y cósmica. De 1967 datan sus Hombres con puertas (Museo Guggenheim de Nueva York), que en la década de los años setenta culminaran en formas contorsionadas con rostros humanos los Hombres Bóveda; y la gran bóveda de Aldeadávila de la Rivera (Salamanca), obra en la que respeta fragmentos de la naturaleza circundante, incluyendo herramientas de alto contenido simbólico (palas, trozos de maquinaria, planchas perforadoras, etc.). Entre los años 1968 y 1970 realizó varias obras monumentales de fuerte carácter expresionista: monumento a D. Miguel de Unamuno en Salamanca, relieve monumental para la fachada del templo del Pilar de Zaragoza, monumento a Benito Pérez Galdos, en las Palmas de Gran Canaria, monumento a Gregorio Marañón, en la Ciudad Universitaria de Madrid, etc. En los años 70 sigue triunfando por todo el mundo: París, Bélgica, Londres, Houston, etc. Y en 1976 realiza el monumento Homenaje a la Labradora, en Teruel, esta ubicada en los jardines del Parque de Los Fueros, y como curiosidad es la única escultura dedicada a la mujer en la ciudad. Siguen sus reconocimientos nacionales (Medalla de oro de las Bellas Artes, Premio Príncipe de Asturias de las Artes, 1982) e internacionales (Miembro de la Société Europée de Cultura, de la Real Academia de Letras y Artes de Flandes (Bélgica), y Caballero de las artes y las Letras por el Gobierno francés). Y el 26 de noviembre de 1985 muere en Madrid.
Centrémonos en la muestra actual, realizada con motivo de la celebración del centenario de su nacimiento. Esta exposición se plantea como un recorrido que ayude a comprender la obra de Serrano, ordenada cronológicamente nos permite disfrutar de sus series: Ordenación del caos, Drama y quema del objeto, Ritmos en el espacio, Bóvedas para el hombre, Lumínicas, Unidades-yunta y Retratos.
Ordenación del caos presentadas por primera vez en 1957, el conjunto esta constituido por chatarras, hierros y chapas soldadas, junto con piedras y clavos, tienen un fuerte carácter abstracto pero con referencias, aún, figurativas (como en sus títulos “Polifemo”) que se irán perdiendo. Esta serie tiene un claro paralelismo con Objetos hallados[4] del escultor madrileño Ángel Ferrant (1890-1961).Pablo Serrano explicaba: “Un día subí a pie al Vesubio y sentí el deseo de recoger escoria volcánica para aplicarla en mi trabajo. Había recorrido antes Pompeya, Herculano y Stabia. Un día anduve por un campo que parecía un osario prehistórico, por la forma de sus piedras; algunas de ellas estaban horadadas. Un día entré en una chatarrería y observé clavos de derribo y chapas de hierro. Sentí el deseo de agrupar todos estos elementos y ordenarlos. Trabajé intensamente hasta lograr imprimirles la emoción sentida y me encontré cómodo. Eso es todo”.[5]
El “drama y quema del objeto” proceden del año 1956 (y las expone por primera vez en 1959), la finalidad era la búsqueda del vacío y en ambas la estructura es la misma, una obra constituida por elementos metálicos, espigas alambres, etc. Rectas y curvas formando una estructura abierta que bordea, delimita y encierra normalmente un cubo, primero de metal y en las segundas de un material perecedero (generalmente madera). En las primeras el objeto central esta predestinado a ser roto o sufrir la furia de la destrucción, en las segundas, este elemento central terminará por desaparecer quedando su vacío o la presencia de su ausencia. La inspiración para estos trabajos la encontró, según el propio artista, de la observación del natural, como por ejemplo, de la huella dejada sobre las rocas por las tumbas ibéricas, sobre ellas residieron unos cuerpos que nos han dejado latente la “presencia de su ausencia”. En palabras de Pablo Serrano: "cuando he configurado o extendido las características de un cuerpo sólido y éste lo quemo después, en el vació queda presente su ausencia"[6]
La abstracción irá ganando terreno En su trabajo y como continuación lógica de estas primeras experiencias, aparece Ritmos en el Espacio serie de dibujos y esculturas en acero inoxidable que datan de 1959, se presentaron en La Sala Neblí de Madrid, son formas colgantes inestables (rubricas en el espacio) o experimentos caligráficos, a modo de garabatos suspendidos, expresan una autentica liberación espacial. El primero en buscar esta liberación del suelo había sido Alexander Calder (1898- 1976), a partir de 1930, había inventado el concepto de escultura suspendida o en equilibrio, sus primeros móviles[7], bajo la clara influencia del constructivismo, principalmente de los inventos cinéticos de László Moholí-Nagy (1895–1946). También, en España y en este mismo sentido es interesante resaltar las obras de Leandre Cristòfol (1908-1998) que entre 1957 y 1967 realizo sus series, Ralentis, Ordenaciones, Ritmos, Volumetrías también en la órbita del arte cinético.
En la serie Bóvedas para el hombre. Su fuente de inspiración son los refugios naturales del hombre, son como una continuación lógica de la “presencia de la ausencia”. Sus primeras obras de esta serie datan de 1960. El vacío que había logrado con la quema del objeto se ha convertido ahora en el refugio del hombre, un hombre ausente. En estas bóvedas el ausente es el cuerpo humano, (de nuevo nos remite a las tumbas ibéricas). Suele emplear ladrillos y materiales de construcción, pero con una lógica diferente, en forma de aluvión volcánico más que una construcción racional parece una construcción natural: una gruta, una caverna. Algunas de estas piezas se fundieron en bronce. Como dice Rafols: ”Ha realizado retratos expresionistas, definitivos, y trabajado en formas poderosas y monumentales: Hombres-bóveda las ha llamado, en las cuales, como en sus posteriores exploraciones en el interior del bloque, procede a abrir, con una última intención realista y un vigor extraordinario, el propio interior del hombre, para darnos de él una imagen más fidedigna”[8].
Siguiendo la evolución del maestro llegamos a la serie Lumínica (1963) que tienen su origen en el hombre bóveda son formas esféricas o cilíndricas, concavidades pulimentadas y perforadas. En ellas encontramos la perforación de la materia en busca de la luz interior. Los constructivistas fueron los primeros en ver el interior de las piezas como un elemento más, configurador de la obra, este camino fue seguido por Serrano, pero también, por otros autores como Henry Moore (1898–1986), que utilizó la perforación y la incorporación del espacio a los cuerpos sólidos. De nuevo esta perforación busca el vacío, la ausencia, Serrano quiere quedarse con la esencia.
“Un agujero puede tener en sí tanto significado como una masa sólida…” [9].
Los Hombres con puerta datan de 1965. Son grandes masas de bronce de configuración expresionista, con algún que otro elemento figurativo (muñones, manos, torsos, etc.) en el exterior. Frente a esta apariencia externa, su interior, al que podemos acceder á través de bisagras (puertas) es brillante, pulido, luminoso, como si de un tesoro se tratara, frente a un exterior basto, tosco, pétreo, a modo de corteza. Creo que para terminar de entender estas piezas no hay nada más esclarecedor que las propias palabras de Serrano: “afirmé que el hombre, contemplado en el aspecto material externo, bien poco comunica, pero abierto, comunicativo, inteligente, es contrariamente diverso (…). En resumen, para los hombres es necesaria la comunicación ente sí, el diálogo y el conocimiento. Mientras el hombre no se abre, no abre su puerta, no es nada”. [10] En este año, y a la vez, realiza la serie de pequeños bronces, de los fajaditos.
En sus esculturas unidades-yunta se percibe la unidad desgajada de dos fragmentos que se separan, pero que a la vez se atraen. Las primeras piezas datan de 1966 y las últimas de 1973. Dos piezas formando un bloque, una unidad, hace la conjunción del positivo y el negativo, del yin y el yang, del hombre y la mujer, pero desde una concepción espiritual, una fusión de dos seres.
Con sus “retratos y sus interpretaciones” del retrato, Serrano, como buen expresionista, plantea los problemas del alma, no se detiene en el exterior, en su piel, sino que intenta penetrar en lo más profundo de la persona, en su espíritu. Un buen ejemplo de estas obras es su Monumento a Miguel de Unamuno de Salamanca (1967-1968), en él “el alma angustiada se escapa por los prominentes ojos y se agita en el mar encrespado de su vestido” [11] En la muestra podemos contempla 6 retratos: el más antiguo es el de Gaya Nuño (1962), José Luis López Aranguren (1963), Alberto Portera (1967), Michel Tapié (1973), Eduardo Westerdahl (1969) y el retrato monumental de Antonio Machado (1966).
Quiero terminar estas líneas, diciendo que por curiosidades de la vida, 25 años después de aquel primer contacto, y más o menos por las mismas fechas, estoy terminando de escribir este artículo, en la naciente Licenciatura de Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza en el Campus de Teruel, y en un aula, que a partir del próximo curso pasará a denominarse espacio Pablo Serrano”.
Yo si creo que el arte ejerce un valor positivo en la vida, o por lo menos algunos intentamos que así sea. Seguimos con tus preocupaciones Pablo…
[1] “Pablo Serrano: De monaguillo a escultor universal”, Heraldo de Aragón , 25 de agosto de 1985.
[2] Con este título se publico un artículo sobre la conferencia que Pablo Serrano impartió en el aula Salinas de la Universidad de Salamanca. En ella el escultor: “mostró su pesimismo sobre la eficacia que ejerce el arte en nuestra sociedad ante un mundo que prima la violencia y la tecnología, los avances científicos, frente a un humanismo casi perdido en la actualidad”. Cf. “Pesimismo de Pablo Serrano sobre la eficacia que ejerce el arte en nuestra sociedad”, La Gaceta, 25 de abril de 1984.
[3]La primera aparición pública tuvo lugar en la Librería Bucholtz, en abril. Los fundadores fueron los pintores Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manuel Millares, Antonio Saura, Manuel Rivera y Antonio Suárez. El escultor Pablo Serrano, con los críticos José Ayllón y Manuel Conde. A ellos se unieron más tarde el pintor José Manuel Viola y el escultor Martín Chirino, mientras otros lo abandonaban.
[4] Sus Objetos hallados de 1945, son ensamblajes de objetos naturales (piedras, palos, conchas), ocasionalmente también restos “encontrados” (de aparejos de pesca) que quedaban sin manipular en la escultura, salvo por lo que afecta, claro esta, a las uniones que entre ellas hace el autor. En el Catálogo de la exposición Ángel Ferrant en la colección de arte contemporáneo, en el Museo Pablo Gargallo, (Diciembre 1997- marzo 1998), Zaragoza, p. 15.
[5] WESTERDAHL, Eduardo: La escultura de Pablo Serrano, Ediciones Polígrafa, S.A. Barcelona, 1984, página 74.
[6] WESTERDAHL, Opus. cit., p. 98.
[7] En 1954, la segunda edición del Webster´s New International Diccionary recoge la siguiente definición de Mobile: "Construcción o escultura equilibrada con sensibilidad, del tipo que desarrolló Alexander Calder a partir de 1930; consta por regla general de piezas móviles que se ponen en movimiento con una corriente de aire o con un motor".
[8] RAFOLS, J. F.: Historia del Arte, Editorial Óptima. Barcelona, 2000. p. 419.
[9] VVAA: Conceptos fundamentales del lenguaje escultórico, Akal Bellas Artes, Madrid, 2006, p. 19.
[10] WESTERDHAL, Opus cit., p. 182.
[11] MARTÍN GONZALEZ, J. J.: Historia del arte. Tomo II, Editorial Gredos. Madrid, 1982, p. 520.


