Dibujando siempre en el espacio: Anthony Caro, on and on

     El pasado 17 de febrero, Fernando Alvira, presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte (A.E.C.A.), entregó el Premio ARCO a Anthony Caro, artista inglés (New Malden, 1924), que se situa en la renovación de la escultura de los últimos cincuenta años.
     Desde Marzo hasta el 7 de Septiembre 2008, la National Portrait Gallery, en su Balcony Gallery, expone un grupo de esculturas retrato. Se trata de una ocasión única para contemplar cuatro cabezas en bronce que Caro dedicó en 1988/89 a su esposa, la pintora Sheila Girling.
     Este cuarteto muestra lo que podría ser un retrato facetado en el sentimiento sobre la persona y la relación marital.
     Desde diversas direcciones, han vuelto a mi estudio, fotos de obras anteriores, sobre las que ya escribí en su día. Y me gusta resaltar una pieza, realizada en 2004, que fue motivo de debate, defensa, comentario y comparación en tertulias con amigos. Se trata de "Open Secret", libro de acero inoxidable y bronce (en cuatro tiempos), con poemas de Enzensberger, y un fragmento del "Mercader de Venecia" de Shakespeare, grabado por A.Caro.
     Coincide en el tiempo su exposición con la NPG, y es que se puede contemplar en el Victoria and Albert Museum, hasta el 29 de Junio 2008, en la muestra organizada, entre otros, por Ivory Press, "Blood on Paper: the Art of the Book".
     Encontraremos libros que comunican la creatividad y personalidad de los diferentes artistas, hasta 38, que han realizado libros u obras relativas a libros, como Baselitz, Bacon, Balthus, Chillida, Francesco Clemente, Sol Lewitt, Tapies, Damien Hirst, entre otros, y una pieza de Anselm Kiefer hecha para esta exposición.
     Recuerdo muy bien la última vez que hablé con Anthony Caro. Fue en Barcelona. Hace unos años, la Fundació Caixa Catalunya en La Pedrera, y en una sala anexa, abierta para aquella ocasión, presentó una interesante exposición de Anthony Caro.
     Es adecuado definir un poco la obra y apuntar que Anthony Caro empezó a trabajar como ayudante de Henry Moore, influenciando su iniciación en la escultura a base del modelado de la materia. Será a partir de su viaje a New York, en los años ’60, cuando muchas cosas cambian en sus conceptos artísticos, con la perspectiva y la atmósfera del expresionismo abstracto y el uso de nuevos materiales. Pese a todo, sigue prefiriendo la arcilla, moldeable, y el acero, que tiene sus resistencias y su dureza de manejo para desarrollar las formas que Anthony Caro siente.
     Funde los planos dinámicos de sus grandes composiciones directamente en el suelo, sin usar pedestales, para que sugiera más contacto entre el observador y la obra. Nos habla de sus esculturas metálicas aéreas y de piedra líquida. En realidad poco transforma las piezas, prefiriendo revelar los materiales originales. Posee el culto de ensamblar los objetos de uso cotidiano, y poco a poco van surgiendo las imágenes ligadas al título establecido por el autor. Técnicamente su obra se encuadra en el formalismo vanguardista, evolucionando con los años hacia una visión elástica de la realidad, y hacia un hincapié en el concepto ético.
     Acumular en el aparcamiento lindante con su taller piezas descartadas en fondos de ferrocarril, objetos de uso industrial, trozos de viejas calderas, son un reto para él, pues sabe que según su precisa articulación y moldeado, podrán transformarse en arte, tal vez, o quedar como simple herrumbre; parecido destino el de un dibujo, que puede quedarse en un garabato o convertirse en obra de arte.
     Aquella primera parte de la exposición – "Dibujando en el espacio"-, situada en la Pedrera, reunía 22 piezas, de 1963 a 1988, en las que pudimos observar desde el inicial brillo y color, a las últimas, más acordes con los tiempos y con una cierta reflexión política, descartado ya el cromatismo, para dejar la materia viva respirando en el aire, las formas oxidadas, y las composiciones que definen el espacio. La distribución de las obras no seguía un orden cronológico, sino que se estudió expresamente para la sala, siguiendo un voluntario entrelazado para unir la escultura de Caro, con las estructuras de Gaudí y la luz que penetraba por las ventanas, dando ligereza al conjunto.
     La segunda parte de la muestra se ubicaba en una sala justo enfrente de la Pedrera. Allí se instaló "El Juicio Final", 25 esculturas realizadas en los ’90, después de la guerra de los Balcanes, pertenecientes al Museo Würth, de Künzelsau. Este conjunto, cuyo devenir fue proyectando su propio tema a medida que Caro trabajaba las piezas, desembocó finalmente en esta representación de los desastres y la barbarie, en la condición humana y en la reflexión sobre aspectos concretos y abstractos. Cuando esta obra se expuso en Venezia, en un viejo granero, adquirió para el autor un sentido preciso, pues ofrecía la sugestión de una basílica. Como bien me explicó Caro, cada vez que las esculturas se desplazan, lucen de forma muy diferente y surge la pregunta de cómo mirar la escultura, desde qué ángulo y distancia.
     Su humor británico y su jovialidad le hacen incline al entusiasmo, elemento que no parece abandonarle en ningún momento. Viendo imágenes de su taller, el acero  y el fuego se unen en una mágica danza, cuya chispeante y musical lentitud engendran las obras de la mente.
     En los últimos cincuenta años de escultura, Anthony Caro es considerado uno de los "Top 10", así que merece la pena visitar de vez en cuando esta moderna fragua de Vulcano que dibuja el espacio.

Gran premio AECA a la mejor obra o conjunto de cualquier artista vivo presente en la feria ARCO 2008

Número 3

Junio 2008
Paloma ESLAVA
Escritora, Investigadora, Art Curator y crítico de Arte (miembro de AACA, AECA, AICA)
Fecha de recepción: 4/5/08
Fecha de aceptación: 9/6/08
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