La CARTV inaugura un nuevo escaparate para la cultura aragonesa: la sala María Zambrano

Resumen:

 

 

La nueva “sala” de exposiciones María Zambrano que se inauguró el pasado 13 de marzo, ubicada en el edificio –sita en la calle con el mismo nombre de la filósofa y escritora- de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión, inició su planteamiento cultural con una exposición del artista plástico y polifacético –no sólo pintor, recordemos sus aportaciones de diseño de escenarios y vestuarios para el desaparecido Ballet de Zaragoza o ilustraciones de obra literaria- José González Mas.
Para acceder a la misma se tiene que pasar por un dispositivo de seguridad que está integrado en la misma coyuntura del edificio que tiene otras funciones, como todos ya sabemos –informar por sus medios de comunicación-.
En ese momento ya te percatas de que ya no va a ser un espacio cómodo y atractivo para la contemplación de una obra artística, ya que, todavía, una vez pasado el control tienes que andar por el parking de las susodichas instalaciones para plantarte en la puerta de acceso.
Al abrir la puerta, y con las reiteradas indicaciones de que sólo puedes estar en el Hall y en el pasillo lateral pasa uno a vislumbrar la ansiada “sala” de exposiciones.
Una vez dentro, percibes que no es una sala, que es un hall de recepción y donde para aprovechar ese espacio – a modo decorativo- han dispuesto unos biombos o paneles expositivos en forma de tolos griego, para poder colgar la mayor obra posible y que esté toda reunida en un mismo lugar.
Indudablemente, las pretensiones de albergar obra de artistas y su misión de ayudar y promocionar el arte aragonés, será, más bien, por la difusión que hagan por su plataforma de mass media que por el espacio, que ni mucho menos es el más adecuado. Aunque siempre es de buen recibo este tipo de iniciativas –sin ser arriesgadas-, tan escasas en el territorio aragonés.
En cuanto al contenido, el artista que estrenó la ya descrita sala con su exposición titulada Acasos, José González Mas, tiene a sus espaldas ya un prestigio –varios premios de pintura y reconocimiento por su obra-, y la factura de sus telas nos revelan su buena adquisición de la técnica y su dominio de la disciplina pictórica.
Cuadros de buen formato, hipercoloristas –una mezcla de postimpresionismo y fauvismo típica de los años ochenta que se acerca a la abstracción por la esquematización de sus figuras y la pincelada suelta- y todos en la misma línea, casi seriados, de tema y forma. El verde de los paisajes de los lienzos sobresale de manera contundente –cuidado los daltónicos- lo cual hace sumergirnos en un vergel exótico y paradisíaco continuo.
Son pinturas que están bien realizadas, de buena factura, pero quizá ya muy vistas —sin menospreciar ni infravalorar al artista, que repito es bueno—. Si el arte tiene que cambiar la mirada del espectador, desgraciadamente en Zaragoza nos hemos acostumbrado a ver sólo por un único prisma, institucional y burgués, de una pintura sólo para el deleite de los sentidos –que está muy bien-, lo cual está convirtiendo a esta disciplina en obsoleta, porque ya no aporta esa experiencia única que te transporta más allá, que te sugiere otros mundos, que te hace reflexionar para convertirte en un ciudadano más crítico y observador. Como diría Kepa Murua: “…el arte habla del más allá, de lo que tiene sentido y no se sabe, de lo que se desconoce y se intuye, del paisaje interior  del alma y del exterior que es el mundo…”

La belleza, sus cánones y sus parámetros cambian al tiempo que se transforma la sociedad y la cultura. Parece ser que llevamos hibernando muchos años y nos cuesta frotarnos los ojos para ver otras realidades, diferentes y que nos enriquezcan más.
Mención a parte, hay que destacar la calidad de los folletos –de la exposición- que dignifican el lugar y la organización. El marketing es indudable, junto a la cantidad de medios y recursos.
Sin salirse del circuito, hay en un pasillo lateral, que debe dirigirse a los estudios de grabación o redacción, la decoración de la pared a base de varios plotters con la historia de María Zambrano, “la gran defensora de la palabra”, que, a modo de homenaje y recuerdo, nos indica su gran labor y mérito –no sólo por ser mujer- y que debería ser más difundida, tanto su obra como vida –sería un best seller como argumento novelesco o fílmico- porque todos aprenderíamos más de sus sabias palabras. Yo me quedo con una de sus conocidas sentencias:
“El corazón del hombre necesita creer en algo y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.”
Paralelamente, en el mismo pasillo, hay unas cristaleras que nos enseñan un jardín muy zen que hacen del lugar algo entrañable e idílico, a la vez que diáfano, pero no es oro todo lo que reluce.

Una muestra del pintor José González Mas, residente en la Comunidad desde hace 20 años.

Número 2

Marzo 2008
Sergio MURO SAN JOSÉ
Gestor cultural
Fecha de recepción: 20/3/08
Fecha de aceptación: 22/3/08
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