El libro que aquí reseño se encuentra lejos de la monografía o del catálogo histórico-artístico, lo que no le resta, en absoluto, un enorme valor como documento artístico. Al evocar el nombre de Sofía Coppola (Nueva York, 1971) a cualquiera que haya seguido su cinematografía le resultará fácil recrear mentalmente el universo visual único y personal de sus películas, las cuales, a pesar de ser muy diversas temáticamente, parecen estar unidas por un hilo conductor estético de máximo cuidado de los decorados, atrezos y búsqueda de localizaciones insólitas. El libro que aquí reseño presenta, en una cuidadísima edición, los archivos personales de la cineasta neoyorquina, reuniendo una valiosa colección de fotografías de los sets de rodaje de sus películas, así como de documentos personales relacionados con su carrera. He querido reseñar este libro porque creo que, en él, su autora ha volcado de forma sintética, estética y personal la multitud de documentos, efímeros frecuentemente, que los creadores audiovisuales acumulan a lo largo de su carrera y que, con fortuna, terminan integrando archivos públicos y privados, los cuales no siempre tienen la difusión que cabría esperar.
El libro recoge los ocho largometrajes filmados por Coppola, desde Las vírgenes suicidas en 1999, basada en la novela de Jeffrey Eugenides, una de las lecturas que marcaron a la directora durante su juventud. Las fotografías del rodaje de esta primera película demuestran su carácter todavía experimental, presentan a una cineasta que todavía está definiendo su forma de trabajar pero que ya tiene una conciencia estética definida, que mantendrá a lo largo de su carrera. En esa primera película ya trabajó con Kirsten Dunst, una pieza clave en el cine de Copppola. El libro también constituye un testimonio de cómo sus películas fueron teniendo más presupuesto y medios más sofisticados. Prueba de ello es el salto dado desde su segunda producción Lost in translation (2003), rodada durante menos de un mes en Tokio, y su tercer largometraje María Antonieta (2006), una superproducción para la que Coppola tuvo el permiso de rodar en Versalles, además de en otros palacios franceses como el hôtel de Soubise o Vaux-le-Vicomte. El libro abarca hasta la producción de Priscilla (2023), la adaptación cinematográfica de la biografía de Priscilla Presley. A todo ello se suma, a modo de texto introductorio, una entrevista a Coppola realizada por Lynn Hirschberg, editora jefe de W Magazine, la cual es una forma de entrada perfecta al universo creativo de la directora.
Crear un producto editorial estético a partir de un material documental tan variado no es sencillo. Leyendo este libro-archivo podría parecer que esa concepción estética tan cuidada del cine de Sofía Coppola no solo se aplica al resultado final de su trabajo —las películas—, sino que incluso las fases de escritura del guion, de búsqueda de referentes visuales, también albergan una cierta búsqueda de la belleza. Entre los materiales tan diversos que presenta este libro podemos citar trabajos tempranos de escritura cinematográfica, collages de imágenes y materiales efímeros, guiones anotados, tachados, comentados. Todos estos documentos no solo nos permiten conocer mejor sus películas sino también su forma de trabajar: “soy una persona visual, necesito extenderlo todo para verlo”, afirma la cineasta en relación a algunas de las imágenes presentes en el libro, en las que somos testigos del desorden reinante en su oficina, llena de libros, fotos, documentos sobre la mesa, etc. Leyendo el libro y consultando los documentos que este comparte con nosotros, advertí su valor como solución para una problemática que actualmente apreciamos todos aquellos que nos dedicamos a historiar el pasado: en la postmodernidad, una parte fundamental de los archivos personales de los creadores, no importa cuál sea su disciplina, carece de un formato físico. Este libro demuestra, por ejemplo, el valor documental de la comunicación vía email, fundamental actualmente en cualquier proceso de producción artística, literaria o cinematográfica. ¿Cómo preservar la memoria de algo que no tiene una forma palpable? Sofía Coppola, decidiendo compartir con nosotros este tipo de documentos demuestra su valor y la necesidad de encontrar soluciones para su preservación.
Además del hilo conductor estético al que antes hacía referencia, las películas de Sofía Coppola también tienen en común su talento para narrar la experiencia femenina, poniendo el foco de atención en mujeres de diferentes edades, condiciones, caracteres, abriendo su intimidad con el espectador. Podríamos entender este libro como un ejercicio similar en el que la directora comparte, generosamente, con su público, sus experiencias vitales y profesionales.


