La exposición comisariada por Marisa Oropesa, bajo el título “Ágatha Ruiz de la Prada”, se llevó a cabo en la sala de exposiciones del Patio de la Infanta, desde el 17 de abril hasta el 21 de julio de 2024. A pesar de que estas fechas han quedado atrás, resulta pertinente realizar una reseña de la muestra, la primera dedicada a la reconocida diseñadora madrileña en nuestra ciudad,[1] ya que ha proporcionado valiosas claves e influencias sobre el estilo colorista y audaz característico de Ágatha Ruiz de la Prada. Esta diseñadora (Madrid, 1960) inicia su trayectoria profesional en los años ochenta, con su primera colección y la inauguración de su tienda estudio en Madrid, y ya en la década siguiente, recibe el reconocimiento nacional e internacional por su estilo propio y completamente reconocible.[2]
La colección presentada en la muestra superó las cincuenta piezas, incluyendo principalmente vestidos, aunque también se pudieron ver conjuntos, zapatos, bolsos y dos abrigos, abarcando un periodo de producción de dichas prendas que se extiende de la década de 1980 hasta prácticamente la actualidad, el año 2022. Las piezas exhibidas pertenecían, por un lado, a la Fundación Ágatha Ruiz de la Prada, y por otro, a la colección particular de Piluca Beltrán -todas fueron de la aragonesa, no obstante, algunas de ellas fueron donadas a la Fundación Ágatha Ruiz de la Prada- . Pilar Beltrán, natural de Ateca (Zaragoza), comenzó siendo clienta de la diseñadora española pero el paso del tiempo y su fidelidad terminaron por cambiar su relación comercial por una de amistad, lo que llevó incluso a convertirse a la aragonesa en la madrina de Cósima, la hija de Ágatha. Esta relación tan especial entre ambas ha hecho, tal y como explicó la propia diseñadora madrileña, que la exposición se concibiera como “un homenaje a esta clienta a través de sus diseños”, mostrando no solo la evolución personal y profesional de la diseñadora, sino reflejando también la profunda relación entre ambas. El reconocimiento más significativo a Pilar Beltrán se realizó en el catálogo de la exposición, donde la mayor parte de las páginas se dedicaron a un álbum fotográfico que documentaba la vida de la aragonesa, mostrando cómo a lo largo de los años había llevado los diseños, tanto expuestos como muchos otros, de Ágatha Ruiz de la Prada.
En cuanto a la muestra, esta comenzaba aglutinando el texto nada más entrar en la sala de exposiciones, planteándonos el porqué de una exhibición de moda y comentando brevemente la biografía de la diseñadora. Tras este comienzo, el resto del recorrido carecía de discurso expositivo; sin embargo, hubiese sido beneficioso para el visitante incluirlo introduciendo más las piezas, las colecciones o los momentos en los que Pilar Beltrán compró o llevó esos diseños. Una vez pasabas esa entrada ya tan solo se encontraban los maniquís vistiendo los diseños de Ágatha y dos vitrinas para bolsos y zapatos acompañado todo de su correspondiente cartela, en la cual aparecía la colección de la pieza y a quién pertenece en la actualidad. En algunas cartelas se hablaba de los materiales con los que estaba realizada la prenda, mientras que en otras no, cuestión que debería haberse unificado, apareciendo el material en todas ellas puesto que en la moda el tejido de le prenda es fundamental, ya que de él dependerá la caída de la prenda, el volumen, la textura, etc.
La selección de piezas resultó acertada ya que permitía conocer el estilo y las influencias que han hecho que Ágatha ocupe un hueco en la moda nacional e internacional. Así, se pudo constatar la influencia de las vanguardias artísticas del siglo XX en sus diseños, siendo una de sus influencias más claras la artista Sonia Delaunay, quien junto a su marido Robert Delaunay, fueron los máximos representantes del simultaneísmo, que incorporaba innovaciones introducidas por el futurismo y el cubismo. Este consistía en usar colores que contrastaran en pequeñas parcelas yuxtapuestas para que el efecto al observar el conjunto generase formas o movimiento. Sonia Delaunay desarrolló esta corriente más allá de la pintura, incorporándola y desafiando las convenciones tradicionales, mezclando texturas y colores para crear formas geométricas o abstractas en sus vestidos simultáneos que al colocarse sobre el cuerpo y presentar movimiento cobraban vida.[3] Esta idea de las parcelas de color, que jugaban con el contraste, está tremendamente presente en los diseños de Ágatha Ruiz de la Prada, quien siempre ha reconocido el peso que han tenido sobre su obra los movimientos coloristas y basados en la abstracción (fig. 1a).
Otra vanguardia de gran influencia sobre los diseños de la madrileña es el surrealismo, movimiento al que ha dedicado algunos homenajes, como la colección “Homenaje al Surrealismo” presentada en la Milán Fashion Week, para la temporada otoño-invierno 2009-2010. Para esta colección trabajó formas como ojos o labios, además realizó un diseño que recibió el nombre de “vestido piano de cola”. No obstante, la exploración de esta temática surrealista y relacionada con el piano comienza mucho antes, dado que en la exposición zaragozana se podía encontrar un diseño muy similar al presentado al de 2009, datado en el año 1994 que presentaba esas mismas teclas en un lateral (fig. 1b). Una artista surrealista de notable influencia en los diseños que se expusieron en el Patio de la Infanta es Elsa Schiaparelli. Esta diseñadora italiana se sintió atraída por la libertad creadora del grupo surrealista, colaborando con ellos en numerosas ocasiones. Además, las representaciones del cuerpo, frecuentes entre el grupo surrealista, establecían vínculos con el ámbito de la moda. Uno de los motivos más trabajados por los artistas surrealistas fue el tema de las manos, ya que consideraban que la gestualidad de las mismas era completamente involuntaria y por ende prescindía de lo racional siendo expresión misma del subconsciente.[4] Elsa Schiaparelli trabajó en numerosas ocasiones este motivo en sus famosos broches, guantes, vestidos y tocados. En diversas ocasiones, Ágatha Ruiz de la Prada ha incorporado las manos en los estampados de sus diseños, tal y como se evidenció en un vestido largo de la colección otoño-invierno 2014-2015 presentado en el desfile de la Mercedes-Benz Madrid Fashion Week y que se pudo encontrar en la exposición. Asimismo, Ágatha comparte con Elsa Schiaparelli el uso del rosa fucsia, al cual la diseñadora italiana dio un tinte magenta creando el “shocking pink”. El rosa fucsia se ha convertido en uno de los más representativos dentro de la producción de Agatha Ruiz de la Prada, motivo por el cual el diseño del cartel y la museografía de la exposición se llevaron a cabo en diversas tonalidades de rosas fucsias.
Otro movimiento artístico que parece haber tenido un cierto peso en la producción de Ágatha, aunque menor que los previamente mencionados, es el spazialismo. Este surgió en la segunda mitad de la década de 1940 impulsado por el artista italoargentino Lucio Fontana quien buscaba captar en el lienzo el movimiento, espacio y tiempo como principios fundamentales de la obra de arte, terminando con la tradición bidimensional pictórica de línea, color y forma. Su teoría se materializó en la series tituladas “Conceptos espaciales”, en las cuales no coloreaba la tela del lienzo, sino que creaba construcciones sobre la misma a base de “buchi” o “tagli” que creaban ese espacio tridimensional, creaban un espacio real, demostrando así que en el campo pictórico también existía la tridimensionalidad. Así, en los lienzos de Fontana existía la profundidad real, sin necesidad de perspectiva, ni artificios pictóricos. Estas ideas se pueden aplicar a la moda, ya que mediante cortes y agujeros, igual que hacía Fontana, las prendas pasan de ser planas a tridimensionales, algo que han practicado diseñadores como Galliano, Rei Kawakubo o Robert Wan.[5] Ágatha también aplica estas cuchilladas y agujeros en dos de las prendas expuestas, incluso acercándose a ese spazialismo prescinde de sus habituales colores manteniendo una gama más neutra (fig. 1c). No obstante, esto no es lo habitual dentro de su producción.
Una fuente de inspiración totalmente inteligible es la moda de los años sesenta, siendo grandes referentes de la misma Mary Quant, André Courrèges o Pierre Cardin. Los años sesenta del siglo XX fueron especialmente significativos ya que es en este momento cuando los jóvenes se rebelaron contra lo establecido por las anteriores generaciones de diferentes maneras y una de ellas fue la moda a través del movimiento “Swinging London” y la aparición de la minifalda, cuya paternidad ha estado muy discutida entre Quant y Courrèges. La minifalda vino a reivindicar la desnudez, la libertad del cuerpo y la sexualidad, cuestionando así de manera muy directa el tradicional papel de la mujer en la sociedad. Dentro de esta misma libertad se podían encontrar colores vibrantes y alegres, pero sobre todo cortes cómodos y desenfadados inspirados en el concepto de libertad de movimiento. Todas estas cuestiones que caracterizaron la moda de los sesenta son los pilares en los que se asienta el estilo de Ágatha (fig. 1d), un estilo que huye de lo convencional y lo establecido, busca la alegría a través del colorido y la comodidad, ya que de acuerdo con lo expresado por la diseñadora para Vogue (2021): “las tendencias, y en particular algunos estilismos, pueden llegar a hacer sufrir a la mujer. Para presumir no hay que maltratarse, unos tacones de vértigo y un cinturón que oprima resultan desagradables”.
En conclusión, esta exposición nos brindó la oportunidad de observar las características e influencias más representativas de la producción de Ágatha Ruiz de la Prada, tales como el colorido vibrante, referencias a artistas o movimientos artísticos contemporáneos, elementos surrealistas y minifaldas sesenteras. Otras cuestiones típicas -aunque más artificiosas de sus diseños- no se pudieron ver en la muestra, como por ejemplo las estructuras y formas más clásicas de las prendas de esta diseñadora: aros, michelines, corazones o flotadores. Sin embargo, esto tiene una explicación y es que no debemos olvidar que todas las prendas expuestas fueron compradas para ser llevadas en la vida cotidiana de Piluca Beltrán.
[1] No obstante, los estrechos lazos que la unen a la capital aragonesa han propiciado su participación en varios proyectos en colaboración con la Fundación Ibercaja, tales como las conferencias “Ágatha Ruiz de la Prada. Ciclo influyentes Campus Ibercaja” [19/10/2023] o “Conversación con Agatha Ruiz de la Prada. El color contra el dolor emocional” [1/12/2023].
[2] Su trayectoria profesional, algunas de las características más reconocibles de sus diseños y su vinculación con la ciudad de Zaragoza se explican de manera más detallada en la primera parte del catálogo de la exposición Ágatha Ruiz de la Prada editado por la Fundación Ibercaja con texto de Marisa Oropesa y Ágatha Ruiz de la Prada.
[3] El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedicó a esta artista la primera retrospectiva en España bajo el título “Sonia Delaunay. Arte, diseño y moda” [4/7/2017-15/10/2017].
[4] Para una mayor profundización en el tema véase: PALMEGIANI, Maria Elena (2018), “Elsa schiaparelli y su relación el Surrealismo”, Liño: Revista Anual de Historia del Arte (24). 72-84.
[5] En torno a la utilización de este tipo de recursos en el mundo de la moda veáse: DE ROCCO, Matejka (2022), “Slow Fashion y arte. Aplicación de la técnica del quemado en la manipulación textil. Colección skinnor”, Concpet. Revista de investigación e innovación en diseño (1). Granda: Esada, 5-20.


