Esta exposición, y el libro-catálogo publicado como resultado, son un merecido homenaje póstumo a José Luis Lasala, fallecido en 2022, quien fue una figura muy importante y muy querida en nuestro mundillo artístico. Prueba de ello era el gentío que abarrotó el IAACC el día de su inauguración, cada cual con sus particulares recuerdos del protagonista, sobre todo su hija Sabina, que ha ejercido de comisaria con apasionada emotividad pero demostrando a la vez su profesionalidad como historiadora del arte y gestora cultural. A ella se debe el título Paisaje en la memoria, que nos da las claves poéticas de un artista a menudo inspirado al final de sus días por recuerdos de personas, lecturas y viajes, rebobinados en sus cavilaciones mirando al campo. Espacialmente durante los paseos desde la moderna casa que se hizo construir en San Mateo de Gállego, donde él y su familia se convirtieron en vecinos muy integrados con el paisaje y paisanaje local, así que la Comarca Central ha coproducido este homenaje, que estará seguido de otras muestras dedicadas a artistas de ese territorio, idea que le hubiera complacido a José Luis. También le hubiera encantado el hecho de que esta antológica tenga lugar en su querido Museo Pablo Serrano (que la ha programado como complemento de la titulada Aragón y las Artes 1937-1957, donde él está muy bien representado). Lucen muy bien sus obras en la galería de la planta baja conocida como la “sala 94”, pues se inauguró en 1994, cuando Lasala era el director de la institución, que la ha conservado sin cambios desde aquella fecha.
De sus múltiples perfiles, como pintor, diseñador, crítico de arte y activista cultural da buena cuenta el catálogo, pero también la exposición, que presenta testimonios de su participación en acciones de pintura mural colectiva en las tapias de Castillejos y La Paz en 1975, o su intervención en la pared trasera de la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón realizada en 1977, más sus portadas de discos para José Antonio Labordeta y La Bullonera, sus carteles para el Partido Socialista de Aragón (PSA) o para las fiestas patronales de Zuera… Pero la columna vertebral de esta retrospectiva es la enfilada cronológica de sus grandes cuadros, mostrando las etapas de su evolución desde geometrías abstractas al estilo del Equipo 57 y el arte analítica italiana pródiga de formas en relieves, con las que construyó un estilo diferenciado cuando era miembro del grupo Azuda 40, a las filigranas sobre un plano típicas de Trama, desde las que dio el salto a una poética menos geométrica, más sentimental, marcada por los campos de color de Rothko, el gestualismo informalista y la abstracción lírica, hasta el punto de que los títulos nos dan pistas sobre referencias argumentales que, según recomendaba Greenberg, siempre había evitado cuidadosamente al titular sus obras de juventud. Al parecer, la clave para ese giro narrativo fue el libro Arte Último de Juan Antonio Aguirre, quien abogaba por un compromiso entre abstracción y nueva figuración expresionista, cuya personificación representaba Luis Gordillo. Lasala leyó con desaprobación ese libro cuando era un joven militante radical de la geometría; pero años más tarde se declaró admirador de Aguirre y hasta hizo que Ibercaja le organizase una estupenda exposición itinerante. Por cierto que esta faceta laboral suya, como director de la Obra Cultural de Ibercaja durante veinte años, no se ha analizado en el catálogo. Quizá porque conviene contar con un mayor distanciamiento histórico para valorar su legado personal más reciente: ya habrá ocasión de hacerlo en el futuro.


