La condición de arte múltiple del grabado en ocasiones ha supuesto para este lenguaje artístico una menor valoración frente a la pintura o a la escultura. Afortunadamente esta consideración ha evolucionado, en parte gracias a la voluntad de ciertas instituciones que apostaron, desde comienzos del siglo XX, por el coleccionismo del grabado. En París, fue el caso de la colección de la Bibliothèque d’Art et d’Archéologie, una institución fundada en los primeros años del siglo XX por el modisto Jacques Doucet y que forma parte actualmente de las colecciones patrimoniales del INHA. Esta colección, muy rica en primeros estados y pruebas de artista gracias a la labor coleccionista de Doucet, nos reunió en París en diciembre a un equipo de especialistas encargados de su investigación. Una de las visitas organizadas a propósito de este encuentro fue a la exposición del Petit Palais dedicada al arte gráfico, una brillante muestra que ha sido comisariada por Annick Lemoine, directora del Petit Palais, las conservadoras de la institución Anne-Charlotte Cathelineau y Clara Roca, además de la colaboradora científica del departamento de arte gráfico Joëlle Raineau-Lehuédé. Bajo el título de Tesoros en blanco y negro, han sacado a la luz este patrimonio menos conocido y han editado un catálogo con estudios actualizados sobre esta colección.
La exposición concede una importancia preponderante al gusto de los coleccionistas que estuvieron en el origen de la creación del Musée de la estampe moderne, en el seno del Petit Palais. Se trata de las figuras de Eugène Dutuit (1807-1886) y Auguste Dutuit (1812-1902), dos importantes coleccionistas de arte gráfico cuyo acervo acabaría formando parte de las colecciones del Petit Palais. Fue sobre todo Eugène quien comenzó a reunir una ingente colección de grabados, consiguiendo hacerse con la obra gráfica completa de Durero o de Jacques Callot, adquiriendo varios centenares de estampas de Rembrandt. Su coleccionismo tuvo siempre una vocación pedagógica, pues, como explica esta exposición, Dutuit quiso reunir los materiales suficientes para poder escribir una historia completa del grabado. En este sentido, fue el autor de Manuel de l’amateur d’estampes (1881-1888) y L’oeuvre complet de Rembrandt (1883). La muestra del Petit Palais consagra varios espacios diferenciados a Durero, Rembrandt y Callot y, además de presentar obra gráfica, se incluye un maravilloso autorretrato del maestro neerlandés al óleo sobre lienzo, el célebre Autorretrato con perro (ca. 1631), conservado precisamente en el Petit Palais.
Al igual que sucede con otras colecciones francesas y españolas de arte gráfico, la figura de Goya marca un punto de inflexión en el discurso expositivo. Las comisarias de la muestra han dedicado al maestro de Fuendetodos un apartado que lleva por título Goya, sueños oscuros. Se presenta aquí la serie de La Tauromaquia, que Eugène Dutuit consiguió adquirir casi en su integridad. Al coleccionista le interesaba fundamentalmente la maestría de Goya a la hora de trabajar con diferentes técnicas de grabado, especialmente su manejo del aguafuerte y del aguatinta. Por este motivo, Dutuit adquirió solamente estampas del pintor aragonés grabadas en vida del artista. Las estampas que aquí podemos contemplar de Los Disparates son adquisiciones posteriores del Petit Palais. Llama nuestra atención un álbum de Los Caprichos que adquirieron los Dutuit a un coleccionista zaragozano y también las copias de los lienzos de Velázquez.
La segunda parte de la exposición está dedicada al Musée de l’Estampe Moderne. Es un acierto la división de la muestra en estas dos partes diferenciadas pues el proceso de génesis de esta colección de grabados modernos es muy diferente. El fervor coleccionista de los Dutuit no alcanzó la estampa moderna. El origen de esta colección se debe a la iniciativa del conservador del Petit Palais Henry Lapuze, quien tuvo la genial idea de organizar una colecta de estampas entre los artistas modernos, sus familias y algunos coleccionistas parisinos. Su idea funcionó y en 1908 se inauguraba este museo dedicado a la estampa moderna. Entre sus tesoros cabe destacar la galería de retratos de Henri Béraldi —que nos permite poner cara a algunas figuras claves del arte decimonónico francés como Ingres—, la presencia de abundantes donaciones de artistas y de sus amigos —véase la donación de litografías de Toulouse-Lautrec realizada por su colega Adolphe Albert— o ciertas estampas encargadas por la municipalidad de París.
Y, entre tanto homenaje al blanco y al negro, destaca especialmente la penúltima sala de la exposición, dedicada al grabado en color. Aquí se pone en valor la figura del marchante y galerista Georges Petit, un verdadero defensor del arte gráfico en color, a veces infravalorado por la crítica que asociaba a estas estampas de colorido brillante al gusto comercial y decorativo de la burguesía. La calidad artística de estas piezas queda perfectamente justificada al contemplar los trabajos de grabadores noruegos como Johannes-Martin Grimelund o Frits Thaulow, cuyas estampas de paisajes nevados bañados por la luz septentrional demuestran un delicado lirismo.
La última sala de la muestra se destina a las últimas adquisiciones de arte gráfico del Petit Palais, demostrando la política activa de compra de esta institución parisina, cuyos equipos constituyen hoy en día la versión contemporánea de esos amateurs d’estampes decimonónicos.


