El retablo de Maese Pedro, la célebre obra musical para títeres compuesta por Manuel de Falla, cumple cien años y la Residencia de Estudiantes de Madrid celebra esta efeméride a través de una exposición comisariada por la profesora de la Universidad Complutense Elena Torres Clemente, experta en la obra del músico gaditano. La muestra ocupa varias de las salas del Pabellón Transatlántico y ha sido organizada por la Residencia, la Fundación Archivo Manuel de Falla, la Junta de Andalucía, contando con la colaboración de Acción Cultural Española, entre otras entidades. Cabe recordar cómo algunas de ellas ya participaron en 2015 en la muestra titulada “Ignacio Zuloaga y Manuel de Falla: historia de una amistad”, que se presentó en CentroCentro (Madrid) y que contó con un espléndido catálogo. Y, en la línea de actividades de esta efeméride, cabe destacar la celebración de un congreso en la Universidad Complutense, bajo el título “Retornos al pasado, caminos de vanguardia, en el centenario de El retablo de Maese Pedro”, a finales de mayo de este año, dirigido por Elena Torres e Yvan Nommick, profesor de la Université Paul Valéry de Montpellier.
El primer logro de esta exposición es el lugar escogido para su presentación. El retablo de Maese Pedro constituye una muestra imprescindible de la cultura española de la Edad de Plata. Así, los figurines, carteles, maquetas, correspondencia, fotografías y demás materiales que componen la muestra, dialogan con el edificio de la Residencia, por la cual también pasó Falla.
Pero, además, lo que fácilmente podría haberse resumido en una exposición canónica sobre esta pieza operística —generando un discurso clásico sobre los orígenes, composición, estreno y recepción de la obra—, explora de manera mucho más profunda las potencialidades de una obra todavía abierta a lecturas y explicaciones, que interpela cuestiones complejas como la de la identidad nacional española.
Hay que señalar también la importante labor desempañada por la Fundación Archivo Manuel de Falla, que, desde 1991, custodia desde las inmediaciones de la Alhambra el legado del compositor andaluz. Gracias a sus documentos, además de muchos otros préstamos procedentes de otras instituciones, se han conseguido materiales suficientes para la organización de la exposición.
La muestra queda organizada en siete secciones. La primera se dedica al arte de los títeres, tradición de gran raigambre en Cádiz gracias a las representaciones de la compañía de la Tía Norica, que Falla debió de conocer en su niñez. Se presenta en esta primera sección un teatro infantil de mesa, de comienzos del siglo XX, muy similar al que tenía Falla de niño, con el que pasó horas jugando. La segunda sección se dedica al Quijote, obra cumbre del canon de la literatura española, cuyo capítulo XXVI da argumento a esta pieza de Falla. El Quijote fue uno de los grandes intereses del compositor y aquí se exponen ejemplares de esta obra procedentes de la biblioteca de la Fundación. La siguiente parte se dedica al largo proceso de composición de la pieza —cuatro años—, que tuvo su origen en un encargo de Winnaretta Singer, princesa de Polignac, importante mecenas musical de compositores como Erik Satie, Stravinski y de bailarinas como Isadora Duncan. A continuación, se documenta el estreno de la obra en el salón de la princesa de Polignac, en junio de 1923, evento al que asistió buena parte del beau monde musical parisino, además de algunos compositores españoles. Sobresalen aquí los decorados ejecutados por Manuel Ángeles Ortiz, pintor y escenógrafo muy vinculado, como Falla, a la Generación del 27. Y, de gran interés es la quinta sección de la exposición, dedicada a los nuevos “ideales hispánicos” que destila esta ópera. La historiografía incluye a Manuel de Falla entre los miembros del nacionalismo musical español, especialmente junto a Enrique Granados e Isaac Albéniz. Sin embargo, las lecturas contemporáneas de las creaciones de estos compositores han permitido vislumbrar el grado de innovación y de vanguardia que tuvieron sus piezas musicales. En el caso de El retablo de Maese Pedro es evidente, Falla introduce técnicas teatrales modernas y complejas, rescatando una “esencia española” que no cae en el folclorismo fácil. La muestra además índice en el papel de Wanda Landowska, intérprete del clavicémbalo, un instrumento caído completamente en desuso, que dificultó las representaciones de esta pieza. La siguiente sección alberga también el gran interés de recoger materiales que atestiguan las representaciones de El retablo entre 1923 y 1946, en teatros de medio mundo, contando con la colaboración de numerosos artistas de muy diversas disciplinas. La última sección se destina a las representaciones de la obra tras la muerte de Falla, pues la pieza ha inspirado numerosas producciones, contando con la colaboración de artistas como Antonio Saura o Miquel Barceló.
La Residencia de Estudiantes ya dedicó en los noventa una exposición a esta obra, contando con un catálogo centrado especialmente en los figurines de Manuel Ángeles Ortiz. Ojalá la presente muestra nos regale otro catálogo en el que se actualicen las investigaciones sobre Falla y El retablo de Maese Pedro, o, en su defecto, vea la luz un libro de actas sobre el citado congreso.


