El color de lo público

Desde que en 2003 abrió sus puertas en la zaragozana e histórica Plaza de San Agustín el Centro de Historias (ubicado en parte de los terrenos del antiguo convento y cuartel de San Agustín), ha procurado demostrar con cada una de sus propuestas, que es un museo de arte moderno y contemporáneo diferente. Muestra de ello, entre otros ejemplos, es que su única exposición permanente es la de la Escuela-Museo de Origami que alberga (EMOZ), un referente internacional expositivo de papiroflexia. Pero tampoco olvida otras disciplinas actuales de primer orden, como es el cine y otras manifestaciones audiovisuales. Para ello se ha prestado como sede de actividades como el Festival de Cine Realizado por Mujeres, el Festival de Derechos Humanos, una sección de Cinefrancia y otras muchas dinamizaciones culturales. A su catálogo artístico, se agregan muestras y festivales de música y danza de distintas culturas, que suele ubicar en su plaza interior y que suponen un activo cultural de primer orden, pues se convierten en una fiesta ciudadana que repercute en la regeneración de este enclave urbano. Todas estas acciones se complementan con conferencias, debates, presentación de libros, talleres, etc. En su libro de ruta, una de las directrices más claras es la apuesta por esas disciplinas artísticas contemporáneas, que se salen del repertorio canónico y luchan por conseguir su reconocimiento en la Historia del arte. Entre ellas encontraríamos el cómic, el diseño gráfico, el diseño de moda, o el arte urbano por citar algunas.

Justamente la exposición colectiva El color de lo público trata sobre esto, la puesta en valor del arte urbano y sus artífices. Son muy pocos los museos nacionales o internacionales que se atreven a introducir en su programación expositiva el street art: muralismo, grafiti, collage urbano, esténcil, serigrafía o cualquiera de sus manifestaciones. Y aunque su [re]definición artística va mas allá de las acciones hechas con soporte urbano, suelen tener en común reivindicación individual o social y contracultura de tipo underground o alternativa. Se trata de una aparente escapada de las corrientes culturales establecidas, aunque en ocasiones, justo sean estas los vehículos creativos necesarios, como puede ocurrir en la temática Pop e iconos mass media.

El comisariado de esta muestra, ha llegado de manos de Festival Asalto, patrocinado para la ocasión por el Ayuntamiento de Zaragoza. Esta organización nació en 2005 como una muestra Internacional de arte urbano, que tenía por vocación ser referencia en la comunicación entre artistas, obra y espectador en la calle. Su carácter lúdico e irreverente surge ya de su nombre, que parece hacer referencia tácita al folclore histórico de Zaragoza referido a la Guerra de la Independencia y el legendario carácter combativo y rebelde de su población, en contraposición al asalto artístico que durante varias semanas cada año, perpetran los participantes del festival. En su web puede leerse que el festival plantea “una fórmula de interacción global con la ciudad y con sus barrios, tanto a nivel urbanístico como social” (www.festivalasalto.com), en la que la se pretende que los procesos creativos de cada artista y colectivo, se realicen al aire libre y a la vista de todos los paseantes, convirtiendo así el festival en un acto apologético popular al que suelen asociarse otras actividades relacionadas, como conciertos o incluso mercadillos.

La exposición El color de lo público se ha ubicado en el espacio expositivo del nivel 2 del Centro de Historias, el más amplio del museo. Cuenta con una panorámica histórica inicial a través de fotografías, de lo que supone cada año el Festival Asalto para la ciudad y anticipa lo que propone para su convocatoria 2022, que se ha desarrollado durante el mes de septiembre en el barrio zaragozano de Santa Isabel. Los créditos fotográficos llegan de la mano de Marcos Cebrián, Eduardo Moreno, Brazo de Hierro, Clara Antón, Rubén Sances, NULO, Diego Vicente, Txemy, Elian Cali, Murfin Art y la propia organización Asalto. Tras ello se puede pasear entre los murales intervenidos para la ocasión, por los artistas participantes, Diego Vicente, Elian Chali, Murfin Art, NULO, Txemy, cuyo denominador común es el uso del color y el gran formato, ya que se ocupan al completo las paredes disponibles. Estos creadores merecen críticas independientes, sin embargo, en esta ocasión, funcionan como un colectivo y aunque sus aproximaciones al trazo y la forma son muy distintas, convergen aquí en un trabajo coral en el que ninguno de ellos es nota discordante. Con muy distintos ritmos, los cinco se manifiestan con una narrativa que parece continua y emocional. Pero una de las características más importante de esta exposición es que Festival Asalto ha querido en este curioso experimento, extraer el arte urbano de la calle, del exterior, y llevarlo al interior del edificio. El visitante accede a un espacio en el que el color y la abstracción son el denominador común de un lenguaje plástico que envuelven al espectador, introduciéndolo en un paseo onírico y sensorial.

Sin duda, la reivindicación creativa y puesta en valor del arte urbano es incuestionable gracias a exposiciones cómo esta. Analíticamente, quizá la sección inicial en la que se repasa la trayectoria del Festival Asalto, resulta algo sumaria si pensamos en la ingente documentación gráfica que han generado sus ediciones, pero la valentía de su arriesgada propuesta muralista es innegable. Los artistas antes citados vinculados al Festival Asalto 2022, han realizado espectaculares obras que, sin embargo, tienen carácter efímero, ya que al concluir la exposición han sido eliminados para “rehabilitar” las salas de exposiciones del Centro de Historias que, tras su clausura, vuelven a existir en su blanco inmaculado. Este punto es realmente destacable y debe conducir a reflexión ya que, tras cada Festival Asalto anual, las obras quedan en la calle y sus fachadas, formando parte de la imagen de la ciudad y del imaginario colectivo urbano. Sin embargo, en esta exposición se experimenta con la memoria individual y lo inmersivo de esta experiencia.

Es importante destacar también la osadía del Centro de Historias, son muy pocos los museos que se atreven a realizar muestras de arte urbano, fundamentalmente en el circuito nacional. En este aspecto podríamos destacar el joven MOCO de Barcelona, pero sin embargo cuenta con formatos de las obras de reconocidos artistas urbanos, más cómodos, móviles, portátiles, no auténticos asaltos del muro como los perpetrados durante exposición, lo que ha justificado su larga duración.

El color de lo público posee en definitiva una de las cosas más importantes que debe de tener una muestra: reflexión y debate sobre el arte, contemporáneo en este caso, cuestiones muy necesarias con preguntas como: ¿Qué es el arte urbano? ¿Existe un arte público o son muchos?  Y tras su clausura, ¿el arte urbano puede salir de su soporte exterior y coyuntural, para integrarse en un espacio interior?

Exposición temporal en Centro de Historias de Zaragoza (Pza. San Agustín, 2). Del 02-06-2022 al 18-09-2022

Número 60

Septiembre 2022
Ruth BARRANCO RAIMUNDO
Diseñadora e Historiadora del Arte especializada en Lenguaje y Cultura Audiovisual
Fecha de recepción: 29/9/22
Fecha de aceptación: 30/9/22
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