El fotógrafo Ángel Hilario García de Jalón Hueto, más conocido como Jalón Ángel, aparece en los libros de historia de la fotografía frecuentemente como el fotógrafo oficial del general Franco, pero lo cierto es que nunca lo fue, aunque una de las fotografías del dictador fuera usada como retrato oficial y para ilustrar sellos, – en el año 1928 se inauguró la Academia General Militar en Zaragoza la esposa de su primer director, el general Franco, acudió al estudio del fotógrafo para retratar a su hija Carmen. Ese fue el punto de inflexión en su trayectoria, ya que su trabajo fue del gusto del general y a partir de entonces este le llamaría para diferentes encargos-. Sin embargo, según las fuentes primarias y los testigos. Jalón vivió una vida de amor al arte y a la fotografía y, muy especialmente, a sus amigos fueran estos de la ideología y del fondo cultural que fueran y por los que llegó a interceder ante el gobierno en varias ocasiones.
Nació en Viana (Navarra) el 11 de agosto de 1898. A los 14 años, una vez terminada la enseñanza primaria en el pueblo, trabajó como aprendiz en el estudio fotográfico del Alberto Muro (Logroño). En 1913 se trasladó a Francia con su gran amigo Abelardo Muro, hijo de don Alberto. Primero se instaló en Lyon donde aprendió con el fotógrafo suizo Arlaud y, más tarde, con Pacalet. No tardó en trasladarse a París donde trabajó con el fotógrafo americano Benjamín Berson. La oportunidad de volver a España se presentó en 1926 cuando montó su propio estudio en Zaragoza e inició una andadura artística de primer orden. Jalón Ángel fue también un dinamizador cultural y un agitador social en Zaragoza y en Aragón. Asimismo, tenía el convencimiento de que la ayuda a los más desfavorecidos era una obligación humana, así como la caridad activa, lo que se tradujo en su interés por la formación profesional de las personas sin recursos. Por este motivo, todas las acciones que ponía en marcha tenían como base el aprendizaje y la cultura. Así nació, en 1952, la Junta de Obras Sociales de la Parroquia de San Valero, del que Jalón fue su impulsor. De esta Junta, presidida por el mismo, nacerían diferentes patronatos en la futura Escuela San Valero.
Un diálogo con la vida
La doctora en Historia del Arte y directora del Archivo Fotográfico “Jalón Ángel”, Pilar Irala, acaba de publicar la monografía Jalón Ángel (1898-1976). Más allá del fotógrafo; primer estudio en profundidad sobre el perfil profesional, humano y social sobre este fotógrafo navarro que desarrolló su trabajo en España entre 1926 y 1976. El libro nos introduce en la dictadura, época en la que, en ámbito de la fotografía se consolidaba lógicamente, el documentalismo y se retoma al pictorialismo, aunque será desde esos mismos ámbitos, cuya principal actividad era el salonismo, desde donde se comienza también sutil alejamiento de estas estéticas para avanzar hacia ciertas modernidades para la fotografía española ya en los años cincuenta; pero el verdadero impulso tanto creativo como técnico en Aragón llegará en la década de los años setenta, con la apertura del Studio Tempo de Julio Sánchez Millán. A partir de aquí, la autora se centra en dar a conocer al lector la trayectoria personal y profesional de Jalón Ángel. El libro se divide en siete temas: militares; familia y amigos; fotografía social y antropológica; paisaje urbano (Zaragoza, España y Europa); la Escuela San Valero y la edición de postales; que van alternados con la propia biografía del fotógrafo. Fue en el género del retrato en el que tuvo una mayor repercusión profesional de calado nacional ya que al estudio acudió lo más granado de la sociedad política, cultural y científica. Jalón Ángel pensaba en un tipo de imagen diferente teniendo en cuenta a quién y para qué realizaba los retratos. En los casos de imágenes de militares, son más rotundos y serios, aunque con cierta ambientación que da un toque de dramatismo, pero en todo caso, no suaviza ni espacios, ni poses, ni rostros. Por otro lado, en los retratos de la élite social como científica o cultural, o como en los relacionados con el arte o el folklore, Jalón Ángel varía su estilo y lo hace más europeo, con posturas más relajadas, atrezo y luces en ocasiones dramáticas que colocaba detrás de la figura y con atención también a diferentes puntos del rostro, generalmente los ojos. Los gestos son unas veces más naturales, otras más teatrales con manos apoyadas o caídas sobre el pecho o sobre una silla o respaldo. En el Archivo Jalón Ángel se conservan tres ediciones diferentes de tarjetas postales. Se trata de fotografías muy diferentes al estilo documental de sus viajes; de las postales de Zaragoza destacan los planos abiertos, generales o medios, en los que incluye habitualmente la arquitectura, pero algo menos la presencia humana. Sin embargo, lo más valioso del libro es el descubrimiento de la obra oculta de Jalón Ángel. Sus imágenes personales, fuera de los encargos de estudio, tienen un carácter eminentemente fotoperiodístico; son fotografías realizadas desde el ejercicio de la pura observación, llenas de guiños, miradas e historias que se desarrollan más allá del encuadre y que tienen un fuerte carácter narrativo. Es su trabajo más especial y valioso, y también el más desconocido.
La profunda riqueza visual de un fotógrafo sólo se puede conocer tras revisar toda su obra y, sobre todo, tras descubrir su álbum más personal por ser este el de mayor libertad creativa. En el caso de Jalón Ángel nos permite acceder a un mundo de viajes, observación e interés por lo que le rodea; estamos ante un cronista intimista y costumbrista de su época, un cazador de reflexiones visuales, un maestro de fotógrafos.


