X Aniversario del taller de arte del grupo Zhebra (Valentia, Huesca). Antológica de Félix Moreno (in memoriam)

En el marco de las actividades programadas para conmemorar el X aniversario del taller de Arte, desarrollado en las instalaciones del centro “Manuel Artero” de Huesca para personas con discapacidad intelectual, durante los pasados días 8 a 17 de julio se ha presentado en el oscense centro cultural “Manuel Benito Moliner” una exposición antológica del artista Félix Moreno (Cetina, Zaragoza,1973-Huesca, 2021), vinculado a este taller hasta su reciente fallecimiento. Con el objetivo de servir como homenaje a este singular artista, se han seleccionado unas setenta pinturas suyas que ofrecen una buena síntesis de su proceder creativo, eminentemente orientado por el principio de “necesidad interior”.

Artista muy sensible capaz de plasmar en el campo formal altas cotas de emoción, sus producciones resultan, en primer lugar, muy explícitas de una actitud pura y sincera ante el fenómeno artístico, de una unión muy singular entre lo vital y lo artístico. Su entrañable personalidad, perfectamente reflejada en los resultados plásticos, el sentimiento de libertad con que abordaba y desarrollaba el proceso creativo y el sentido lúdico en cuanto a la elección del color y la adaptación de su expresión a cualquier tipo de soporte o formato, fueron los que siempre acabaron por dotar de un sentido estético particular e interesante a cada una de sus obras.  

Moreno usaba sin restricciones toda la gama de colores que pudieran estar a su alcance, que combinada a menudo consiguiendo efectos sorprendentes como reflejo del estado de ánimo en que se encontrara en cada momento. "La obra de Félix es una sorpresa permanente. Esperamos que esta exposición sirva como homenaje y reconocimiento a su aportación al mundo del arte", indicaba Eduardo Cajal -impulsor y coordinador del ZheBRA al que el artista estuvo vinculado- en el emotivo acto de inauguración del pasado 8 de julio, arropado por sus compañeros de grupo, familiares y algunos responsables institucionales, trufado por recuerdos y anécdotas ilustrativas de una vitalidad desbordante. Un acto muy emotivo que transcurrió entre sones de flamenco y efusiones de alegría festiva, tal como al artista le hubiera gustado en vida, pues él mismo era -al decir de alguno de sus familiares- “además de artista, una pura fiesta”.

En el acto de inauguración, Cajal recordaba la singular energía con que Moreno emprendía siempre su particular proceso creativo: “Tenía sus rituales de entrada al taller, un ritual maravilloso que era interesante seguir… Si no había lienzos, iba a buscar cajas, las deshacía y aprovechaba pictóricamente. Se lo tomaba muy en serio; entraba como “en trance” y podía estar horas y horas pintando. Verle era algo mágico.” Más allá de toda consideración dentro de la etiquetas de lo marginal -aquellas que pudieran estar ligadas al llamado arte “Outsider”, o similares- la obra de Félix Romero constituye toda una lección de “Arte” con mayúsculas  pues llega a acceder, en todo momento y sin problemas, a esa dimensión intangible y misteriosa de lo puramente estético, traspasando los límites de la mera funcionalidad y de los obvios beneficios formativos, lúdicos o terapéuticos en que cabe ser enmarcada la experiencia coordinada por Cajal a nivel básico.

Colorista y vibrante, en cuanto a referencias o posibles apoyos de la obra de Moreno en determinados hitos de la historia del Arte del siglo XX -como pudieran ser, por ejemplo, las teorizaciones sobre la forma y el color de un Josef Albers, a quién en algunos aspectos a primera vista podría recordar-, podemos asegurar que, en este caso concreto, a pesar de las apariencias, éstas no se dan en absoluto ya que la expresión del artista surge pura y sin contaminaciones teóricas o “academicistas” con entera libertad, directamente de los estratos más profundos del ser. En el caso de Félix Moreno, toda esa fuerza emocional y vital que tanto le caracterizó supo expresarse con singularidad en el ámbito pictórico ateniéndose, paradójicamente y contra todo pronóstico, a un canon rítmico algo estricto que contaba como su mejor aliado, a nivel compositivo, con el apoyo sobre estructuras “racionales” y el recurso a las ordenaciones y distribuciones “lógicas”: las combinaciones binarias, la importancia de la centralidad visual y la distribución centrípeta de los campos o bandas de color en juego saben abrirse sin embargo, de forma muy equilibrada, al valor de lo expresivo y a ciertas sugerencias organicistas, particularidades que acaban por confirmarse como rasgos de un estilo muy personal.   

Siempre abiertos a conjugar los atractivos e inesperados efectos de las interacciones del color, lejos de buscar la neutralidad, los planos pictóricos planteados por Félix se comportan con mucha sensibilidad como bases receptivas de lo emotivo; el planteamiento lúdico e instintivo de la acción, siempre contenida en un sutil equilibrio, la gestualidad moderada en la mancha y la vibración del toque abren paso, en definitiva, a las mágicas sugerencias de lo lírico. Cada una de las obras de Félix Moreno es un reflejo fiel de quien fuera él mismo, dotado de una forma de ser plena de vitalidad, sensibilidad, color y alegría. Sin negar su trascendencia, crear para él, seguramente, era como asistir a una fiesta. Como señalaba uno de sus familiares el día de la inauguración y merecido homenaje, “Él no se dejaba perder una fiesta por menos de nada…y, hoy, hubiera exclamado: ¡Venga cuñao, cántame por Camarón!”

Número 60

Septiembre 2022
Juan Ignacio BERNUÉS SANZ
Doctor Europeo en Historia del Arte
Fecha de recepción: 22/9/22
Fecha de aceptación: 24/9/22
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