La honestidad del arte

Toda obra de arte es, por naturaleza, interminable. Una vez concluida por su autor, no permanece intacta, sino que le espera un “futuro imperfecto”: a medida que cruza los siglos sufrirá cambios físicos, se marchitará, será cruelmente maltratada, arderá, morirá o renacerá. Atravesará la historia del arte y llegará al presente con cicatrices visibles de los estragos de la edad. El tiempo ha conservado fascinantes ejemplos de obras inconclusas, interrumpidas por azar, o destruidas por el tiempo detenidas en estado de ruina, de esbozo, de duda. Es lo que sucede con la escultura ibérica o con la estatua lisiada de una fachada medieval. Son “veteranas de guerra”, rescatadas de la violencia de la historia, cada una con su pequeña catástrofe. En ocasiones, el motivo de la inconclusión no obedece a un gesto de rebeldía sino a una causa “económica”. Hasta el siglo XVI, solo una circunstancia involuntaria podía explicar el inacabamiento de una obra de arte, que era interpretada como una “falta”, como un fracaso. Pero fue en el Renacimiento cuando grandes maestros, tan dispares como Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, o Tiziano, encontraron en el non finito una categoría interesante en sí misma. Un ejemplo fue el Torso de Belvedere. Desde su hallazgo, los artistas encontraron un enigma inagotable en este soberbio tronco, sin piernas, brazos ni cabeza perteneciente a la colección Colonna, símbolo del genio griego para la escultura. Esa masa respirante, roída por el paso del tiempo, deslumbrara porque su amputación encerraba la esencia de la totalidad. Será el primer fragmento artístico admirado como tal, no solo por lo que era, sino por lo que se suponía que había sido. Sin embargo, fue especialmente en el Romanticismo cuando lo interrumpido, lo fragmentario, el esbozo y el apunte adquirieron una importancia decisiva en la literatura y el arte, porque consideraba la obra inacabada como más vivaz y auténtica, más emocionante, llena de sugerencias y se convirtieron en emblemas de modernidad.

En colaboración con el Museo Nacional de Escultura de Valladolid y la Obra Social “la Caixa”, Non finito. El arte de lo inacabado es una exposición de tesis. Desarrolla la idea de que, más allá de la distinción entre clásicos y modernos, la predilección por las formas fragmentarias ha sido una constante en la creación artística desde tiempos remotos. A través de estas sorprendentes analogías se proponen seis categorías, escenarios o “gabinetes”, a semejanza de las cámaras de las maravillas del Renacimiento de arte inacabado: El encanto de los comienzos, Abreviaturas, Babel. La imaginación del desastre, Formas peregrinas, La erosión y En él álef. Lo infinito. Y para ser comprendida ha de saltar por encima del férreo marco de las cronologías y viajar trazando encadenamientos en zigzag, divagaciones y rodeos, abrirse a otras lógicas que no sean las de los géneros y los estilos y promover encuentros insólitos y nuevas formas de ver. Por ello, renunciando a cualquier recorrido sistematizado, pero sin excluir la atención a la historia, el cuidado método o el valor de las palabras, se ha elegido un amplio conjunto de experiencias, creadores, periodos y lugares. En la exposición conviven desde una estela egipcia junto a un gouache de Picasso de la época azul, un evangelista de Salzillo y el croquis de cartón de una bailarina de Gargallo, un óleo del Greco y una escultura de Oteiza…, etc.

Non finito, es una mirada contemporánea sobre la obra de grandes maestros de la pintura, la escultura, la literatura o el cine. Esta propuesta expositiva, reúne 94 obras de arte procedentes de más de cuarenta colecciones y museos públicos y privados de España, Reino Unido, Francia y Portugal.  Entre lo mucho y variado que hay en la exposición, destacan pequeñas e imperfectas “obras maestras”, vinculadas necesariamente a las fases intermedias del proceso artístico: Vicent Van Gogh Cabeza de campesina (Ca. diciembre de 1884, Colección Abelló), Pablo Picasso Los santimbanquis (1904, Colección Abelló), Rembrandt van Rijin El artista y su modelo (Ca. 1636-1641, Colección Furió / Museo Lázara Galdiano, Madrid), Joaquín Sorolla Retrato de Mabel Rick (Ca. 1920, Museo Sorolla, Madrid), Doménikos Theotokópoulos, el Greco San Juan Evangelista (Ca. 1590, Museo Nacional de Escultura, Valladolid), Peter Brueghel el Joven Construcción de la torre de Babel (Ca. 1595, Museo Nacional del Prado, Madrid), Dora Maar Sin título (Mano-concha) (1934, Centre Pompidou, París), David Hockney Ianthe Cornwall-Jones (1967, Colección Abelló), Marcel Duchamp Rotorrelieves (1935, Archivo Lafuente, Heras) o Jaqueline Nonkels-Delcourt René Magritte pintando “La clarividencia” (1936).

Apuntes a lápiz, bocetos en barro o en acuarela, croquis, mármoles apenas desbastados, plantillas y todo tipo de estados experimentales de errores y correcciones visibles, de pasajes a medio hacer que forman un magma bullente que nos permite adivinar en qué tenía puesta el artista su conciencia más íntima en el momento de realizar una obra de arte.

Non finito. El arte de lo inacabado. CaixaForum Zaragoza. Hasta el 29 de mayo del 2022

Número 58

Marzo 2022
José Antonio VAL LISA
Miembro de AACA, AECA y AICA
Fecha de recepción: 29/3/22
Fecha de aceptación: 29/3/22
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