Si bien sería arriesgado decir que palabras como ukiyo-e o kabuki, o nombres como Hokusai o Harunobu, han pasado a ser cotidianas, lo cierto es que estos conceptos y personajes cada vez son menos desconocidos. El País del Sol Naciente lleva décadas despertando la curiosidad y el interés de los occidentales, especialmente debido a su cultura, donde se ha encontrado tanto la sofisticación de los mejores artesanos, como la conceptualización de los grandes filósofos.
La última gran exposición que se ha presentado en nuestro país que invita a acercarnos al otro extremo del continente euroasiático lleva por título Japón. Una historia de amor y guerra, la cual se desarrolla en el CentroCentro de Madrid, entre el 22 de septiembre de 2021 y el 30 de enero de 2022.
Esta muestra transita por algunos de los aspectos más atrayentes de la cultura nipona. Desde sus refinadas xilografías o mokuhanga del periodo Edo (1603-1868), una de las manifestaciones artísticas más idiosincráticas y reconocibles de Japón, a sus intrigantes obras teatrales de nō y kabuki, o la figura del samurai, como arquetipo de hombre de honor y guerrero fiel, pasando por los impresionantes paisajes del archipiélago nipón o las reflexiones que encierran sus religiones principales, el shintō y el budismo.
Japón. Una historia de amor y guerra es una enorme muestra que recopila una ingente cantidad de piezas de una calidad extraordinaria, propiedad de los coleccionistas Pietro Gobbi y Enzo Bartolone, dos grandes expertos del arte japonés. La exposición se compone fundamentalmente a través de un buen número de grabados, no de manera estéril y aséptica, sino también preocupándose por mostrar al espectador el proceso técnico de la xilografía japonesa, e incluyendo planchas que ayudan a la comprensión de la producción de esta clase de imágenes. Junto con estas estampas, también encontramos kakemono, pinturas japonesas con un acusado formato vertical, impresionantes armaduras completas de los célebres guerreros japoneses o fotografías del periodo Meiji (1868-1912), las cuales seguían recayendo en determinados estereotipos exóticos para los turistas occidentales, en un país que comenzaba su rápido proceso de modernización e industrialización.
Es especialmente interesante el final de la exposición en el cual se incluyen también nuevos movimientos artísticos nipones menos conocidos por el público general, como el shin-hanga o el sōsaku-hanga, dos nuevas formas de entender el grabado en Japón que florecieron a comienzos del siglo XX. De esta forma, aunque sea tímidamente, se observa cómo el arte japonés ha seguido desarrollándose hacia distintas vertientes.
No obstante, en términos generales, esta exposición sigue haciendo hincapié en mostrar una imagen única de Japón. La visión exótica del Lejano Oriente, la imagen de la geisha y el samurai (“una historia de amor y guerra”, título de la muestra), sobre un paisaje cubierto por las flores del cerezo, parece que sigue triunfando y ahondando en la construcción de un determinado estereotipo de la cultura japonesa. Si bien la calidad de las piezas es excepcional, el discurso sigue siendo muy conservador y no plantea nuevas lecturas ni acercamientos al arte o la cultura nipona.
En definitiva, se trata de otra gran producción museográfica de la empresa Evolucionarte. Una muestra muy bien montada en términos expositivos, en un lugar céntrico o conocido de una gran ciudad, con enormes medios y buena publicidad, una gran selección de piezas y un tema atractivo, especialmente dirigido hacia un público generalista.


