La Fundación Telefónica lleva desarrollando una intensa labor coleccionista desde los años 80, comenzando con obras de Picasso, Juan Gris, Tapies o Chillida y, desde entonces ha ido ampliando los horizontes de su colección, también orientada al arte actual. Uno de los objetivos iniciales de la Fundación fue incorporar obras de artistas de renombre, pero escasamente representados en las colecciones públicas españolas. Hoy en día, con el importante acervo artístico que atesoran centros como el Reina Sofía, el IVAM o en nuestra ciudad el IAACC Pablo Serrano, las grandes figuras del arte del siglo XX español tienen su espacio en estos museos, por lo que la deriva de la colección Telefónica hacia artistas más jóvenes resulta apropiada.
La muestra presentada en La Lonja y comisariada por Laura Fernández Orgaz alberga un claro propósito didáctico. Dividida de forma bien diferenciada en varios espacios, la exposición permite contemplar la obra de importantes creadores del siglo pasado: Picasso, Juan Gris, Óscar Domínguez, Tapies, Chillida, Saura, etc. Todos ellos funcionan como reclamo para el público en general, pues, habitualmente, interesa lo que se conoce. Sin embargo, y lo que me parece muy logrado en esta muestra, es la posibilidad de descubrir a artistas menos conocidos e injustamente infravalorados por la historiografía artística. Y es que la exposición comienza con una obra de la pintora santanderina María Blanchard, una colorida naturaleza muerta cubista que aparece junto a las pinturas de Picasso y Juan Gris, devolviendo a esta creadora a la posición que realmente merece en la historia.
Los primeros espacios de la muestra se dedican al arte de las vanguardias históricas, encontrando aquí su sitio varias obras de Picasso, Juan Gris, René Magritte o Paul Delvaux. De este artista belga se presenta un magnífico lienzo fechado en 1944 titulado: L’appel, con dos contundentes desnudos femeninos junto a un esqueleto, situados en un contexto de arquitecturas clasicistas, dando muestra de un surrealismo basado en una vuelta al orden antiguo. En esta sección de la exposición pueden apreciarse obras del asturiano Luis Fernández, otro creador escasamente reivindicado y, sin embargo, partícipe de los movimientos vanguardistas del París de la primera mitad del siglo XX, cercano a Picasso, André Breton o Paul Élouard. En las obras aquí expuestas se hace patente la huella de la tradición barroca de la vánitas y espiritualidad de artistas como Georges de la Tour, referencia para el sencillo candelabro que protagoniza uno de sus lienzos.
El siguiente bloque de la muestra se destina al lenguaje figurativo de la pintura española de la segunda mitad del siglo XX. Pueden apreciarse obras de Vázquez Díaz, Menchu Gal, Godofredo Ortega Muñoz o la pintora sevillana Carmen Laffón, autora de cuadros de un potente lirismo y de gran dulzura cromática. Todas estas vistas de paisajes, flores y naturalezas muertas contrastan con la abstracción de Chillida, Tapies y Saura, protagonistas del siguiente espacio. Los dos primeros aparecen bien representados, especialmente Tapies, con enormes ensamblajes muy característicos de su línea de trabajo más conocida. Posiblemente sea este artista barcelonés el mejor representado en la muestra, en cantidad y calidad de sus obras. Las de Chillida son bastante más discretas, aunque la comisaria ha escogido una magnifica escultura en alabastro, titulada Homenaje a la mar III. Del bloque de piedra en bruto Chillida extrajo sus célebres formas geométricas, manteniendo el aspecto áspero y rústico al exterior y ofreciendo un contraste con el pulido y bello interior, a modo de geoda. La obra de Saura se reserva a un pequeño rincón de la muestra, aunque en él se expongan creaciones de calidad como Biological software, haciendo un guiño a la vocación tecnológica de la colección.
La muestra concluye con las obras más contemporáneas pertenecientes a los últimos años de coleccionismo de la Fundación, resaltando la actividad de difusión artística emprendida por la revista Telos, editada por Telefónica. En este último espacio pueden contemplarse obras de creadoras contemporáneas como Menchu Lamas o Eva Lootz. Seguramente la Fundación se interese también por artistas más jóvenes en fases todavía primigenias de sus carreras artísticas, pero estos no han encontrado su sitio en la muestra.
A pesar de esta pequeña carencia, la exposición está bien articulada y alberga un sentido didáctico que queda muy bien complementado con los códigos QR interactivos, ofreciendo más explicaciones e incluso lecturas pedagógicas y lúdicas para el público más joven.


