Kawsay. Cristina Huarte

Fruto de su estancia en la residencia para artistas Kai, situada en Cuzco (Perú), en el Valle Sagrado de los Incas, Cristina Huarte presenta Kawsay (buen vivir), una muestra mágica, llena de  secretos y simbología ancestral, que rescata la autora para traerla a miles de kilómetros.  Nos enseña los recuerdos recogidos en este viaje, que son una parte básica en este trabajo.  La exposición se divide en dos espacios que contienen vídeo, fotografía, instalaciones, pintura y dibujo.  Es mucho más que eso, son sus vivencias en contacto con la cultura quechua, con las personas que se convierten en los guardianes de su tradición, su lengua, sus costumbres, sus medios de vida, sus creencias, rituales y espiritualidad, y a las que hoy Cristina recuerda como sus amigos de Perú.

 

Entramos en un templo, en el centro de la sala abovedada está el Bastón de mando, utilizado antaño por las sociedades campesinas, realizado en madera de ciprés, representa un cóndor, el ave sagrada de los incas, que comunica el mundo superior con el terrenal, una llamada espiritual al orden cósmico del que comulga esta cultura, pico y uñas en pan de oro, ojos luminosos, recorrido en espiral por una cinta malva, pluma.  Se muestra erguido sobre una base de espejos y piedras doradas, quizás el agua y la tierra bañada por el sol. 

 

Mama Killa, Madre Luna, diosa de la fertilidad, protectora de las mujeres, son representaciones en óleo sobre tela de alpaca realizada artesanalmente con la tejedora Norberta, con quien entabla una amistad entrañable.  Sobre el color natural del tejido, potentes imágenes en intensos colores primarios, vemos cómo el sol penetra en la tierra fertilizándola, la luna la riega con sus lágrimas de plata, contemplamos el poder de la unión del sol, la luna y la tierra, la fuerza del universo.

 

En la misma sala, al fondo, Protectoras, vídeo basado en el poema El guardián del hielo del poeta peruano José  Watanabe, y en el que la artista interpreta a Mama Killa con coraza y luna de plata en la cabeza (estaño), ofreciéndonos hojas de coca preservadas en hielo, símbolo de lo efímero, y masticándolas.

 

 

El baile de los muertos, dibujos-collage con pluma de cóndor, en tinta y lápiz conté sobre papel japonés.  Nos muestra los tres espacios de la mitología quechua, el superior, celestial, donde habitan los dioses, el mundo terrenal, la tierra y las aguas, donde habitan los humanos, los animales, las plantas, y el mundo de abajo, el mundo de los muertos.  La vida es cíclica, el cuerpo muere pero el espíritu vuelve a visitarnos y se le recibe con comida, dulces, flores, alegría y bailes.  Realizados con iconografía incaica, vemos representadas las montañas que hacen de escalera que permite el ascenso al cielo, los caballos como transporte de las almas, la serpiente que se puede mover por varios espacios.  Existen pasos que pueden conectar los tres mundos.

 

En otra sala encontramos la instalación Qantu, la preciosa flor sagrada de los incas de un color rosa muy intenso, donde escuchamos en lengua quechua el poema que se le dedica.  Es un canto a la supervivencia, según la tradición salvó a la tierra de la sequía, la flor se convirtió en colibrí, ave que se alimenta de su néctar para subir al cielo y suplicar al sol que termine con esta sequía, y el sol compadecido accede. 

 

Fotografías de gran impacto visual en las que la artista en comunión con rocas, musgo y líquenes, y bajo el cobijo de una nueva piel protectora, realizada con lana de alpaca teñida con cochinilla, es objeto de una metamorfosis mágica y sanadora, recuperando, en unión con la naturaleza, una nueva espiritualidad.  En el centro de la sala encontramos el manto-cobijo con el que se ha cubierto y escuchamos la vibración del tambor y el sonido de los pájaros.

 

La obra de Cristina Huarte es de gran riqueza literaria, en especial en poesía, como vemos en esta instalación y en el vídeo mostrado.   Esta vinculación es una constante, así en Aún no estás sola, exposición realizada en 2018 en el IAACC Pablo Serrano, este título y el de muchas obras que se expusieron hacían referencia a poemas de Ángel Guinda, Cernuda, Octavio Paz, así como los poemas reproducidos en aquel catálogo, pertenecientes a Sofía Castañón, Alejandra Vanessa, Carmen Ruíz Fleta, Sonia San Román, Laia López Manrique y Almudena Vidorreta.

 

Es una artista inteligente, valiente y delicada, que nos acerca la belleza de otro mundo con una muestra meditada, pero a la vez muy visceral, donde radican los sentimientos mas profundos del pueblo quechua y de la propia artista.  Huarte hace un canto a la naturaleza, a la vida bella, a la vida perfecta, una reivindicación de la vuelta a los valores éticos, a lo esencial.

Caja Rural de Aragón, Zaragoza

Número 54

Marzo 2021
Pilar SANCET BUENO
Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Miembro de AACA, AECA y AICA
Fecha de recepción: 18/3/21
Fecha de aceptación: 19/3/21
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