Solovki. Juan Manuel Castro Prieto y Rafael Trapiello

Esta exposición es el resultado de dos viajes que hicieron Juan Manuel Castro Prieto y Rafael Trapiello a Solovki en el verano de 2015 y en la primavera de 2016.  Castro simultanea su trabajo de fotógrafo con el de positivador de otros autores, es premio nacional de fotografía 2015.  Trapiello  centra su trabajo en el hombre, el territorio y la relación entre ambos.

 

Solovki es como se conoce en Rusia a las islas del archipiélago Solovetsky, en mitad del Mar Blanco, congelado ocho meses al año.  Allí se funda un monasterio en 1429, sus principales construcciones son del siglo XVI, con una gran fortaleza, en 1992 fue declarado Patrimonio de la Humanidad, pero a la belleza se le une su funesto pasado, desde Iván el Terrible fue empleado como prisión, tras la revolución bolchevique se instala allí el Campo Solovki de Propósitos Especiales, campo de prisioneros del que era imposible evadirse y donde se ensayaron los métodos de tortura, reclusión y trabajos forzados del gulag.  Hoy es un centro de peregrinación para los ortodoxos rusos, y en verano lugar turístico por la belleza de las islas.

 

En la actualidad el gobierno, las autoridades de las islas, los monjes y los habitantes, quieren borrar y destruir todo vestigio de lo que allí ocurrió e impedir la labor de los historiadores.  Los fotógrafos indican que tuvieron que optar por una estrategia narrativa más cercana a la poesía que al documental, a la sugerencia que a la mostración, y hacer uso de herramientas simbólicas.

 

La exposición se divide en cuatro bloques temáticos, primero el monasterio y los monjes, que representan el hermetismo y el poder, pertenece a la iglesia que aquí es la autoridad absoluta.  Retratos de monjes con iconos, otros en las puertas de humildes casas o recorriendo las nevadas calles, solamente el infinito blanco de la nieve y el intenso negro de sus hábitos.  También los vemos contemplando la hermosura de las quietas aguas, otros ataviados con doradas casullas.  Una procesión religiosa entre nieve que perfectamente podría ser una fila de prisioneros.  Encontramos fotos de devotos y de peregrinos.  El Kremlin, que significa fortaleza, el monasterio difuminado por la niebla, más que una visión romántica nos hace pensar en su oculto pasado.  

 

En segundo lugar encontramos fotografías de una isla helada y su belleza, junto una galería de retratos de gente común, los habitantes de Solovki, ninguno fue testigo del trágico pasado, pero todos lo conocen.  Ancianos campesinos de rostros arrugados en primer plano, la persona mas vieja de la isla, el farero, sentado en la cama del habitáculo que ocupa, jóvenes leyendo o posando, un chico con una camiseta con la imagen de Che Guevara, una chica preciosa sosteniendo un icono, personas en los interiores de sus casas de madera, trabajadores, niños… 

 

El tercer bloque refleja la vida cotidiana de la isla, niños en el colegio o mirando la televisión, jugando en sus casas o en parques nevados, deslizándose con trineos, caminando por la nieve con nevisca o con sol, padres con sus hijos, coches en las heladas calles, personas que arrastran trineos, barcos… Son imágenes costumbristas que reflejan la vida en unas islas aisladas del exterior por el mar y la dureza del clima.

 

En el último apartado quieren dejar constancia aunque sea de forma metafórica, de lo que allí ocurrió, porque todas los rastros que perduran se están borrando por la connivencia de la Iglesia Ortodoxa con Putin, porque "no se puede justificar todas las atrocidades de Stalin, el más sanguinario entre los líderes comunistas", y quieren recordar que la  función principal de la fotografía es la memoria.  Así nos muestran la imagen de una mujer tras la alambrada del aeropuerto, una familia que celebra un picnic frente a una gran llanura nevada entre el humo de una fogata, el trabajador sentado en la litera del barracón, la ventana sellada con tablones, los campesinos rezando ante las cruces de un cementerio cercano al lugar donde estaban las celdas de castigo, imágenes que parecen proceder de otras épocas.

 

Acompañan a la exposición fotografías pertenecientes al archivo de Yuri Brodsky, el historiador experto en Solovki en la época del gulag, y un vídeo de Castro con material de una película de propaganda fechada en 1928, junto con imágenes tomadas por Castro y Trapiello.

 

Son obras llenas de belleza y espiritualidad, casi pictóricas, que nos recuerdan en ocasiones a Friedrich, y nos muestran que los lugares tienen memoria aunque se quiera borrar sus huellas.

Centro José Guerrero, Granada

Número 50

Marzo 2020
María Pilar SANCET BUENO 

Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Miembro de AACA, AECA y AICA.
Fecha de recepción: 29/3/20
Fecha de aceptación: 30/3/20
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