David Wojnarowicz: la historia me quita el sueño, es un proyecto expositivo fruto de la colaboración de varios museos —el Whitney Museum of American Art de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Musée d’Art Moderne Grand-Duc Jean de Luxemburgo—, para la creación de una exposición antológica dedicada al artista norteamericano David Wojnarowicz (1954-1992). La muestra, que pudo verse en Madrid entre mayo y septiembre del año pasado, fue una extraordinaria oportunidad para contemplar una ingente cantidad de obras de este polifacético y controvertido creador.
Sin embargo, me interesa reseñar el catálogo, disponible para su descarga gratuita en la web del Reina Sofía. Los textos fueron elaborados por los comisarios de la muestra, David Breslin y Dadvid Kiehl; por la artista y escritora Julie Ault (quien ha desarrollado una interesante labor publicando textos sobre artistas contemporáneos, entre otros sobre Félix González-Torres, creador cubano que guarda multitud de elementos en común conWojnarowicz) y la profesora y crítica de arte Cynthia Carr, autora en 2012 de la biografía del artista. Todos ellos han construido una publicación de calidad, que aborda la producción de Wojnarowicz sin complejos, desde un enfoque holístico en el que no se extrae ninguna de las facetas de su biografía ni de su obra, pues, aunque parezca complicado, solamente se comprenden desde una perspectiva global. Es la novedad de la publicación, lo que diferencia a este catálogo de los textos que previamente se habían escrito sobre el creador.
Sobre Wojnarowicz tan sólo añadir unas breves notas. Tras una infancia complicada en la que sufrió abusos, llegó a Nueva York junto a su madre cuando sus padres se divorciaron. Allí se vio obligado a ejercer la prostitución, abandonando su hogar de manera temprana, convirtiéndose en vagabundo. La droga, el arte y las relaciones sexuales se convirtieron en su vehículo de escape. Vivió un tiempo en San Francisco y luego regresó a Nueva York, dedicándose al arte urbano experimentando con el estarcido. También grabó películas con escasos medios y, tras un viaje por Europa, inició una de sus series fotográficas más famosas Arthur Rimbaud in New York, en la que sus amigos posaban con una careta del poeta francés. La elaboró con una máquina fotocopiadora, ampliando la portada de Iluminaciones, de la editorial New Directions. Las ambientaciones eran lugares de fuerte carga emocional para el artista: edificios abandonados, Times Square, el puente de Brooklyn. Algunas son poses de gran impacto visual, mostrando a personas drogándose o masturbándose, siempre acompañadas del rostro ausente del joven Rimbaud, con el que tanto se identificaba. Pero, más allá de su variada y potente producción artística, Wojnarowicz fue un gran activista en su lucha contra la homofobia, la intransigente moral norteamericana y la discriminación que sufrían los enfermos de SIDA, en una época en la que la epidemia se cobró muchísimas vidas. Él mismo se contagió a finales de los 80, falleciendo en 1992.
En el texto que firman conjuntamente Breslin y Kiehl explican cómo se han visto obligados a superar ciertos prejuicios con que la crítica y la sociedad han afrontado la obra de Wojnarowicz. Ellos afirman que, en una época en la que cada vez se concede una mayor importancia a la profesionalización del artista, la obra de Wojnarowicz es la de un creador autodidacta, que tan sólo siguió algunos cursos del High School of Art de Manhattan. Su obra es fruto de la espontaneidad, un valor en vías de desaparición en el panorama cultural actual. Además, como creador, presenta un gran reto a la sociedad norteamericana: Wojnarowicz apela a la colectividad, plantea cuestiones éticas sobre la complicada realidad que le tocó vivir, interroga a los americanos sobre la validez de su propio sistema, en una sociedad en la que el individualismo es la regla.
Además de las obras que pudieron contemplarse en la exposición —de centros como el propio Reina Sofía, la New York University, el Whitney además de numerosas colecciones particulares—, el catálogo presenta un abundante material fotográfico, extraído de diversas fuentes, que permiten comprender mejor el relato biográfico y artístico de este creador. A ello contribuye el texto de Julie Ault titulado “Apuntes para un marco de referencia”. En ella se alternan las explicaciones de la autora con los textos escritos por el propio Wojnarowicz. Aun hoy en día resultan conmovedores, estremecen a cualquiera que imagine el sufrimiento que el artista atravesó a lo largo de su vida, especialmente en sus últimos años, cuando, contagiado de VIH, sintió de primera mano el rechazo de la sociedad y el abandono por parte de un sistema en el que el enfermo era arrinconado y dejado a merced de la enfermedad. La alternancia de estos textos con imágenes de sus obras pone de manifiesto su tremenda capacidad de convertir todo ese sufrimiento en obras del arte. Por último, también me interesa destacar la cronología biográfica preparada por Cynthia Carr a partir de una cronología escrita por el propio artista en 1989 para su primera exposición antológica: Tongues of Flame. Dicho relato concluye en 1982, por lo que la autora lo continuó hasta el final de la vida del artista. Las fotografías familiares y los retratos de David a lo largo de su vida aportan un cierto carácter íntimo al discurso.
En definitiva, ese es el valor de esta publicación, la posibilidad que nos ofrece de acercarnos a la vida de David Wojnarowicz, no sólo gracias a sus obras sino también a través del relato que él mismo construyó, un testimonio único de la eclosión artística y creativa que vino asociada a la irrupción de esta terrible epidemia.


