Excelente idea la del Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social de la Universidad de Zaragoza, que quiso convertir en foco de las celebraciones feministas en torno al 8 de marzo la sala del edificio Paraninfo bautizada con el nombre de la historiadora África Ibarra, al reunir allí una interesante exposición retrospectiva dedicada a la pintora María Pilar Burges (1928-2008), quien fue prototipo de mujer rebelde y reivindicativa, todo un personaje cuya personalidad dejó honda impronta en el mundo cultural aragonés de la segunda mitad del siglo XX. Su memoria está aún muy viva entre nosotros, prueba de ello fue el numeroso público que abarrotaba el acto de inauguración, presidido por el Rector en funciones, José Antonio Mayoral, junto a la Vicerrectora Yolanda Polo, acto en el que también tomaron la palabra en nombre de la familia de la artista su hermano, José Antonio Burges, y la comisaria María Burges, quien nos ha presentado una muy variada selección de piezas protagonizadas todas ellas por personajes femeninos, de ahí la elección del título: Mujeres.
Salvo un elegante busto en escayola retrato de la artista, obra firmada en 1963 por J. A. Lafuente el resto son una veintena de obras realizadas por la propia Pilar Burges en variadastécnicas artísticas y soportes, predominantemente óleos sobre lienzo, aunque también hay algunas tablas, esmaltes, etc. Las fechas y estilos son igualmente muy representativos de su variopinta evolución, pues primero se muestra en el testero de la sala su cuidada formación académica juvenil en los años cincuenta y luego su buena mano para los retratos (entre ellos, el de su madre, de 1954, restaurado para la ocasión por la Universidad de Zaragoza), dando poco a poco la vuelta a la pared semicircular un abanico de pinturas de diferentes géneros y tendencias, hasta llegar al pop e incluso a una distopía postmoderna, titulada ‘Urs Urbis’, de 1986 (tema de paisaje urbano muy de actualidad, por la máscara respiratoria que lleva en la cara un asustado viandante) . Estas visiones cáusticas son en mi opinión uno de los rasgos más idiosincráticos de la Burges, de veta satírica muy goyesca en tantas ocasiones, aunque su visión crítica más feminista surgió en contacto con la mitología canaria, representada aquí por un solo cuadro “Yvalla”, de 1969. Hecho de menos algún ejemplo de “temáticas femeninas” tradicionales, como las escenas protagonizadas por niñas o los interiores domésticos con bodegones (a los que la Burges dio la vuelta en algunos collages pop inspirados en recortes con los que decoraba su estudio). Pero no faltan aportes novedosos, como la oportunidad que nos ofrece esta exposición de contrastar dos versiones sucesivas de un atrevido desnudo académico de los años cincuenta.
De entonces data la gran composición de colorido fauve “Tres desnudos con pozal amarillo” prestada por la Diputación Provincial de Zaragoza, mientras que todas las demás piezas provienen de la colección donada por la familia de la pintora al Ayuntamiento de Fayón, municipio muy ligado a la artista desde que decoró su ermita y que para este verano anuncia la apertura de un museo dedicado a su legado. Esta muestra es pues un anticipo de lo que allí nos espera (cuando podamos de nuevo salir de nuestras casas e incluso viajar como turistas) si vamos dentro de unos meses a ver muchas más cosas en Fayón. Y no solo sus pinturas y dibujos pues, además de las casi 200 obras de la artista, se conserva abundante documentación, que sería de interés para futuras investigaciones. A las publicaciones en las que se analiza la trayectoria de Pilar Burges se ha añadido ahora el catálogo de esta exposición, con textos de Juan Baldellou, Antón Castro, María Isabel Sepúlveda Sauras y de la propia comisaria, María Burges Plasencia. Ojalá este homenaje en la Universidad de Zaragoza estimule ulteriores estudios, e incluso alguna tesis doctoral, que bien la merecería una artista tan singular.


