Desde finales del pasado año, el Museo del Prado ha llevado a cabo diferentes iniciativas dedicadas a conmemorar su bicentenario (1819-2019). Este mismo título sirvió para la primera exposición organizada por el museo que tuviese por temática su propia historia, trazando un recorrido desde sus orígenes hasta la actualidad. La publicación que aquí reseño es algo más que el catálogo de esta exposición, es una obra fundamental para comprender las vicisitudes que el museo ha vivido a lo largo de estos doscientos años. La obra ha sido coordinada por Javier Portús, conservador de la institución y experto en historiografía artística y en arte español de diferentes épocas. A su recorrido cronológico desde la fundación del museo hasta 2019, se suman una serie de textos escritos por otros historiadores del arte como Pierre Géal, María de los Santos García Felguera, Dolores Jiménez Blanco y Pedro J. Martínez Plaza.
La historia del Museo del Prado constituye una pieza fundamental para los estudios sobre museología en España, al haber sido esta pinacoteca de origen regio el modelo para los museos provinciales y municipales del resto de España. Es por ello que el canon marcado por el Prado, posteriormente se repetiría en otras instituciones menores.
Esta publicación resulta especialmente interesante, no sólo para los estudiosos del arte de los siglos XIX y XX, sino para cualquier investigador interesado en la historia cultural de España. Al respecto, un capitulo especialmente interesante es el dedicado a la nacionalización del Prado a partir de 1868, cuando las colecciones regias pasaron a formar parte del Patrimonio de la nación. Esta nueva condición favorecería la aparición de nuevas lecturas sobre las obras que formaban parte de la colección, sobre todo a raíz de fusionar las colecciones del Museo de la Trinidad –creado en 1838 para acoger el patrimonio histórico-artístico procedente de las desamortizaciones– con los fondos del Prado.
Por otra parte, Portús nos descubre un Prado dedicado a la enseñanza artística a través de la copia. Este procedimiento alcanzó su mayor auge en el siglo XIX, cuando los artistas acudían al museo a estudiar las obras maestras de las escuelas europea y española. Así se aprecia en un bello lienzo pintado por el artista aragonés Francisco Aznar y García, publicado en esta monografía. En él figuran hombres y mujeres en compañía de sus caballetes, pincel en mano para la copia de los cuadros del museo. Esta obra también nos descubre la fascinación que el Prado ejerció sobre los artistas extranjeros que visitaban España, dejando una clara impronta en el arte de pintores como Léon Bonnat, William Merritt Chase, Mary Cassatt o Alfred Dehoencq. El siguiente periodo analizado es el inmediatamente posterior al Desastre del 98, la conocida como Edad de Plata. Fue la época en la que a los grandes representantes de la escuela española de pintura se les dedicaron salas monográficas, como sucedió con Velázquez, Ribera, Murillo o Goya. También fue el momento en el que intelectuales como Eugenio D’Ors o Juan Gil-Albert se interesaron por el Museo. La siguiente etapa, la de la Segunda República y la Guerra Civil fue especialmente convulsa, pero a la vez repleta de loables iniciativas como el Museo Circulante, que recorrió gran parte de la geografía rural española, siguiendo los preceptos de la Institución Libre de Enseñanza. Tras narrar los avatares de las obras del museo durante la Guerra Civil, la publicación afronta la dictadura franquista, analizando entre otras cuestiones el peso que el museo siguió teniendo en la creación contemporánea, ejerciendo una gran influencia sobre Equipo Crónica o Antonio Saura. La obra concluye con varios capítulos dedicados a cuestiones más concretas como pueden ser la génesis intelectual del museo, su política de adquisiciones o las donaciones y legados que han enriquecido enormemente su acervo.
El Museo del Prado ha sido la institución de mayor peso para la puesta en valor del arte español, al albergar el acervo más importante del mundo de pintura española. Las piezas que allí se exponen o que fueron expuestas en el pasado, contribuyeron a generar el podio de las obras maestras del arte nacional.
El bicentenario se ha celebrado organizando otras exposiciones como la dedicada al Gabinete de sus Majestades y planificado congresos como el titulado “Museo, guerra y posguerra. Protección del Patrimonio en los conflictos bélicos”.
Ahondar en la historia de los museos españoles arroja planteamientos novedosos sobre sus colecciones. Leyendo las páginas de esta obra, uno comprende de inmediato los condicionantes políticos, económicos, sociales y culturales que tuvo el museo a la hora de conformar sus colecciones y posteriormente exponerlas. Por ello, sería muy enriquecedor celebrar más exposiciones y publicar libros como este, dedicados a la historia cultural de los museos locales.


