Don McCullin

Desde el pasado 5 de febrero y hasta el 6 de mayo de 2019 se pudo contemplar en la Tate Britain londinense la exposición dedicada al fotoperiodista Don McCullin (Londres, 1935). Se trata de una gran retrospectiva con más de 250 fotografías expuestas cronológicamente a lo largo de 23 secciones que repasa la obra de este fotógrafo durante los 60 años de su actividad documentando los conflictos bélicos más relevantes de la última mitad del siglo XX, así como los conflictos urbanos de su país.

A pesar de que no le gusta ser llamado fotógrafo de guerra porque, según el propio McCullin, su labor no ha servido para acabar con la futilidad de la guerra, lo cierto es que sus imágenes han servido para concienciarnos acerca del sufrimiento de las personas víctimas de los conflictos bélicos en lugares alejados de la tranquilidad que proporciona (o al menos proporcionaba hasta hace pocos años), el estado del bienestar europeo. Al perder la inmediatez de la noticia, las fotografías de Don McCullin se convierten en testimonios del pasado y ofrecen a los nuevos espectadores las evidencias de las mayores atrocidades de los últimos sesenta años.

Contrastan dos temáticas en la exposición: una dedicada a la guerra y a las condiciones sociales de los más desfavorecidos por las políticas económicas de los gobiernos neoliberales británicos, y otra dedicada a paisajes y naturalezas muertas. La crueldad, la angustia y el sufrimiento de los más desafortunados contrastan con la quietud, el sosiego y la calma terapéutica de los paisajes del norte de Inglaterra en los que Don McCullin trata de ahuyentar los fantasmas que le atormentan desde que comenzó a documentar las diferentes guerras a lo largo del mundo. Sommerset, su santuario, al que regresa desde niño (fue evacuado al norte de Inglaterra durante los bombardeos alemanes sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial), se convierte de esta manera en el lugar donde intenta apaciguar su alma.

Procedente de una familia humilde del barrio londinense de Finnsbury Park, empezó sus contactos con la fotografía durante su período militar en la zona del Canal de Suez, realizando trabajos como ayudante de fotografía. Sus primeras fotografías corresponden al barrio en el que creció, destacando los retratos de una pandilla londinense, los Guv’nors, por las que llamó la atención del editor de fotografías del periódico The Observer en 1959, dando comienzo a su larga carrera como fotógrafo. La primera sala de la exposición contiene fotografías de esta primera época, destacando entre ellas la que realizó a la mencionada pandilla en las ruinas de un edificio.

En 1961 ganó el British Press Award por su labor de documentación de la construcción del muro de Berlín. En la segunda sala de la exposición se pueden observar las fotografías que realizó en la capital alemana, en las que se puede apreciar la tensión e intranquilidad que rodeaba la vida cotidiana de los berlineses. Este contraste entre la amenaza de un conflicto armado y la cotidianidad se aprecia en su fotografía titulada Cerca de Check Point Charlie, Berlín (Near Check Point Charlie, Berlin), tomada en 1961.

La sala tres contiene las obras de los años siguientes en Chipre, República del Congo y Biafra. Su bautismo de fuego tuvo lugar en 1964, cuando el periódico The Observer le envió a Chipre para documentar el conflicto étnico en la isla entre griegos y turcos. Las tensiones entre estos dos grupos condujeron a una guerra civil desde 1955 hasta 1964. Las fotografías de Don McCullin están cargadas de emoción y muestran una empatía y respeto absoluto hacia las víctimas, haciéndonos conscientes de lo absurdo que son estos conflictos, de las atrocidades que el ser humano puede llegar a cometer, al igual que hiciera Goya en sus grabados sobre los horrores de la guerra. A este respecto, Henri Cartier-Bresson le comentó después de ver su obra: “solo te puedo decir una cosa: Goya”.

En 1964 fue al Congo para fotografiar para la revista alemana Quick la sublevación que siguió al asesinato del primer ministro del país, Patrice Lumumba, en 1961. Se tuvo que disfrazar de mercenario a las órdenes del gobierno congoleño para poder fotografiar lo que estaba sucediendo en Leopoldville, ciudad vetada a los periodistas. Como introducción a esta etapa, destaca una frase del propio McCullin cuando llegó al país. “Cuando llegué al Congo por primera vez me encontré con una lucha viciada y cruel, en la que al final los hombres malvados prevalecieron”. En las fotografías se aprecian grupos de prisioneros hostigados y golpeados por sus captores, momentos antes de ser fusilados, y es visible en ellos la angustia de quienes saben que van a ser ejecutados, así como la ira de los verdugos desatada sobre sus víctimas.

Entre 1968 y 1969 McCullin viajó a Biafra para fotografiar la crisis humanitaria que había causado la guerra de Biafra (región sudoriental de Nigeria que proclamó su independencia del en 1967). Este viaje supuso un punto de inflexión en su carrera y que le hizo tomar consciencia de su labor como fotógrafo. Fue la experiencia más horrible e infernal que había visto jamás. El gobierno nigeriano había impuesto un bloqueo que supuso que la comida y medicinas se restringieran, provocando hambruna y enfermedades. En una vieja escuela fotografió a cientos de niños que literalmente se caían muertos de inanición delante de él. Aún así, McCullin intentó mostrar a estos niños con la mayor dignidad posible. Gracias a sus fotografías y a las de otros reporteros, el mundo pudo tomar consciencia de lo que estaba ocurriendo en Biafra y se produjeron acciones para ayudar a los habitantes de Biafra. Las fotografías de McCullin fueron publicadas por el Sunday Times Magazine.

La sala 4 contiene las imágenes que captó en Vietnam y Camboya. Ambos reportajes fueron publicados por el Sunday Times Magazine, periódico con el que había firmado un contrato como fotógrafo en nómina. McCullim visitó Vietnam en 16 ocasiones, aunque las fotografías expuestas en esta sala cubren la ofensiva de las fuerzas norteamericanas contra la ciudad de Hué en 1968. Se exponen unas de las fotografías más icónicas del fotógrafo británico que muestran el avance de los soldados norteamericanos en la ciudad, como la del soldado paralizado por el terror que se mostraba antes sus ojos. Las imágenes de McCullin y de otros fotógrafos como el ayudaron a llamar la atención sobre la guerra e inspiraron las protestas mundiales por la implicación de los Estados Unidos en la guerra.

En la sala número 5 se pueden contemplar las fotografías que tomó del East End londinense en 1970, un distrito totalmente diferente a lo que es hoy en día debido a la gentrificación. En aquellos años, las víctimas de las crisis sociales causadas por el capitalismo, los que pertenecen a las capas sociales más desfavorecidas y desprotegidas. Para McCullin, la fotografía no solo es necesaria para narrar la tragedia de la guerra; hay guerras sociales que contar también y  abusos que denunciar, como el que sufrieron los enfermos de los hospitales psiquiátricos que fueron abandonados en la calle tras el cierre de estas tan poco ventajosas instituciones públicas en Inglaterra en los años 70. En este caso, McCullin realizó una labor un poco alejada de la objetividad, mostrando la dura realidad de las condiciones de vida de estos seres abandonados en el East End, a la vez que la cercanía y empatía de McCullin con ellos.

La sala 6 recoge varios reportajes de ciudades y ciudadanos británicos, también para el Sunday Times Magazine. Cuando McCullin volvía de sus encargos internacionales, se dedicaba a fotografiar las condiciones más duras de los británicos. Fotografió a las comunidades que vivían en ciudades del norte como Bradford o Liverpool, centrándose en aquellas comunidades que habían sido olvidadas y empobrecidas debido al procese de desindustrialización. En sus fotografías se aprecia la dureza que afrontan día a día los habitantes de estas poblaciones, lo que recuerda las novelas de Dickens ambientadas en el Londres industrial del siglo XIX, o los versos de William Blake que definían el incipiente paisaje industrial británico como satánico. Imágenes que son, para el propio McCullim, “el eco de mi infancia y escenas de privación”.

En otro lado de esta sala nos encontramos también con algunas fotos más lúdicas, que muestran los aspectos más extravagantes y la idiosincrasia propia de los británicos, tomadas durante sus viajes constantes por la costa del sur de Inglaterra o Eastbourn; excentricidades tales como un concurso de “rodillas huesudas” o de gente tomando el solo tumbados en hamacas, que revelan la personalidad de las personas que fotografía gracias a su habilidad para conectar con ellos.

También en esta sala podemos contemplar las fotografías que tomó durante 1971 en Irlanda del Norte para un encargo, de nuevo, del Sunday Times Magazine. Sus fotografías fueron publicadas como parte de una foto-historia titulada “War on the Home Front”.

En la sala 7 se muestran las fotografías en color que publicaron los diarios con los que McCullin trabajó la mayor parte de su carrera, The Observer y The Sunday Times Magazine. Esta publicación fue el primer suplemento en color publicado en el Reino Unido, McCullin trabajó para el mismo durante 18 años. Los  52 artículos y portadas están dispuestos en orden cronológico y nos dan una idea de cómo veían los británicos los trabajos de McCullin originalmente.

En la sala 8 se cubren tres conflictos internacionales más: la guerra de independencia de Bangladesh en 1971, la guerra en Beirut en 1976, y la guerra de Irak en 1991.

La sala 9 recoge fotografías de los países más desfavorecidos por la pandemia del SIDA, como Bostwana, Zambia y Sudáfrica. También hay una sección de sus fotografías de la India, el país más excitante visualmente para McCullin. La sala se completa con sus fotografías tomadas en el sur de Etiopía, sobre las tribus nómadas que viven a lo largo del rio Omo, que están viendo amenazada su forma de vida debido a las constantes presiones del gobierno.

La última sala de la exposición muestra fotografías de una temática diferente: el paisaje. La sala se divide en tres secciones, naturalezas, paisajes y fronteras del sur. Con estas fotografías, que nada tienen que ver con las que se han podido ver a lo largo de la exposición, McCullin manifiesta sentirse en paz. A través de estas fotografías de paisajes y naturaleza, McCullin intenta, desde los años 80, ahuyentar el sentimiento de culpa que le sobrecoge constantemente. Son fotografías que toma en su jardín, en su mayoría paisajes de Sommerset, Escocia, Northumberland.

En suma, se trata de una extraordinaria exposición que nos permite gozar del trabajo de este gran fotógrafo que rehúye de la palabra artista, durante toda su trayectoria profesional de más de seis décadas. Un largo período en el que la labor periodística ha cambiado tanto que resulta  apenas hoy reconocible, y que tendría que hacernos reflexionar sobre la deriva de esta profesión.

McCullin, a pesar de rechazar el apelativo de artista, crea con sus composiciones y encuadres imágenes de una claridad formal y una desconcertante belleza. Aunque se trate de fotografías de gran crudeza y brutalidad, el espectador no puede apartar la vista de ellas, haciéndonos partícipes de las atrocidades que tienen lugar en el mundo que vivimos. 

Tate Britain Gallery, Londres, 5 febrero a 6 mayo 2019

Número 47

Junio 2019
Juan José LARRAZ PACHE
Profesor Asociado Departamento de Filología Inglesa y Alemana, Universidad de Zaragoza
Fecha de recepción: 26/6/19
Fecha de aceptación: 29/6/19
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