Do-Ho Suh no es un dibujante al uso. Es posible que ni él mismo considere el dibujo como un medio a destacar en su trayectoria, sin embargo, son muchas las aportaciones que este artista coreano genera a través de su particular propuesta estética y sus series escultóricas. Podría considerarse que en sus obras el dibujo ocupa un lugar menor, del mismo modo que podríamos relegar la pintura expandida a otros ámbitos diferentes del de la pintura bidimensional, pero dejando de lado este debate, lo que sí parece una obviedad es que la hibridación entre las distintas disciplinas artísticas han favorecido nuevos discursos y soluciones en las artes plásticas. No sería extraño que incluso para Do-Ho Suh (Seúl, 1962), resulte inverosímil el hecho de destacar el dibujo como una de sus virtudes, aunque en esta última exposición ocupe un papel importante en múltiples sentidos. Ciertamente, la opulencia de sus esculturas deja en un segundo plano cualquier atisbo que nos haga reflexionar sobre el papel que pudieran tener otras áreas plásticas en el trabajo de este creador.
Passage/s es el título de la muestra que acoge el Bildmuseet en la ciudad de Umeå, siendo la primavera vez en que el artista seulense expone su obra en tierras escandinavas. No parece extraño por otro lado que sea este museo el encargado de acercar su propuesta al público sueco, ya que se trata de un centro multidisciplinar de referencia en el norte del país y ubicado además en el campus universitario para estudiantes de arte. La transversalidad de los estudios artísticos y el nivel sobresaliente de las universidades de arquitectura y diseño evidencian el interés y la idoneidad por mostrar la obra de Suh. La exposición, que comparte programación simultánea con los últimos trabajos de Amar Kanwar y una colectiva sobre el movimiento Dadá, ocupa las dos plantas superiores del edificio [1].
El imaginario de Do-Ho Suh se construye desde su juventud en Corea y se define como tal durante sus trasiegos por tierras extranjeras, experiencias que le llevan a analizar conceptos como el desplazamiento transcultural, la deshumanización, la relación entre individuo y colectivo o la memoria y la privacidad. Tras finalizar sus estudios en Bellas Artes en la Universidad Nacional de Seúl, se traslada a Estados Unidos para seguir formándose en la Escuela de Diseño de Rhode Island y, posteriormente, en la Universidad de Yale.
Desde entonces la influencia del mundo del diseño dejaría una huella profunda en su carrera, siendo consciente de la importancia de aspectos como la escala o la innovación de los materiales escogidos desde un punto estrictamente formal. En cuanto a las referencias a su cultura de origen, el artista ha sabido apropiarse de las tradiciones y gustos populares sin dejar de renunciar a sus propios y ambiciosos proyectos.
Aquellos que estén familiarizados con su trayectoria quizá recuerden aún la exposición que realizó en 2004 en la galería madrileña Soledad Lorenzo, presentando una obra en la línea de la instalación titulada “Passage/s”, que podemos encontrar en la planta más alta del museo. Con ocasión de aquella muestra, el propio artista describía su viaje a América como un acontecimiento que le había ocasionado constantes estados de desorientación, especialmente el primer año cuando se vio obligado a mudar de apartamento varias veces. Estas experiencias le llevaron a centrar su trabajo en torno al concepto de hogar y a cuestionar también las fronteras entre los espacios compartidos y los dedicados a la vida privada. Su primera obra relacionada con esta idea fue titulada en un primer momento “Seoul Home”, tratándose de una réplica a escala real de su residencia familiar en Corea. Do-Ho Suh utilizó para este proyecto un material convencional en su cultura como es la seda usada para la decoración de las casas tradicionales. Para su construcción contó con la colaboración de algunas costureras que hicieron uso de las mismas fibras teñidas de color azul que suelen colgar bajos los techos. La costumbre tiene origen en el gusto popular por recrear en el interior de las viviendas las vistas celestiales. Una vez que la instalación terminó de realizarse, y siendo realmente llamativo el grado de exactitud y detalle, trasladó consigo el proyecto en su regreso a Estados Unidos. Suh expuso la obra en el Centro Cultural de Corea en Los Ángeles, renombrando la pieza como “Seoul Home / L.A. Home”. Esta decisión se convertirá en dinámica conforme iba ampliando nuevos espacios al mismo proyecto, generando una especie de secuencia análoga entre las sucesivas habitaciones a modo de juego memorístico. Bien podría recordarnos su propuesta al método relacional del palacio de la memoria.
Es aquí donde interesa reivindicar el papel destacado de su dibujo, ya que no se trata de un ejercicio que comporte el uso estandarizado de unos materiales y soportes como podrían ser el carboncillo o el grafito y el papel. En su caso el dibujo puede percibirse como la señalización de los diferentes paramentos y objetos inscritos en los habitáculos, definiéndolos en el espacio y generando cada forma como podrían hacerlos los fauvistas o los cubistas en su etapa analítica. No se trata aquí el dibujo solo como un medio de ejecución sino más bien como un proceso de construcción mental hacia el espacio en tres dimensiones.
En 1999, año en que Suh presentó esta instalación en América, los directores españoles Alberto Rodríguez y Santi Amodeo filmaron su cortometraje “Bancos”. En él se cuenta un plan de robo a diferentes entidades bancarias mediante una escasez de medios que obligan al espectador a atender a la economía de recursos utilizados, entre ellos la voz en off del protagonista. Lo que interesa rescatar de este corto es la forma en que se analiza el espacio en el que debe desarrollarse la estrategia. Para lograr con éxito el objetivo, el protagonista traslada el espacio de un banco concreto a un terreno abandonado a las afueras de la ciudad. Mediante marcas de tiza en el suelo, consigue mudar los espacios originales a la zona de ensayo.
“En menos de dos semanas lo he desnudado de tal forma que podría pasearme por sus brillantes arcas como si fuera mi cuarto de baño. Justo el momento en el que debo verificar mis observaciones en el campo de pruebas. Aquí empieza lo que yo llamo mi elemental modelización psico-geométrica, un plano a tiza sobre la arena a escala real. Primero las dimensiones, muros, puertas, ventanales y mobiliario”.
Do-Ho Suh ha conseguido de esta manera que su arte sea reconocible y admirado por todo el mundo, ya que durante esta última década su obra se ha expuesto en lugares emblemáticos como la Tate Modern de Londres, la Serpentine Gallery –también en la capital inglesa-, el Seattle Art Museum, el MoMA en Nueva York, el Whitney Museum o el MOCA en Cleveland. Naturalmente, muchos podrán calificar su propuesta como amanerada en exceso, ya que en cierta manera se ha limitado a reproducir una fórmula tan espectacular como podría ser la conjugación entre la impresora 3D, el Autocad y Blender. De cualquier manera, nadie debería pasar por alto la indudable aportación de Suh tanto a nivel plástico como discursivo. De hecho, su obra podría servirnos como un ejemplo brillante de lo que ya defendieron pensadores como Bauchelard. “Nuestra alma es una morada. Y al acordarnos de las –casas-, de los –cuartos-, aprendemos a –morar- en nosotros mismos. Se ve desde ahora que las imágenes de la casa marchan en dos sentidos: están en nosotros tanto como nosotros estamos en ellas”. Do-Ho Suh se encarga además se enfatizar esta idea de la traslación nómada del hogar y los espacios privados, transportándolos como se almacenan en nuestros recuerdos. Su estética, oportuna si atendemos en la actualidad a la inspiración por lo retro que otros artistas desarrollan hoy en día; como pueden ser Gucci o Moschiano desde la moda, o Daft Punk y Justice desde la música electrónica, parece presagiar un mundo vectorizado cercano a la realidad de Tron, en la que los espacios puedan ser representados como avatares de nosotros mismos y nuestras experiencias en los mismos.
[1] “Passage/s”, Do-Ho Suh. Instalación, fibra de poliéster.


