Martínez Giraldo, escultor en todos los registros

         Aunque ha abordado diversos campos de la investigación en historia del arte, la escultura contemporánea es una de las líneas en que ha centrado su itinerario investigador el profesor de la Universidad de Extremadura Moisés Bazán de Huerta, pues, por añadidura vocacional, de raza de escultor monumental notable en la España del pasado siglo, le vienen su nombre y segundo apellido.

            Con esta publicación monográfica nos ofrece una muestra más de su labor investigadora, ahora sobre un escultor en activo, en y para Extremadura, como es Luis Martínez Giraldo, que, además ha repartido su trabajo artístico con la actividad docente práctica en la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz y la dirección de la misma durante unos años. Encajaba adecuadamente en este encargo institucional que otro docente, universitario, como Moisés Bazán, le dedicara su tiempo e interés por este escultor.

            En estos tiempos en que se ha cuestionado la función política de las diputaciones provinciales, cabe recordar que han asumido desde hace años destacadas iniciativas en la cultura artística, como ahora lo ha hecho la Diputación de Badajoz que ha secundado esta iniciativa editorial a través del Museo pacense, centro para el que, además, el escultor trabajó durante doce años como restaurador. Por eso ha sido un artista muy apreciado por la institución provincial, pero el reconocimiento que ahora le tributa con esta publicación de 216 páginas, generosamente ilustrada, se justifica, de entrada, por los méritos del propio artista y por su trayectoria profesiona desde Extremadura.

            Este estudio del profesor Moisés Bazán se sustenta en un amplio acopio de material hemerográfico, no solo sobre esta trayectoria personal, sino que abarca información sobre los aspectos más destacados de la vida cultural y expositiva pacense e institucional como en los citados Escuela de Artes y Museo.

            El lector se percatará de inmediato del generoso corpus gráfico de muy buena calidad que configura la publicación. Unas 320 imágenes ilustran el discurrir del texto a través de una muy cuidada maquetación y presentación que permite visionar en paralelo las obras realizadas, seguir sus comentarios y la comprensión de la trayectoria del artista.   

            El autor ha sabido manejar el interesante material fotográfico que, entendemos, le ha proporcionado el artista y que alcanza especial interés en el capítulo quinto, dedicado al trabajo del escultor y sus técnicas, para saber de las distintas fases de los procesos de ejecución de la escultura.

            Con una natural vocación didáctica, podemos asistir de esta forma a los procesos de construcción de armaduras, modelado, vaciado, fundición, soldadura, talla, etc. e incluso a los traslados e instalaciones de obras de mayor envergadura. Todos estos pasos, guiados por las opiniones del escultor, sacadas de entrevistas, ahora ensambladas en sus lugares oportunos para que el lector pueda completar la visión sobre el artista y sus obras configuran un valioso complemento artístico.

            El análisis pormenorizado de la obra escultórica de Martínez Giraldo ocupa la mayor parte del libro, agrupada por tipologías y series, que no necesariamente siguen una secuencia cronológica de la práctica escultórica en tan diferentes facetas.

            Su punto de partida es desde una inicial etapa expresionista, para sucederse luego en temas como el retrato, la escultura animalista y el monumento público, hasta las últimas series de temas más descriptivos-expresivos, como el del cabaret, los ritmos desarbolados o del carnaval, con referentes caricaturescos a Daumier, como señala el autor, además de otros escultores posteriores, como Giacomo Manzu, que no me resisto a dejar sin citar para algunos ejemplos como las figuras femeninas sentadas..

            El retrato es un género que ineludiblemente ha abordado todo escultor-modelador que se precie de su arte y oficio como Martínez Giraldo. Son numerosas las cabezas de amigos, gentes de su entorno o personajes históricos modeladas en arcilla y algunas pasadas a bronce. El autor evoca las que hizo Pablo Serrano bajo el título de “interpretaciones al retrato”, aunque en algunos de estos epígonos el excesivo amasado del barro les infunda un realismo tendente a lo caricaturesco. Destacaría por su expresión reconcentrada y sensitiva el retrato en bronce de 1986 del poeta de la Ilustración, Meléndez Valdés, para su pueblo natal de Ribera del Fresno.

         Presenta el historiador su escultura pública en un conjunto, en secuencia cronológica, que permite seguir la versatilidad del artista, preocupado por ofrecer respuestas individuales, o sea variadas, para cada encargo. Por eso, podemos encontrar en su producción soluciones entre la figuración y las formas abstraídas o lineales elementales como “dibujos en el espacio”, con inclusión de vivaces colores.

            De las primeras, señalaré una estatua ecuestre en el V centenario del descubridor Hernando de Soto para Barcarrota –cómo no en una tierra de tantos héroes que recorrieron América-, en la que ha combinado ingeniosamente las dos fórmulas: la lineal elemental para la silueta del caballo y la figurativa en bronce para el airoso jinete, con gesto de héroe renacentista. Más convencionales, por ya tratadas en otras épocas, podemos considerar las soluciones que adoptó Martínez Giraldo para el monumento a los tres poetas y el río Guadiana (2000-2003), o, sobre todo, el de Manuel Godoy, en 2008; demasiado pegado a las fórmulas de la estatuaria de héroes militares decimonónicos, que en este caso se incluyó propagandísticamente al todopoderoso Godoy en la historia militar que abría el siglo XIX español por aquella guerra con Portugal, llamada satíricamente de las naranjas.

            De composición mucho más convincente plásticamente, ágil y vistosa, son los conjuntos de esculturas dedicadas a los deportes del ciclismo, o a los corredores y saltadores para los exteriores de la Escuela de Artes y Oficios (2005) y de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Extremadura.

            En el último capítulo que el autor ha titulado “Series temáticas” (de tamaño menor), parece como si hubiera querido hacer una recapitulación de las referencias escultóricas figurativas -que el lector podrá identificar por sí mismo- y que han abastecido la imaginación de este artista, comunicativo y vitalista, a lo largo de cuarenta y dos años de vida artística desde su primera exposición individual en 1972, con veinticuatro años.

Luis Martínez Giraldo, Escultor, Badajoz, 2017

Número 39

Junio 2017
Manuel GARCÍA GUATAS
Catedrático emérito de Historia del Arte, Universidad de Zaragoza
Fecha de recepción: 10/6/17
Fecha de aceptación: 12/6/17
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