En la galería Cristina Marín, desde el 20 de octubre, exponen el pintor Aurelio Vallespín, titulada "Inflexiones", y el escultor Alonso Márquez, titulada "El hombre en su laberinto". Sobre ambos artistas hemos publicado críticas dentro de su actual línea creativa.
Aurelio Vallespín presenta sus abstracciones expresionistas alteradas por cambiantes texturas que mezcla con planos paralelos a la base, para así combinar un ámbito azaroso, puro instinto, con la racionalidad de los planos, de manera que estamos ante un eco del carácter humano. Siempre con la belleza empapada que atrapa.
Alonso Márquez mantiene sus muy bellas y atractivas esculturas filiformes, que apelan a la condición humana desde cambiantes panoramas vitales. También expone varios cuadros con manchas irregulares y planos en dispares posiciones con incorporación de sus típicas esculturas, una por lienzo, de manera que mezcla la racionalidad con la vital soledad humana.
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Alejandro Monge, galería Kafell bajo el título "Cenizas de la Historia", presenta una instalación, cuadros y esculturas. La magnífica instalación es el equivalente a hojas muertas que forman una especie de montaña como si fuera el permanente invierno. Sobre los cuadros algunos ya los ha expuesto y otros, con predominio de los oscuros, son abstracciones de misteriosa belleza. Nos centramos en las esculturas. Algunas ya las ha expuesto como los billetes de 100 euros quemados. Destacan el coctel molotov basado en una botella de Don Perignon con trapo en la boca para empaparlo de gasolina, el muy hermoso y atractivo Kalashnikov de alabastro. Las restantes esculturas son impecables cabezas grecorromanas de indiscutible belleza atravesadas por flechas o con agujeros de balas. No vemos claro que rostros masculinos y femeninos, de tanta hermosura, eco de la antigüedad, sean asesinados. Todo habría cambiado si los rostros fueran actuales.


