Es la obra de Arte la que se instala en la esfera de la inmortalidad, logrando la adquisición de categorías transcendentes que posibilitan su eterna apropiación, su fruición infinita, independientemente de quien la haya creado; sin duda que el conocimiento de la trayectoria personal y profesional del artífice complementa e incluso determina su valoración. Atendiendo a esta razón se ofrece el retrato de Francisco Fernández, un maestro de la fotografía que no se autoproclama, que posee cualidades profundamente sentidas donde fluye la diversidad del conocimiento sin desfigurar su esencia y que guarda con lealtad en su memoria los momentos decisivos y determinantes convertidos en pruebas contundentes de una decisión interiorizada desde su niñez: ser fotógrafo. Nacido en Torreblascopedro (Jaén) en 1945, comienza a descubrir su inquietud por esta disciplina artística durante el transcurso de su infancia y juventud en la ciudad de Granada; tras su paso por Londres llega a las Islas Bermudas, un nuevo espacio que continua configurando el camino para cumplir el anhelado sueño de aprender fotografía. A partir de aquí se suceden exposiciones, publicaciones, colaboraciones… que desembocan en 1975 en su aprendizaje fotográfico oficial: laNew England School of Photography de Boston, una ciudad viva donde por fin puede aprender esta disciplina con unos maestros extraordinarios. Minor White y su excelente dominio de la técnica fotográfica; David Rabinowich con quien trabajará durante un año en su estudio dedicado a la fotografía publicitaria; Harry Callahan y su exquisito sentido de la línea y la forma; o Ansel Adams, donde se concentra la esencia del retrato ambiental.
Tras la finalización de los estudios, sus trabajos fotográficos se publican en The Boston Globe, colabora con la agencia de la ONU en Boston, con UNICEF, es contratado por la agencia United Press Intemational para abordar la información gráfica de las guerras de Nicaragua y El Salvador, cubre la campaña política de Edward Kennedy como candidato a la presidencia de los EE.UU. por el partido Demócrata en 1980… hasta su vuelta a España en 1982. Con una obra que trasciende estilos y escuelas, va mostrando un increíble mundo creativo, pero el futuro le deparaba una dedicación paralela, se iba a abrir en Granada la Facultad de Bellas Artes y desde su natural ingeniobusca y define un espacio para el Arte de la fotografía, contando hasta nuestros días con la colaboración de grandes profesionales.
Su labor docente se reconoce en la actividad creativa de su alumnado, en el análisis y el control de las competencias adquiridas, en el conocimiento de las categorías que definen los aspectos técnicos y los valores artísticos… cuando se escucha a Francisco Fernández hablar sobre fotografía, se respira inquietud, libertad, grandiosidad; vibras al revelarse los secretos de cómo debe ser concebida, disfrutada, y todo ello presidido por la moderación, por la natural modestia de quien en 1997 es nombrado Doctor Honoris Causa por De Monfort University (Leicester, Reino Unido) atendiendo a su meritoria trayectoria profesional.
Pero el proyecto que desarrolla no queda limitado exclusivamente al aula, se trata de irradiar la luz del estudio al resto de los espacios culturales granadinos, rescatar marcos olvidados, idear en el curso académico 2000/2001 la creación de una Colección de Arte Contemporáneo de la Universidad de Granada que hoy es una realidad con más de tres mil obras. Constantes exposiciones del alumnado, y algunas arrebatadas al profesor, comienzan a ser habituales en el planteamiento de acercar la Facultad de Bellas Artes a Granada y a otras ciudades de España. Imposible abarcar en estas líneas el despliegue organizado y los reconocimientos otorgados. Al Honoris Causa de 1997, le antecede en 1994 el premio El Tesorillo de Bellas Artes, le sucede en 2001 el título de Hijo Predilecto de su pueblo natal… y culmina, por ahora, en 2011 con la creación del Centro de Arte Contemporáneo Francisco Fernández en Torreblascopedro.
La fotografía de Francisco Fernándezhabla por sí sola, honrada en instituciones españolas y extranjeras, divulgada en los catálogos de sus exposiciones, en las colaboraciones realizadas para las publicaciones de poetas, pintores, escultores, historiadores del Arte… casi todos ellos convertidos en grandes amigos, en eternos admiradores que son el reflejo de gran parte de su vida y que influyen decisivamente en él.
Sirva esta entrevista para aportar datos a un currículo que no suele estar en el catálogo de sus exposiciones, con toda seguridad debido a la moderación que envuelve a quien no necesita loarse.
¿Qué es la fotografía para Francisco Fernández?
Pura magia. Así la concibo desde mi niñez; con apenas cinco años asistí por primera vez a la proyección de una película en una sala de cine ¡fue todo un espectáculo! Intentaba buscar los fotogramas que estaban expuestos en la entrada, no comprendía cómo podían rescatarlos de las imágenes en movimiento… era fascinante. El mismo asombro que me producían las fotos de boda de mis padres y de mis abuelos colgadas en las paredes de la casa, o el señor que en una plaza de Granada lograba fotografiar a las personas introduciendo su mano bajo un trapo negro… no podía ser otra cosa sino magia. Y continúa siéndolo hoy día.
Ha sido un largo camino… cómo empezó todo esto, y sobre todo, cuál es el momento en el que decide consagrarse a esta disciplina artística que desde ese instante será su vida.
Con ocho años llego a Granada; recuerdo mis primeros paseos por la ciudad, los estudios fotográficos exhibían sus trabajos en los escaparates, las tiendas de ropa mostraban las prendas junto a imágenes de moda, en las puertas de los cines exponían mis admirados fotogramas… de nuevo el cine atraía mi atención hacia la fotografía. Pero empiezo a ser consciente de que me gusta el oficio, el mundo que hay detrás de la cámara, cuando acompaño a mi madre y a mi hermano para realizar las fotos de su Primera Comunión. Observaba toda aquella parafernalia, la preparación que requería retratar a mi hermano… me hechizaba, me deslumbraba. Desde estas evocaciones infantiles hasta la edad de poder formarme académicamente en esta disciplina, son muchas y diversas las andanzas; dificultades económicas, trabajos en España, Londres… hasta lograr estudiar en EE.UU. donde estaban las mejores escuelas, los admirados maestros.
¿Había una predisposición en sus intereses, o quizás fueron las circunstancias las que le llevaron a pensar fotográficamente? Entiendo que la fotografía es una actitud, digamos vocacional, una manera de vivir; Dorotea Lange decía que no es accidental que el fotógrafo se meta a fotógrafo, como no lo es que el domador de leones se meta a domador ¿es su caso?
Interés económico no; tras mi paso por Londres, el siguiente escenario fue Bermudas. El trabajo como director de hotel me permitía vivir bastante bien, al mismo tiempo que serviría para poder alcanzar el sueño de convertirme en fotógrafo. De hecho, mi primera exposición la realicé en el Ayuntamiento de Hamilton, estaba dedicada a la Isla y apadrinada por los Bacardí. Con posterioridad, el Banco de las Bermudas me encargó la elaboración de un libro donde se mostrasen fotográficamente las especies botánicas autóctonas. No solo se afianzó mi convicción de querer dedicarme a esta actividad, sino que comencé a ser consciente de que mi trabajo fotográfico gustaba a los demás.
De no haberse dedicado a la fotografía, qué actividad cree que serviría para desarrollar la búsqueda que realiza a nivel artístico.
La fotografía visualmente es impactante, encontré en ella la mejor forma de contar las historias. Tener en mis manos la posibilidad de capturar e inmortalizar un instante, parar el tiempo, mostrar lo que observo a través del visor de mi cámara… verdaderamente ha determinado mi vida, es mi forma de estar en el mundo.
De no haber sido fotógrafo me hubiese gustado ser pianista, la música ocupa en mis consideraciones y sentimientos uno de los lugares de máxima categoría artística. Pero fuese esta u otra la elección, lo cierto es que de no haberme dedicado a la fotografía sería con toda probabilidad una persona completamente diferente a la que soy hoy día.
Su trabajo supone una verdadera investigación en el campo del retrato, una temática que conoce perfectamente. ¿Qué podría apuntar sobre este género fotográfico?
El retrato fotográfico es resultado de un compendio de factores que hay que conjugar en la búsqueda no solo de la autenticidad del aspecto exterior del retratado, sino de los valores psicológicos, estéticos… todos ellos hay que desnudarlos ante la cámara y exponerlos de manera perpetua ante la mirada de los espectadores. Entran en juego la puesta en escena, la necesidad de actuación, la complicidad con el personaje a retratar, la fusión en su paisaje interior… no es únicamente plasmar la realidad sino sus diferentes aspectos, contemplar su complejidad, siendo peligrosamente sutiles los matices en donde radica la diferencia entre un buen retrato y una mera reproducción del modelo. La elección es el principio organizador para quien determina la imagen. En este mundo he basado gran parte de mi trabajo, he dedicado muchas horas de investigación buscando definir un estilo propio. Es todo en mi labor, no concibo la fotografía sin el retrato, no sería fotógrafo sin él.
Estoy seguro de que muchos fotógrafos le sirvieron de inspiración, pero todos tenemos a alguien que cambió y guió nuestra forma de ver la fotografía, quiénes son para usted esos referentes.
Son muchos los fotógrafos decisivos en mi trayectoria profesional; en mis inicios no puedo dejar de mencionar a Ansel Adams, a quien tuve la suerte de tener como maestro enla New England School of Photography de Boston. Un privilegio aprender con él que una fotografía no era un accidente sino un concepto, que la intuición es una capacidad que proviene de mucha práctica y que cada una de estas experiencias es una forma de exploración; él cambió mi manera de ver la fotografía. Tampoco puedo olvidar a Yousuf Karsh, le visité en su estudio de Canadá, le escuché defender que el corazón y la mente eran el verdadero objetivo de la cámara, que había que mirar y pensar antes de abrir el obturador. En aquella época aprendí de insignes fotógrafos, conocí a grandes maestros. Hoy día, en mis clases de Fotografía en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada, introduzco al alumnado en el campo del retrato como lo hicieron conmigo en aquella magnífica escuela, observando la primigenia creatividad del retrato psicológico de Nadar… y a partir de él innumerables ejemplos, siendo imposible continuar haciendo justicia a mis referentes sin citar a August Sander, Arnold Newman, Richad Avedon, Robert Mapplerthorpe…
Y en sus retratos ¿qué busca transmitir? Normalmente la fotografía nos muestra partes de realidad y de irrealidad ¿en qué medida podemos encontrar estos dos componentes en los retratos de Francisco Fernández?
Busco resaltar las virtudes que existen dentro del retratado, esas que se transmiten a través del alma y no solo por medio del aspecto exterior. Analizo su forma de mirar e intento llegar a conocer su interior, quiero que se muestre delante de la cámara tal como es. Fijar no una imagen, sino aquello que no se observa superficialmente, desvelar los misterios que definan su esencia, pero en su fórmula más sencilla y natural. No busco discursos oscuros, me atrae lo más cercano, lo familiar, la pureza, la perfecta armonía entre la realidad y la irrealidad. Como en una partitura, cada músico interpreta la cadencia de forma diferente.
En el trabajo de introspección del fotógrafo y en las relaciones que se establecen con el modelo, podemos asistir a lo que Minor White calificó como un acto místico. Los retratos de Francisco Fernández son la tangible presencia de una relación humana respetuosa, afectuosa y duradera, personas con fuerte carisma que a su vez representan valores universales y temporales en los que el espectador se puede reconocer como en un espejo ¿qué se puede encontrar de Francisco Fernández en los retratos que realiza, definen o muestran algo de su personalidad?
Retrato en las personas algo de mí, en el sentido de que quiero plasmarlas como yo las veo. Claro que hay un punto de vista subjetivo; mi estado de ánimo queda reflejado cuando hago la foto, además de lo que pienso de ellas. Yo decido tanto la primera fase en la composición, el momento de la toma, como la segunda, la elección de la fotografía final.
En mis retratos preparo el espacio pero sin rozar el artificio, llevo al personaje a mi terreno, intento ponerlo de una manera determinada, que no se comporte ante la cámara sino que se muestre, desde el primer momento controlo la pose, la mirada… me interesa la intensidad del intercambio en las coordenadas fotógrafo-retratado-espectador, porque el primero tiene la gran responsabilidad de inmortalizar al modelo con justicia para que no traspase el fino umbral de sujeto a objeto. Sí, hay mucho de mí en todos mis retratos, cuando los hago no sé si se trata de un estado místico pero sí se produce una auténtica catarsis.
Asistiendo a sus clases se aprende la importancia otorgada a la composición, a la forma de mirar y distribuir los elementos, a la organización de la fotografía antes de tomarla… y esto que para la mayoría de los fotógrafos es una preocupación constante, en usted surge intuitivamente, de la única manera en que puede brotar cuando el conocimiento forma parte de la esencia y del instinto de quien sabe contemplar.Nos puede hablar de este matiz ¿cómo se conjuga la composición en sus retratos?
Trato de poner las cosas en orden en cada uno de mis retratos. Cuando dispongo al personaje en un fondo neutro intento resaltar unos valores, del mismo modo que cuando se encuentra rodeado de algunos elementos hago un estudio del equilibrio en lacomposición, buscando la comunión con sus propias cualidades.
Cualquier cosa que veo me sirve para armonizar la fotografía: la vestimenta, un simple botón en un abrigo, un detalle arquitectónico, floral… indago en la manera de utilizarlos para organizar la escena, realizo un análisis visual antes y después de hacer la fotografía.
Es importante que todos estos aspectos envuelvan al retratado, sin recortar y sin que invadan el acto fotográfico; la misión es entenderlos, controlarlos, armonizarlos… Únicamente deseo queaparezca lo que veo a través del visor; soy consciente de lo que sale en mis retratos, no dejo nada al azar.
Y a través de ese visor usted centra el punto de enfoque en la mirada, casi convirtiéndose en la protagonista de la escena. En ocasiones se dirige al objetivo siendo consciente de que va a ser inmortalizada, en otros momentos parece ignorarlo posibilitando con esta actitud variadas lecturas de la imagen. La ética de la mirada fusiona a Francisco Fernández con el retratado y con el futuro diálogo con el espectador ¿qué busca en la mirada del personaje? ¿Qué quiere que el espectador descubra en ella?
Es cierto que en casi todos mis retratos provoco que el personaje me mire, necesito captar cómo es y qué me dice a través de su mirada, y es esa mirada la que enfoco. Son pocos los retratos de perfil que existen en mi archivo fotográfico y cuando elijo esa pose es porque la información máxima la ofrece de esta forma, pero normalmente no suelo utilizar este recurso.
La mirada lo es todo, sin ella el retrato no existe. Yo la busco, preparo a la persona para ese momento y para que esa mirada no sea excesivamente duradera; tengo que estar muy alerta para que cuando ese instante aparezca poder captarla con mi cámara.
Intento que el espectador reciba algo de lo que descubrí al realizar la toma, que el retrato le llegue a contar lo que quise decir, que al ver la fotografía forme parte de la escena y de la complicidad que sentí cuando la realicé. En definitiva persigo el conocimiento del retratado en base a sus aportaciones, a mis transmisiones y a las interpretaciones del espectador a través de los elementos que pongo a su disposición.
Usted piensa y observa en escala de grises; la fotografía de Francisco Fernández no se imagina si no es en blanco y negro. Recordar a su maestro Ansel Adams con el estudio de zonas o a Cartier-Bresson cuando manifestaba que el blanco y negro es el poder de la evocación, es casi inevitable. ¿Por qué decide fotografiar en blanco y negro, es quizás más poético o quiere otorgarle a la imagen un carácter más intemporal?
Yo no pienso en color sino en blanco y negro, no concibo la fotografía de otra manera; no en vano, como bien ha apuntado, aprendí con Ansel Adams y como él soy un enamorado del blanco y negro.
Sus leyes obedecen a potenciales creativos, es más que un conocimiento puramente teórico el que consigue impartir un poder visual sumamente intenso. En la secuencia ininterrumpida de escala de grises encuentro la sutil gradación desde el blanco al negro, y convierto el retrato fotográfico en una expresión poderosa, fijándola para siempre, adentrándola en el reino de lo intemporal.
Hoy día con la fotografía digital, fotografío en color; pero realizo un estudio de los coloresque poseen todos los elementos que conjugan el retrato y en mi mente aparecen los personajes en blanco y negro.
Se observan fuertes contrastes en sus fotografías, y me atrevería a decir que existe una insistente búsqueda del negro máximo que llega a fundirse con otros elementos de la composición y enriquece las diferentes variedades tonales ¿por qué esos contrastes?
La fotografía es una mancha, por eso intento equilibrar los blancos, negros y grises para que tengan el mismo volumen en mis retratos. Es importante analizar el color de la vestimenta, el entorno, sus interacciones… todo influye en los aspectos tonales de la fotografía, son muy fuertes las relaciones compositivas y cada elemento del discurso lucha por destacar o pasar desapercibido. Reflexión, análisis y selección; no se trata solo de percibir sino de elegir qué y cómo se quiere describir. Y en ese proceso los contrastes enfatizan o suavizan la determinación de la imagen; aunque es cierto que los negros en mis retratos me gustan muy potentes.
Hablando de los escenarios y de la luz que escoge para sus retratos, en la Historia de la Fotografía autores como Richard Avedon, Robert Mapplethorpe, Yousuf Karsh… usaron el estudio o fondos neutros para disponer a la mayoría de sus modelos. Muchos componentes definen la obra de Francisco Fernández, pero hay una constante: no hay retratos en estudio. Los escenarios que utiliza en la mayoría de ellos son espacios exteriores, fondos arquitectónicos, florales… y en otras ocasiones espacios interiores. Es usted capaz de aislar al modelo o de integrarlo y confundirlo, pero casi siempre aprovechando la luz natural. Qué puede decir sobre la luz en su fotografía, qué le otorga a Francisco Fernández la luz natural que no posee para él la luz artificial, y cuál es el estudio que hace de ella en su búsqueda del momento más idóneo para realizar sus retratos.
No me gusta realizar mis fotos en el estudio, pienso que intimida más al personaje, que resta riqueza y sutileza al diálogo. Indagar, aprehender en su mirada resulta más apasionante en el espacio exterior; ese es mi estudio. Poder pasear con el personaje en el seguimiento del entorno y la luz perfecta logra que se relaje y llegue con más facilidad al estado de ánimo que quiero reflejar en misretratos; otorga la libertad necesaria para el acto de fotografiar. Concentrarse, abstraerse, ver, mirar, pensar, configurar el espacio y el tiempo de accionar el disparador son acciones que desarrollo preferentemente en el exterior, la ciudad es un estudio natural, podría decir que Granada es mi estudio natural.
Fotografiar en el exterior me obliga a no manipular la iluminación; es el aspecto más difícil de controlar, pero a su vez me da una calidad que no puedo encontrar en la luz artificial. Suelo realizar mis sesiones en torno a las diez de la mañana o por la tarde antes de ponerse el Sol; persigo factores atmosféricos que cuando se unen me otorgan la exposición perfecta para realizar mi trabajo. Y esa idoneidad se complementa con el compendio de luminosidad que posee cada uno de los componentes elegidos. A cada lugar le pertenece su propia luz, en mi extraordinario estudio natural puedo observar matices distintos. El Carmen de la Fundación Rodríguez-Acosta, la Alhambra, el Palacio de Carlos V… con las mismas condiciones la reflejan de forma completamente diferente. Y si decido utilizar los espacios interiores, juego con los rayos que entran a través de ventanas, huecos… con el fin de no utilizar la artificial. La luz natural lo es todo en mi concepto del retrato fotográfico.
Y en esos retratos Francisco Fernández presenta al individuo ajeno a cualquier referente que muestre vinculación con su actividad profesional. Las observaciones realizadas a lo largo de años de trabajo por artistas de la talla de AugustSander, Arnold Newman…retratando actores, pintores, poetas, músicos o escultores, conducían a diseñar otra esfera que agregaba profundidad a su representación. Sin embargo, en la mayor parte de su obra no emplea esos recursos específicos de la profesión o de la labor que desempeña el modelo. ¿A qué responde desposeerlos de cualquier referencia? ¿Cree que todo este contexto puede distorsionar la percepción esencial sobre la persona que posa frente a usted?
En primer lugar decir que me hubiera gustado ser el ayudante de August Sander. Sigo aprendiendo cada vez que observo la fuerza que este fotógrafo imprimió a sus retratos.
Desposeer al modelo de cualquier referencia responde a mi intención de sacar a la persona y no al personaje. Es lo relevante y consistente, el detalle significante es el modelo y es quien define la fotografía. El acto de elegir y de eliminar es primordial para concentrar en el retratado el aura que pretendo. Todos se merecen el mismo tratamiento, por encima de todo son personas, aspiro a mostrar el lado humano de cada uno de ellos y no el profesional. Si incorporas cualquier fundamento que haga referencia a su actividad, condicionas al espectador y lo llevas a un análisis diferente. Sin el atrezzo de su ocupación, afloran los estratos, los secretos del silencio; quizás sean estas connotaciones más interesantes aunque conlleven más tiempo de meditación y de introspección.
Es evidente que sus retratos nos cuentan mucho sobre la persona que tiene al otro lado de la cámara. En casi todos ellos el modelo nos ofrece un gesto amable, sereno… podríamos decir que se siente cómodo con el hecho de ser desnudado por el objetivo de Francisco Fernández. ¿Busca intencionadamente este estado en ellos?
Sí es cierto; intento conseguir ese estado de relajación, amabilidad y complicidad en las personas que fotografío, de este modo se trabaja más a gusto y por qué no decirlo, si están relajadas y con gesto amable, el fotógrafo también se siente mejor. En mis retratos el modelo ha accedido a ser fotografiado, no se trata de una instantánea, puedo permitirme estudiar y conducir su desnudez ante la cámara sin que ninguno de los dos esté incómodo. A veces cuesta conseguir este gesto y me limito a sacarle como quiere salir, si se quiere ver así… qué se le va a hacer.
Se trata de captar su identidad;elige cómo le gustaría ser valorado, filtro esa disposición, y el espectador crea una imagen que a veces es independiente debido a la naturaleza autónoma de la imagen final.
En una lectura del lenguaje corporal presente en sus retratos, las manos compiten con los ojos, muestran otra de las distintas miradas que fluyen en su obra. Su mensaje adquiere en Francisco Fernández un protagonismo insospechado, subyace en la composición de la imagen, deviene en condicionante del discurso resultante. ¿En qué sentido utiliza el lenguaje corporal en sus retratos?
El lenguaje corporal es muy importante en este género fotográfico, el cuerpo expresa sentimientos, estados de ánimo… La gran mayoría de las personas muestran sinceridad ante la cámara, pero no deja de ser una situación incómoda en la que casi se esquiva el objetivo y de la que se desea escapar con la más pronta rapidez. Se acepta el reto de ser inmortalizado con el deseo de reconocerse en la imagen resultante. El retrato supone una inquietante aproximación a los misterios de quien se expone ante la cámara y este acercamiento debe ser silencioso, profundo y cómplice. El lenguaje corporal va a delatar estas energías que emanan precisando orden y armonía, equilibrio y composición. Al igual que la mirada, las manos dicen mucho, evidencian o esconden, ayudan o traicionan; procuro controlar su posición y su aspecto, una pequeña variación y crearán una nueva realidad. Los gestos de una mano son infinitamente variados y cualquier registro forzado restará coherencia y claridad a lo que asombrosamente pueden revelar; la personalidad y la fortaleza del modelo se afianzan en el gesto consagrado de sus manos.
Artistas plásticos, poetas, escritores, músicos, políticos, y sobre todo amigos…. el mundo de la cultura y el ámbito personal pasan delante de la cámara de Francisco Fernández para ser expuestos con maestría en susretratos. ¿A quién le gustaría poder captar con su objetivo hoy día?
Fotografiar a alguien es para mí conocerlo para toda la vida, es maravillosoretratar a los amigos; para mí la amistad es sagrada. Cuando conoces a tantas personas que ocupan un lugar destacado en la cultura, te otorga seguridad como fotógrafo, pero sobre todo te reconforta mostrar a quienes admiras y quieres. Adoro fotografiar a la gente de mi entorno, a los que son realmente importantes en mi día a día.
Los retratos me permiten acercarme aún más al ser humano, a su esencia… me gusta. Comunica muchísimo con su mirada, con su pose… y yo tengo la impresión de que con mi trabajo puedo retener algo de la vida. Creo que he retratado a quien quería, en este sentido suelo dejarme llevar y fotografiar a quien me encuentro. En mi vida cotidiana observo, y si veo a alguien que quiero tener en mi archivo visual, quedo con él y lo inmortalizo con mi cámara; cualquier ser humano tiene mucho que contar, con respeto y naturalidad escucho su historia para poder transmitirla con profundidad, pureza y sencillez.
En este momento creo que no hay nadie a quien me gustaría fotografiar, las personas somos fotografiadas constantemente… pero si alguien quiere un retrato mío, lo tiene.
Qué siente Francisco Fernández cuando expone el resultado al público ¿piensa que es el último estadio del proyecto fotográfico, el momento de dar por finalizado un trabajo? Para usted, qué importancia tiene la reacción del espectador, las críticas y la impresión de los modelos al verse capturados e inmortalizados.
El retrato no existe hasta el momento de su presentación en sociedad; cuando el trabajo es expuesto, el fotógrafo se desnuda, el modelo es desnudado y la obra ya no es solo tuya. La reacción normalmente suele ser buena, las fotosson mostradas en público y ante el público, todos las miran. Pero a partir de esta primera sensación de reconocimiento, la decodificación de las claves creadoras del retrato puede ser completamente opuesta a su génesis; el espectador se apropiará de la fruición de la obra atendiendo a su educación estética, a sus categorías personales, a su experiencia artística… lo que podía ser el fin de un proyecto se transforma en el inicio del crecimiento de la obra fotográfica que se convierte en un organismo viviente, que descubre progresivamente su nueva historia, sus futuros goces. Es un momento apasionante.
Ha vivido diferentes etapas en la evolución técnica de la fotografía ¿qué piensa de la actual revolución digital? ¿Qué opinión tiene Francisco Fernández sobre la edición digital y qué diferencias encuentra con el trabajo en el laboratorio analógico? Atendiendo a lo expuesto anteriormente, qué opina sobre el uso del retoque fotográfico digital.
Se puede afirmar que hoy día la fotografía digital es tan buena como lo era la analógica, hemos cambiado los medios, las herramientas, el laboratorio y los costes de dedicarnos a ser fotógrafos, además de reducir el tiempo y el trabajo en los procesos, pero no debería llevarnos a reemplazar la manera de hacer, y es aquí donde debemos tener muy claro lo que queremos, de ese matiz dependerá el resultado final de nuestras imágenes.
Suelo aconsejar al alumnado que se inicie con la fotografía analógica y que intente no utilizar ningún medio digital, de este modo aprenderá a preparar con antelación los proyectos fotográficos que desee llevar a cabo. Esto les llevará a comprender la importancia de prever las necesidades en cada trabajo, tomar decisiones respecto al material que necesitará, el tipo y sensibilidad de la película, un control más exhaustivo de la luz, y sobre todo a mirar y a componer, a pensar que lo observado a través del visor es lo que queremos captar con nuestro objetivo. De este modo llegaremos a controlar mejor el resultado final.
Sobre la revolución digital en el campo de la fotografía, puedo decir que el mayor cambio es el producido al sustituir los procesos de reproducción y edición analógicos por el digital; el ordenador, este es hoy día el laboratorio del fotógrafo y es este aspecto el que puede jugar en ocasiones en contra del profesional, saber de las posibilidades posteriores en la edición de nuestrasfotografías nos puede llevar a relajarnos en el momento de hacerlas. No puedo soportar el exceso de retoque en las imágenes.
La fotografía digital ha llegado para quedarse, hay que prepararse bien en esta nueva etapa, hay que renovarse y conocer las ventajas que nos ofrece esta revolución.
Lleva muchos años realizando su labor docente en la Universidad de Granada como profesor de fotografía, y gran parte de su alumnado ha continuado su vida profesional ligada a esta disciplina artística; qué consejos le da cuando quieren dedicarse a ella.
Aprender a mirar, ver el trabajo que hicieron otros antes que tú. Es importante creer en lo que haces, sentir lo que estás realizando, teniendo en cuenta que es muy complejo todo este mundo, pero esa complejidad propicia a la vez su magia. No es la cámara la que captura e inmortaliza el espacio y el tiempo, es la persona que está detrás del objetivo quien posee una mirada instruida y limpia, la que con su trabajo regala placeres sensoriales e intelectuales al público de Arte.
Hoy resulta difícil dedicarse a la fotografía, los retos en estos momentos son distintos. Se debe tener muy claro qué aportación se va a ofrecer, se trata de un proceso de investigación largo y silencioso, reflexivo, comprometido. Y en una actitud de total transparencia descubrir que ser fotógrafo es una forma de ver la vida, de buscar otras realidades, otras maneras de contemplarlas… y que es la imagen convertida en obra de arte la que gozará de la eternidad, condecorando a su artífice con el don de la creatividad.
Desde los primeros autorretratos fotográficos conocidos de Robert Cornelius en 1839 y de Hippolyte Bayard en 1840, capturar la propia imagen ha servido a muchos autores para abordar una infinidad de temáticas dentro de la elección y relación constantes entre el binomio ventana y espejo. Siempre me he preguntado por qué no existe ningún autorretrato de Francisco Fernández.
Soy una persona algo tímida, quizás no he sentido aún la necesidad de contemplarme fotográficamente; de todos modos creo que hay algo de autorretrato en todos mis retratos.
El mejor autorretrato de Francisco Fernández es el que día a día nos proporciona con su obra y con su actividad. Platón consideraba que las pupilas eran nítidos y precisos espejos; las de Francisco Fernández poseen una indiscutible profundidad, y sus fotografías están cargadas de amistad, atesorando una habilidad mágica, fascinante. Son sus creaciones una aportación inmune al tiempo, junto a la capacidad para descubrir la belleza que busca, a través del conocimiento del personaje y del sentimiento, la verdad en lo cercano, probablemente la más difícil de captar.
Sus retratos están concebidos como un instante de consagración suprema, ricos en lenguaje visual, consecuencia del enfoque de la vida y de la creatividad del artista. Francisco Fernández fotografía a sus modelos en un espacio simbólico que arropa y aumenta el potencial expresivo de las imágenes. Quedan patentes en sus retratos la motivación de lo individual y cómo el fotógrafo percibe e interpreta la personalidad, captando a la perfección mediante estrategias compositivas y enunciativas lo que él denomina su “paisaje interior”. Presidido por el reinado de una iluminación clásica y natural, por el empleo de un punto de vista bajo que engrandece al retratado o de una visión a igual altura, Francisco Fernández conversa con la mirada de innumerables personalidades de la cultura contemporánea.
Imposible trasladar justa e íntegramente a quienes ha fijado en su obra y en su corazón. Como decía Richard Avedon, sus imágenes hablan más de sí mismo que de sus personajes. En este sentido, se muestran las miradas de Guillermo González, Emilio Lledó, Earl E. Rossenthal, Jordi Teixidor, Francisco Ayala, Antonio Carvajal, Rafael Moneo, Miguel Rodríguez-Acosta, Luis Gordillo, José Hierro, José Guerrero, Eduardo Chillida, Guillermo Pérez Villalta, Soledad Lorenzo… reafirmando que la fuerza de su fotografíano reside únicamente en su absoluta perfección técnica, sino en su equilibrio comunicativo.
De la misma manera resulta difícil encontrar cómo agradecerle la donación de su legado a la Universidad de Granada y al Centro de Arte Contemporáneo Francisco Fernández en Torreblascopedro (Jaén), espacios indefectiblemente ligados al artista. La concepción, configuración y enseñanza de la Fotografía en la Facultad de Bellas Artes Alonso Cano es deudora en sus orígenes y resultante en la actualidad de su dedicación esmerada. La actividad organizadora y el trabajo docente de Francisco Fernández conllevan a respirar en la Universidad de Granada la magia de la fotografía, la implacable visión de lo esencial y definitorio, el acercamiento a la fruición artística, a los grandes maestros… una entrega generosa y valiosa. Y es el contenido de estas donaciones el que deviene imprescindible conocer y reconocer en su concepción, goce y valoración para los beneficiarios más directos y para el porvenir creativo.


